La periodista Nicole Mischel
Nicole Mischel, periodista hispano-israelí
Nicole Mischel, periodista hispano-israelí: «Lamento enormemente las informaciones falsas de la prensa española»
Esta periodista venezolana, aunque profundamente enraizada con Israel, atiende a El Debate mientras el conflicto en Gaza sigue ocupando las portadas de los periódicos
Nicole Mischel Morely, aunque nació en Caracas, ha desarrollado una profunda relación con Israel que se ha amplificado desde que, hace ya más de año y medio, Hamás atacó territorio hebreo el 7 de octubre de 2023. Desde entonces, la guerra se ha apoderado por completo de la zona y Nicole, desde su papel de periodista de la cadena internacional i24 News, la ha vivido en primera persona.
Gracias a ese contacto con el terreno, la periodista atiende a El Debate para intentar resolver varias de las preguntas clave sobre la situación en la Franja, la ayuda humanitaria, las posibilidades de que caiga el Gobierno de Benjamin Netanyahu o el papel en la sombra de Irán en todos los acontecimientos que suceden en Oriente Medio.
— Ha transcurrido más de un año y medio desde el 7 de octubre. ¿Cómo crees que puede evolucionar el conflicto en los próximos meses?
— Bueno, no tengo una bola de cristal para saber qué puede suceder, pero lo cierto es que es necesario acabar la guerra para comenzar a reconstruir Oriente Medio. Sin duda alguna, el 7 de octubre es un antes y un después para Israel. Un hecho como ese no puede marcar las pautas de la creación de cualquier estado en la vida. Si se quiere crear un estado, no puede ser a través de una violencia extrema como ha hecho Hamás. Los palestinos son gente común en sueños y en metas como puede ser un israelí o un español, pero están dentro de un conflicto que no es nada fácil, porque hay muchos sentimientos encontrados.
— En estos momentos, el gran tema de debate es la cuestión de la ayuda humanitaria. ¿Cuál crees que es la posición oficial del Gobierno israelí respecto al bloqueo total de productos básicos en Gaza, a pesar de las advertencias de enmergencia sanitaria por parte de la ONU?
— Israel es uno de los países con uno de los ejércitos, digamos, más morales del mundo, aunque pueda ser una contradicción escuchar esto, y más desde España, que se ha calificado a Israel como país genocida. Yo he estado en la frontera muchas veces, cuando han entrado los camiones de ayuda humanitaria, porque es una guerra, no un genocidio, es una guerra. Una guerra híbrida, muy complicada, donde se está ayudando a que se cumplan los parámetros de la guerra mientras 58 personas siguen secuestradas, entre los que no sabemos cuántos hay vivos y muertos. Se cree que quizás hay 20 o 21 vivos.
Israel, dentro de lo que es el parámetro de la guerra, busca cómo hacer llegar el respeto a esa sociedad que está totalmente secuestrada por Hamás, que en realidad está orquestada psicológicamente por el actor intelectual que es Irán y que supo tocar los cimientos sociales y emocionales de Israel. Israel ha tratado en todo lo posible cumplir dentro de lo que son los parámetros de la guerra mientras Hamás juega un rol maquiavélico, jugando con algo tan básico como es la alimentación. Si yo tengo una población con hambre y toda esa ayuda humanitaria la recojo, la guardo en los almacenes, la gente se enfada y el mundo va a empezar a decir que los malos son los judíos.
— Hablas de Irán, pero es un país que ha quedado muy debilitado tras la caída de Al Asad en Siria y los golpes a Hezbolá en el Líbano
— Irán quedará debilitado el día que estemos completamente seguros que no van a enriquecer uranio, y más aún cuando el régimen iraní finalice.
— Dentro de ese tema, ¿cómo valora el papel de Donald Trump en el pacto nuclear que está buscando con Irán?
— Trump es un hombre de negocios. Un hombre cuyas acciones no parecerán las más ideales, porque es una persona políticamente incorrecta, pero él es consciente que el enriquecimiento de uranio por parte de Irán es un problema fundamental. Hay que evitar la bomba nuclear en manos de los iraníes, que es el verdadero problema y no las tres h —Hamás, Hezbolá y los hutíes—, que son marionetas. Estados Unidos sabe jugar esa esas fichas y Trump sabe tener al enemigo al lado como con los qataríes. Sabe perfectamente que el mundo se mueve con el negocio, con el dinero.
— También respecto a Trump, ¿cómo valora el impacto de la Fundación Humanitaria de Gaza, impulsada por Israel y Estados Unidos, como reemplazo del sistema de ayuda liderado por la ONU? ¿Es una iniciativa eficaz?
—Ha sido básico, porque Hamás estaba secuestrando a la población Gaza y jugando con el hambre. Lamento enormemente que la prensa internacional, y en especial la prensa española, en su mayoría, porque hay excepciones, gracias a Dios, han sacado informaciones falsas. El corresponsal de TVE ha dicho que el Ejército israelí estaba disparando a las personas cuando repartían ayuda. Eso es mentira. Y no lo digo porque quiero defender a Israel ni nada, simplemente porque un israelí, un judío, nunca va a disparar a una persona que estaba agarrando comida para llevársela a su familia.
