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27 de febrero de 2024

Captura de la RAI del discurso de Rosario Costa en el funeral por su marido, el policía Vito Schifani

Captura de la RAI del discurso de Rosario Costa en el funeral por su marido, el policía Vito SchifaniRAI

Cuando la viuda de un escolta de Falcone rechazó en su funeral el pésame del presidente del Senado italiano

El rechazo a Marlaska en el funeral de uno de los guardias civiles asesinados en Barbate, trae al recuerdo el clamor contra las autoridades italianas en el funeral del juez Falcone. «Sólo quiero oír una palabra: lo vengaremos»

La trágica muerte de los guardias civiles David Pérez Carracedo y Miguel Ángel González Gómez, arrollados por una narcolancha en Barbate, ha puesto en entredicho la capacidad del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, de contener el narcotráfico en el estrecho y de dotar a la Guardia Civil de los medios necesarios para combatirlo.
La viuda de David Pérez Carracedo se negó el domingo, en la capilla ardiente instalada en la Comandancia de la Guardia Civil en Pamplona, a que Marlaska colocara la condecoración en el féretro de su marido.
Los testigos señalaron que cuando Marlaska recogió la medalla para ponerla en el féretro, la viuda se adelantó e impidió al ministro realizar el acto. Su marido «no hubiera querido esto».
Finalmente, fue un agente de la Guardia Civil el encargado de colocar la medalla sobre el féretro del agente fallecido.
El episodio recuerda mucho a lo sucedido en Italia el 25 de mayo de 1992 durante el funeral del juez antimafia Giovanni Falcone, su esposa Francesca Morvillo y sus escoltas, los policías Vito Schifani, Rocco Dicillo y Antonio Montinaro.
Los cuatro murieron el 23 de mayo de 1992 en un atentado terrorista de la Cosa Nostra siciliana ordenado por el capo dei capi de Corleone, Salvatore Riina.
El juez, su mujer y sus escoltas se dirigían en dos automóviles por la autopista A29 en dirección al aeropuerto de Palermo. Una explosión de 500 kilos de TNT destrozó los vehículos y los lanzó a más de diez metros de distancia fuera de la vía.
El atentado supuso un punto de inflexión en la lucha contra la Cosa Nostra. Poco después también moriría en otro atentado el juez antimafia Paolo Borsellino, el 19 de julio de 1992.
Ambos jueces, Falcone y Borsellino, habían logrado desmantelar en gran medida las redes criminales de Cosa Nostra. Tras ellos, la mafia en Sicilia inició un declive hasta su práctica total desaparición.
Ambos dan nombre ahora al aeropuerto de Palermo. El último cabecilla de Cosa Nostra que participó en la organización de los atentados, Matteo Messina Denaro, fue capturado el 16 de enero de 2023 y falleció en la cárcel el 25 de septiembre siguiente.
En el funeral de Falcone, su esposa y sus escoltas, la viuda del policía Vito Schifani –que dejaba huérfano a un hijo de cuatro años–, Rosario Costa, condecorado con la Medalla de Oro al Valor Civil, paró los pies al presidente del Senado, Giovanni Spadolini.
Spadolini se había presentado en el funeral y, con afán de protagonismo, se acercó a la viuda del policía. Rosario Costa se dirigió a él y, ante todos los presentes, le dijo: «Presidente, yo solo quiero escuchar una única palabra: lo vengaremos. Si no me la puede decir, presidente, no quiero escuchar nada, ni siquiera una palabra».
En el funeral, Rosario Costa protagonizó también otro momento que ha pasado a la historia de la lucha contra la mafia.
Rosario empezó: «Yo, Rosario Costa, viuda del agente Vito Schifani –Vito mío–, bautizada en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en nombre de todos aquellos que han dado la vida por el Estado…, el Estado…».
Y es que fue, en el momento de pronunciar la palabra «Estado», ese Estado que había fallado trágicamente, cuando Rosario Costa se rompió y decidió no continuar el discurso. Entonces ofreció el suyo propio ante las autoridades allí presentes: «Pido, por encima de todo, que se haga justicia. ¡Ahora!».
«Dirigiéndome a los hombres de la mafia, porque están aquí dentro», aseguró ante el estupor de los presentes, «aunque ciertamente no son cristianos, sabed que también para vosotros hay la posibilidad del perdón: yo os perdono, pero me lo tenéis que pedir de rodillas, si tenéis el valor de cambiar…, pero ellos no cambian, no cambian», proclamó ante un país que sabía que en la lucha hasta el final contra la mafia no había vuelta atrás.
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