Una imagen del presidente Donald Trump y Jeffrey Epstein, junto con las palabras «Presidente Trump: publique todos los archivos de Epstein», proyectada sobre el edificio de la Cámara de Comercio de EE.UU. en Washington D.C
El caso Epstein amenaza con hacer descarrilar la visita de Estado de Trump al Reino Unido
Este martes por la noche, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, aterrizó en el aeropuerto londinense de Stansted como pistoletazo de salida para la segunda visita de Estado que va a realizar en el Reino Unido, después de la que protagonizó en 2019 todavía con Isabel II en el trono británico. Un acontecimiento inédito que ha llevado al castillo de Windsor a desplegar todo el boato de la monarquía británica, con procesiones en carruaje, guardias de honor, sobrevuelo de cazas y un banquete real encabezado por el rey Carlos III y la reina Camila. Sin embargo, la visita también está amenazada por la sombra del caso Epstein que amenaza con monopolizar la atención mediática.
La destitución fulminante de Peter Mandelson como embajador británico en Washington, apenas una semana antes de la llegada de Trump, ha colocado al primer ministro Keir Starmer en el centro de la tormenta política. Mandelson, figura polémica de la izquierda británica, fue apartado de su cargo tras revelarse correspondencia que mostraba su estrecha relación con Jeffrey Epstein incluso después de su condena por delitos sexuales en 2008. El hallazgo fue particularmente explosivo porque incluía cartas de apoyo en las que el diplomático ofrecía consejos políticos y contactos para limpiar la imagen del financiero caído en desgracia.
Esto, que podría haber quedado en una polémica doméstica, se ha convertido en un problema internacional porque los vínculos de Epstein no se limitaban a Mandelson. El propio Trump aparece salpicado en la misma red de documentos. Una carta sexualmente explícita, atribuida al entonces magnate en el «libro de cumpleaños» de Epstein de 2003, ha circulado en medios estadounidenses estos últimos días. Aunque el presidente insiste en que la firma es falsa, la coincidencia temporal entre la polémica en Londres y los nuevos documentos entregados al Congreso en Washington amenaza con dar un giro incómodo a su paso por Windsor.
La realeza británica tampoco está libre de sospechas. El príncipe Andrés, hermano del rey, se retiró de la vida pública en 2020 tras la devastadora entrevista en la BBC en la que habló de su amistad con Epstein, un episodio que aún planea sobre la institución. Que Trump llegue de nuevo a Windsor en medio de esta constelación de nombres y acusaciones convierte lo que debía ser un ejercicio de diplomacia ceremonial en un campo minado para todos los anfitriones.
Carta supuestamente enviada por Donald Trump a Jeffrey Epstein en 2003
Para Starmer, por su parte, el contexto no podría ser más delicado. Esta misma semana ha sufrido la dimisión de su vicepresidenta Angela Rayner por un escándalo fiscal y su popularidad en las encuestas se sigue desplomando, a la par que crece la de Reform UK de Nigel Farage. También enfrenta críticas feroces por haber elegido previamente a Mandelson en lugar de la respetada diplomática de carrera Karen Pierce. En Downing Street confiaban en que Mandelson, con su estilo directo, fuera capaz de gestionar la política personalista de Trump. La ironía es que fueron precisamente sus vínculos personales los que precipitaron su caída y abrieron un nuevo flanco de vulnerabilidad para el Gobierno laborista.
Los asesores en Londres y Washington insisten en que la agenda bilateral seguirá adelante y el jueves Trump se reunirá con Starmer en Chequers para anunciar nuevos acuerdos en materia de comercio, energía nuclear y cooperación tecnológica, pero, a partir de esta noche, cuando Trump aterrice en Stansted y se traslade discretamente a Windsor, quedará claro si la fastuosidad real basta para opacar un escándalo que amenaza con descarrilar el guion cuidadosamente preparado de esta visita de Estado.