— Pero, ¿por qué el Gobierno israelí impide el acceso libre de periodistas a Gaza para que cuenten lo que ocurre?
— Es por la seguridad. Es muy complicado. No solo por los misiles que lanzan, sino porque por lo delicado que sería entrar ahí, donde te podrían secuestrar perfectamente. Estamos hablando de un enemigo maquiavélico que utiliza el escenario que tenían pensado desde hace cinco años, cuando orquestaron todo para convencer al mundo, a través de las redes sociales, que ellos son unas pobres víctimas. Yo tengo contacto con personas, muy pocas, que están en Gaza, como un médico de nacionalidad boliviana.
Palestinos observan a su alrededor en alerta tras los disparos mientras palestinos desplazados reciben paquetes de alimentos de una fundación respaldada por Estados Unidos que se compromete a distribuir ayuda humanitaria en el oeste de Rafah, en el sur de la Franja de Gaza
— Y desde su experiencia y fuentes, ¿cómo describiría la situación real dentro de la Franja hoy por hoy? ¿Qué nivel de credibilidad tienen los informes que llegan desde dentro del enclave?
— La situación es difícil, muy complicada. Él me ha contado muchas veces, he tenido conversaciones directas con él y te vas implicando en su historia. Ambos tenemos la misma edad e hijos de la misma edad. Él perdió su casa, lo perdió todo. Y justamente él mismo me ha dicho que teme a Hamás.
— Precisamente, estas últimas semanas se están sucediendo movilizaciones y manifestaciones dentro de Gaza contra Hamás.
— Exactamente. Pero es arriesgado. Fíjate tú que él (el médico) quiere salir de ahí por la frontera con Egipto, pero les cobran 10.000 euros por persona, y tiene cinco hijos, además de su padre y su mujer. Es muy complicado porque ellos utilizan a su gente y la desconfianza es muy grande.
— Dentro de la Franja, ¿cuál es el pensamiento respecto al plan de Trump de relocalizar a los gazatíes en Egipto o en Jordania?
— Son solo palabras. Por ahora, ellos están encerrados. Vivían muy bien, pero lamentablemente tenían a una banda de delincuentes de miles de paramilitares que los arrastraron a la guerra.
— A nivel local, ha anunciado la oposición en Israel que quiere disolver el Parlamento. ¿Crees que tiene opciones de prosperar? Y si lo hace, ¿qué va a implicar para Netanyahu?
— Para algunos es necesario. Es como pasó en 1973 con Golda Meir. Para algunos, es necesario reformar la política en estos momentos. Lo más importante es la seguridad de Israel. Netanyahu conoce la mentalidad de la extrema derecha y la mentalidad de la izquierda israelí, que no es lo mismo que la de fuera. Y como en Juego de Tronos, sabe mover esas fichas porque la política israelí no es fácil. Hay una frase muy buena que dice donde hay tres judíos hay cuatro opiniones.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu
— En marzo, cuando Israel rompió el alto el fuego, mucha gente dijo que uno de los motivos fue que Netanyahu necesitaba aprobar los presupuestos para que no se les cayera el Gobierno, y que la condición era que volviera la guerra. Entonces, ¿cree usted ahora que la prolongación del conflicto responde más a los intereses políticos internos?
— Israel está luchando enormemente por liberar a los secuestrados. En estos momentos, no caben los sentimientos o los intereses de derecha o izquierda. El Gobierno es consciente de la gravedad que eso ha significado para la sociedad y respeta que algunas de las familias de los secuestrados no están a favor del Gobierno.
— Desde su experiencia como periodista, ¿cuáles crees que son las principales diferencias en la narrativa entre lo que ofrecen los medios israelíes y lo que se ofrece en el resto del mundo, y particularmente España?
— Los medios israelíes trabajan para Israel, para la sociedad y la idiosincrasia israelí, que no es la idiosincrasia judía, porque el judío es diverso. Desde el 7 de octubre, toda la prensa israelí está dedicada a esta situación. El periodismo que se hace de Israel fuera, en los distintos idiomas, es otra cosa. La prensa extranjera ha manejado a su gusto, con un manejo totalmente amarillista.
— En un conflicto así, tan polarizado, ¿cuál es el papel de un periodista? ¿Debería ser informar objetivamente, intentar influir en la opinión pública, cuestionar el poder o un equilibrio de todo?
— Tiene que haber un equilibrio siempre. El periodismo tiene que ser un puente, no puede ser un juez. No puede ser de posicionamientos. El mal manejo del periodismo en el habla hispana ha perjudicado enormemente. Yo, por ejemplo, evito decir un terrorista palestino, quiero cuidar la palabra palestina porque conozco palestinos muy decentes.
— La situación entre Israel y España está más tensa que nunca. ¿Qué opina de la política de Pedro Sánchez en este sentido y cómo ha influido dentro de Israel?
— Es válido que cada país tenga su posición, pero pienso que deberíamos pensar en una frase que a mí siempre me ayudó muchísimo en mis dos tesis y es que no se trata de juzgar, sino de comprender. Es necesario que esta confrontación militar tenga una salida política. Estoy de acuerdo que como existe el Estado de Israel, debe existir el Estado palestino. Yo diría también que no saben en España lo parecido que es un israelí en muchos aspectos. Y el judío a lo que es el español. Somos muy parecidos.