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A la izquierda, el actual primer ministro Anthony Albanese; a la derecha, el conservador Peter Dutton

A la izquierda, el actual primer ministro Anthony Albanese; a la derecha, el conservador Peter DuttonEFE

Australia vota entre el trumpismo del conservador Dutton y el acercamiento a China del laborista Albanese

Los australianos acuden a las urnas para votar en unas elecciones marcadas a nivel nacional por la crisis de vivienda, el coste de la vida, la inmigración y el papel del sector público

Australia acude este sábado a unas elecciones federales que podrían redefinir su lugar en el mundo. En juego no está solo el futuro económico y social del país, sino también su papel geopolítico en un momento de creciente tensión entre Estados Unidos y China. Las urnas enfrentan a dos visiones opuestas: la del primer ministro laborista Anthony Albanese, que ha apostado por una diplomacia pragmática con Pekín, y la del conservador Peter Dutton, líder de la oposición, que ha abrazado sin ambages el estilo político de Donald Trump.

La campaña ha girado en torno a los grandes temas domésticos —la crisis de vivienda, el coste de la vida, la inmigración y el papel del sector público—, pero el contexto internacional ha ido ganando protagonismo a medida que se acercaba la cita electoral. La vuelta de Trump al poder en Estados Unidos, con su política de aranceles globales, ha sacudido a Australia, una economía dependiente de las exportaciones. Y en paralelo, el gobierno de Albanese ha cultivado una relación más fluida con China, que sigue siendo el mayor socio comercial del país.

Dutton, por su parte, ha empujado al Partido Liberal hacia la derecha dura. Ha prometido recortes masivos en el sector público, ha defendido políticas migratorias restrictivas y ha recuperado el discurso nacionalista, hasta el punto de ser apodado «el Trump australiano» por sus críticos. Su propuesta estrella: impulsar la energía nuclear y frenar las renovables, en una apuesta que ha sido leída como un guiño directo a su base más conservadora.

Albanese, que llegó al poder en 2022, ha defendido una Australia más abierta, alineada con sus socios tradicionales, pero sin cerrar puertas a China. «No tenemos que adoptar todos los errores de Estados Unidos», ha llegado a decir en campaña, en una crítica velada al trumpismo de Dutton. La reunión de hace apenas unos meses entre el primer ministro y el presidente chino, Xi Jinping, dejó claro que el diálogo entre Canberra y Pekín sigue vivo, pese a las tensiones estructurales.

Dos hombres, dos modelos

Peter Dutton, exministro de Defensa y antiguo agente de policía, ha construido su perfil político a base de polémicas. Defensor de mano dura contra la inmigración y crítico feroz del multiculturalismo, ha hecho suya la agenda trumpista: recorte de «gasto woke», ataques a la educación pública y retórica antiélite. Su campaña ha oscilado entre el populismo económico y los guiños a una Australia blanca, dura y autosuficiente.

Anthony Albanese, hijo de madre soltera y criado en viviendas públicas, ha apostado por un tono más moderado. Ha invertido en servicios públicos, impulsado una agenda verde y restablecido lazos diplomáticos con países clave del Indo-Pacífico. En política exterior, ha buscado equilibrio entre Washington y Pekín, priorizando los intereses comerciales australianos.

El regreso de Trump a la presidencia ha cambiado el tablero electoral. Sus aranceles globales, que incluyen una tasa del 10 % a las exportaciones australianas, han inquietado a votantes y empresarios. La asociación de Dutton con el presidente estadounidense —y sus elogios explícitos a su estilo— podrían terminar costándole apoyo en sectores moderados.

Mientras tanto, Albanese ha intentado capitalizar esa incomodidad, presentándose como el candidato más preparado para lidiar con un mundo inestable. Ha anunciado la creación de una reserva estratégica de minerales críticos, clave para reducir la dependencia de China, pero también ha mantenido abiertos los canales con Pekín. La foto con Xi en la cumbre del G20 fue interpretada como una señal de distensión.

Las encuestas muestran una carrera ajustada, sin una ola de entusiasmo por ninguno de los candidatos. Albanese parte con una ligera ventaja, pero Dutton conserva una base sólida y movilizada. Las encuestas cualitativas describen al primero como «gris» y «poco inspirador», y al segundo como «duro» pero también «inquietante».

Australia vota con la sensación de estar en una encrucijada. Y esta vez, más que nunca, el resultado tendrá eco más allá de sus fronteras.

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