30 de septiembre de 2022

El presidente Xi Jinping durante un discurso en Hong Kong

El presidente Xi Jinping durante un discurso en Hong KongSelim Chtayti / AFP

China construye un «Sur Global» como alternativa al Occidente libre

China encabeza la construcción de un nuevo «Eje» de países contra lo que se considera «el mundo libre»

El Ejército Popular de Liberación prolonga sus maniobras «en condiciones reales de guerra» más allá del límite previsto, en los alrededores de Taiwán.
No hay desescalada: se suponía que las maniobras de China terminarían el domingo, pero, sin embargo, continúan aumentando la presión sobre la isla de Formosa.
La jornada del lunes se ha centrado en «operaciones conjuntas contra submarinos y ataques en el mar». Cuando se iniciaron las maniobras el martes pasado, los líderes chinos habían prometido cesar el domingo, pero, hasta el momento no se ha anunciado ningún final formal.
Más bien, algunos comentaristas chinos han sugerido que los ejercicios militares se llevarán a cabo con regularidad y podrían convertirse en una nueva rutina.

Advertencia necesaria

El portavoz del Ministerio de Defensa chino, Wu Qian, califica estas maniobras como una «advertencia necesaria» para Estados Unidos y Taiwán. Se trata de una respuesta «adecuada a sus provocaciones».
China afirma que las tensiones fueron creadas «deliberadamente» por Estados Unidos, con la presencia de Nancy Pelosi, en Taipéi.
Los analistas temen que el Ejército Popular de Liberación practique no sólo un bloqueo marítimo y aéreo, sino que todo esto termine en una conquista de la isla.
El Ejército de Taiwán informa de que los aviones chinos realizaron 66 salidas solo el domingo. 22 aviones cruzaron la línea central no oficial, pero más respetada del Estrecho de Taiwán.
14 buques de guerra también participan en maniobras del estrecho. Un dron chino fue visto nuevamente el domingo por la noche sobre la isla taiwanesa de Kinmen (Quemoy), en alta mar, que se encuentra a solo dos kilómetros de la costa china.
También se planean más maniobras para esta semana en otras áreas marítimas en el norte en el golfo de Bohai, en el mar Amarillo y en el sur, en el mar de China Meridional, frente a la costa de la provincia de Guangdong.
A los analistas chinos les preocupa cómo Estados Unidos ha aprovechado el conflicto de Ucrania y las tensiones en Taiwán, en el orden mundial, para expandir su hegemonía con nuevas coaliciones económicas, tecnológicas y de seguridad para contener a China y Rusia.
Desde su perspectiva, culpan a Washington de estar agitando intencionadamente la tensión en la región al vincular directamente el asalto a Ucrania con la seguridad de Taiwán. Y les preocupa que el creciente apoyo internacional a Taiwán perturbe sus planes de «reunificación».
Esta percepción de injerencia occidental es la que define y justifica la política exterior de China, caracterizada por una asertividad cada vez más belicosa. Pekín explora nuevas vías de poder global y busca superar los puntos de estrangulamiento controlados por Occidente. La reorientación de Pekín desde la invasión de Ucrania es evidente en varios ámbitos y, cada vez, más inmoderada.
Al más alto nivel, China ya presentó, a principios de este año, un nuevo marco estratégico, bautizado como «Iniciativa de Seguridad Global» (ISG) y que se suma a la anterior «Iniciativa de Desarrollo Global» (IDG), ambos señalados como «bienes públicos» internacionales. Aunque todavía está en sus primeras fases, la ISG pretende competir con Estados Unidos sobre cómo debería ser el orden internacional tras la guerra de Ucrania.

Alianzas contra China

El relato de Pekín cuenta que China es una fuerza de estabilidad y previsibilidad frente a unos Estados Unidos cada vez más volátiles e imprevisibles.
Según Pekín, Estados Unidos ha tensado su músculo a las puertas de China, ha motivado alianzas contra China (como AUKUS o ASEAN) pero, sobre todo, ha inflamado la cuestión de Taiwán, incluida la visita de Pelosi, para «poner a prueba la línea roja de China».
Además, no podemos olvidar la vinculación de seguridad entre Rusia y China, manifestada en la declaración conjunta emitida por Xi Jinping y Vladimir Putin, el pasado 4 de febrero, que se resume en una «unidad inquebrantable» frente a la influencia desestabilizadora de Washington en Europa y Asia.
China también está reforzando las asociaciones con países que no pertenecen al campo occidental, es decir, la mayor parte del denominado «Sur Global». China lleva mucho tiempo tratando de profundizar en estas amistades en su política exterior.
El más importante de estos esfuerzos es el intento de fortalecer y ampliar el BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica– como un bloque alternativo del mundo en desarrollo que compita con la Cuadrilateral, el G-7 y el G-20.
En mayo, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, celebró una reunión de ministros de Asuntos Exteriores de los países del BRICS en la que participaron otros nueve invitados, entre ellos de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.
Xi también invitó a un número sin precedentes de 13 líderes mundiales a participar en un diálogo de alto nivel sobre el desarrollo global con los países del BRICS.
Argentina e Irán solicitaron oficialmente su ingreso en el grupo BRICS, y Egipto, Arabia Saudí y Turquía también expresaron su interés en hacerlo.
Además de la expansión de los BRICS, Pekín está tratando de transformar la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), que incluye a Rusia, en un poderoso bloque con lazos políticos, económicos y militares.
En julio, Moscú llegó a sugerir que los miembros del grupo «crearan una nueva moneda de reserva mundial para servir mejor a sus intereses económicos».
Por primera vez en muchos años, posiblemente desde el tiempo de entreguerras se alza una alternativa, un nuevo «Eje», contra lo que habíamos considerado «el mundo libre».
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