Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea
Todas las polémicas que han colocado a Von der Leyen ante una moción de censura inédita
Mientras la Unión Europea revisa, de manera inquieta, el buzón del correo esperando que llegue la carta con los aranceles impuestos desde Washington, la presidenta de la Comisión Europea, la alemana —aunque nacida en Bélgica— Ursula von der Leyen, se enfrenta a sus propios problemas internos.
Y no son poca cosa. Este martes, el Parlamento Europeo vivió un momento sin precedentes cuando, por primera vez en su historia, se presentó una moción de censura contra la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que se votará este jueves. La iniciativa fue impulsada por el eurodiputado rumano Gheorghe Piperea, miembro del Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos, el cual reunió los apoyos necesarios para que el procedimiento se activara. Aunque las posibilidades de que esta moción prospere son reducidas, el simbolismo de, aunque sea, haber reunido a los eurodiputados necesarios para presentarla ya es un golpe encima de la mesa y una muestra del descontento que el mandato de Von der Leyen provoca en ciertos sectores.
En el centro de las críticas que han impulsado la moción se encuentra la acusación de una creciente concentración de poder en manos de la presidenta. Según Piperea y otros eurodiputados críticos, la presidenta ha marginado el papel del Parlamento Europeo y ha tomado decisiones clave sin la debida supervisión ni transparencia, especialmente en un momento histórico como el que estamos viviendo, marcado por la pandemia y la crisis económica posterior o ahora la amenaza de aranceles desde Estados Unidos.
Una de las cuestiones más graves que asolan a Von der Leyen es el conocido como «Pfizergate», un caso que aún no se ha cerrado y que ha levantado sospechas sobre la gestión de los contratos para la compra de vacunas. Según los indicios, Von der Leyen habría negociado acuerdos millonarios con la farmacéutica Pfizer a través de mensajes de texto directos con su CEO, en un proceso marcado por la falta de transparencia y la posible destrucción de pruebas. El Parlamento Europeo, que ejerce la función de control del ejecutivo, ha visto cómo esta investigación quedó congelada, sin poder aclarar todas las dudas.
Más allá de este episodio, la Comisión también ha sido señalada por opacidad en la gestión de los fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, el gran paquete de ayudas económicas aprobado para hacer frente a las consecuencias de la pandemia. Los informes del Tribunal de Cuentas Europeo han evidenciado ineficiencias y falta de control en la asignación de estos recursos, mientras que sectores políticos denuncian que parte del dinero se ha destinado a financiar agendas partidistas, como ONGs ligadas al activismo climático o programas migratorios polémicos.
Banderas frente a la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo
La moción de censura también refleja una percepción creciente de que las decisiones en Europa se toman en círculos reducidos, lejos del debate democrático. La reelección de Von der Leyen en la presidencia de la Comisión no fue un proceso abierto, sino el resultado de un pacto entre los principales líderes de los partidos mayoritarios: desde Emmanuel Macron y Pedro Sánchez hasta el entonces canciller alemán Olaf Scholz o los dirigentes del Partido Popular Europeo.
Este «club cerrado» acordó mantener una agenda conjunta en políticas sociales, medioambientales y geopolíticas, pero la ruptura de algunas promesas ha provocado tensiones internas. Incluso formaciones políticas que no apoyan la moción, como los Verdes o la Izquierda, han reprochado públicamente la falta de coherencia y liderazgo de Von der Leyen. A su vez, grupos moderados como los socialdemócratas o liberales lanzaron advertencias a la presidenta para que respete el pacto, advirtiendo que podrían retirar su apoyo si se desmarca demasiado.
Este panorama ha alimentado la idea de que la Comisión se ha alejado de los ciudadanos y que su burocracia se ha vuelto impenetrable y distante, algo que contribuye al creciente euroscepticismo en varios países.
Aunque la moción de censura probablemente no conseguirá los votos necesarios para destituir a Von der Leyen, el aviso está ahí. El grupo socialdemócrata, o el liberal Renovar Europa, ya han avisado que, aunque no votarán a favor de la misma, sí podrían abstenerse, lo que funcionaría como un aviso y una muestra de que poseen las llaves de la Comisión Europea.
Para Piperea, en la entrevista que mantuvo en exclusiva con El Debate, esta moción es un llamado urgente a corregir el rumbo. «Vamos hacia un precipicio en un autobús a 200 kilómetros por hora y el conductor está borracho», advirtió, dejando clara la gravedad de la situación a su juicio. Ahora toca ver cuánto apoyo tiene realmente ese conductor.