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24 de junio de 2024

Rescatistas trabajando dentro de la sala Crocus City Hall, a las afueras de Moscú

Rescatistas trabajando dentro de la sala Crocus City Hall, a las afueras de MoscúAFP

Rusia intenta atribuir a Ucrania el atentado en Moscú para alimentar su discurso de guerra

Kiev asegura que se trata de «una provocación del Kremlin con el propósito de fomentar la histeria antiucraniana en la sociedad rusa»

Rusia ha vuelto a jugar la carta de culpabilizar de todos sus males a Ucrania. Este viernes un grupo de hombres armados, vestidos de camuflaje, irrumpió en la sala de conciertos del Crocus City Hall, a las afueras de Moscú, abriendo fuego de manera indiscriminada contra los asistentes a un concierto del grupo Picnic. El balance de víctimas mortales asciende hasta los 137 muertos, más centenares de heridos. El atentado fue reivindicado, horas después, por una rama del Estado Islámico. El Kremlin, sin embargo, insiste en encontrar a toda costa un rastro ucraniano en el atentado que siga alimentado su discurso de guerra contra el país vecino.

La propaganda del Kremlin ha sido la primera en hablar de una «posible conexión» entre los terroristas y Ucrania. En un primer momento, apuntaron a que los agresores podían haber sido miembros de los grupos de combatientes rusos que luchan con Kiev. Estos, sin embargo, han negado cualquier implicación en el atentado. El expresidente ruso, Dmiti Medvédev, no perdió su oportunidad y sembró también la sospecha. «Si se determina que se trata de terroristas del régimen de Kiev, todos ellos deben ser encontrados y destruidos sin piedad como terroristas. Incluyendo los dirigentes del Estado que cometió semejante atrocidad», escribió en su cuenta de Telegram el número dos del Consejo de Seguridad ruso.

Otro alto cargo del Kremlin, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, María Zajárova, ha comprado la narrativa del Kremlin y afirmó que los terroristas supuestamente planeaban esconderse en Ucrania. Pero el máximo ejemplo de que Rusia busca, a toda costa, algún punto de conexión, aunque sea inexistente, entre Kiev y el atentado terrorista fue el discurso del presidente ruso, Vladimir Putin. Más de 18 horas después, Putin, que había mantenido un llamativo silencio, se dirigió a los rusos para expresar su dolor por las víctimas del ataque y, por supuesto, incidir en la teoría ucraniana. «Los cuatro autores directos del ataque terrorista, todos los que dispararon y mataron a personas, fueron encontrados y detenidos. Intentaron esconderse y se dirigieron hacia Ucrania, donde, según datos preliminares, les habían preparado una ventana en el lado ucraniano para cruzar la frontera estatal», señaló.

Ucrania ha negado rotundamente las acusaciones del Kremlin. «No cabe la menor duda de que los sucesos en las afueras de Moscú contribuirán a un fuerte aumento de la propaganda militar, a la aceleración de la militarización, a una mayor movilización y, en definitiva, a la escalada de la guerra», advirtió ya en la noche del viernes el asesor de la Oficina de la Presidencia ucraniana, Mijailo Podoliak, en su cuenta de X. En esta misma línea se pronunció Andrí Yusov, de la dirección de la Inteligencia Militar Ucraniana (GUR), que recordó que «la frontera está minada, se vigila con todos los medios incluida la observación aérea de ambos lados», por lo que, en definitiva, es prácticamente imposible penetrarla.

Kiev asegura que esta versión, presentada sin prueba alguna, es «una provocación del Kremlin con el propósito de fomentar la histeria antiucraniana en la sociedad rusa, fortalecer la movilización de los ciudadanos rusos para que se sumen a la agresión criminal contra nuestro estado y desacreditar a Ucrania ante la comunidad internacional». Al mismo tiempo que Rusia ordenaba sus medios leales a encontrar cualquier rastro ucraniano con el atentado de Moscú, el Estado Islámico publicaba una imagen de los terroristas implicados en el atentado. Según los propios agresores, estos emplearon ametralladoras, una pistola, bombas incendiarias, y cuchillos.

El servicio secreto ruso (FSB) informó ayer de la detención de 11 personas, cuatro de ellos habrían participado directamente en el tiroteo. A su vez, varios medios rusos empezaron a publicar las identidades y fotos de los agresores. Al menos cinco de ellos serían ciudadanos de Tayikistán y habrían huido en un Renault, interceptado en la región de Briansk, cerca de la frontera de Bielorrusia. Una versión de los hechos que choca frontalmente con la que intenta vender el Kremlin, por lo que, ahora, surge una nueva hipótesis: la implicación de la embajada de Ucrania en Tayikistán. Por su parte, el canal Shot publicó un vídeo en el que, uno de los supuestos terroristas, admite en un interrogatorio que accedió a cometer el atentado a cambio de dinero. Según relata este medio, a los agresores les habían prometido hasta medio millón de rublos.

El terrorismo islamista es una lacra para Rusia. La porosa frontera con los Estados de Asia central como Tayikistán propician la entrada de simpatizantes de grupos terroristas como el ISIS, que culpan a Putin de apoyar al régimen de presidente sirio Bachar al Assad durante la guerra civil que asoló al país árabe o a los talibanes en Afganistán. «El atentado de Moscú fue un acto terrorista y punto. Al no haber podido evitarlo, es probable que el Kremlin busque una forma de utilizarlo, lo que bien podría significar culpar a Ucrania», vaticinaba Sam Greene, analista del Centro de Análisis de Políticas Europeas. El experto plantea que la clave está ahora en saber «qué tornillos decidirá apretar el Kremlin en casa» y si este atentado provocará una mayor represión del Estado. Por ahora, parece que la primera consecuencia podría ser la restauración de la pena de muerte.

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