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Protestas propalestinas en Londres

Protestas propalestinas en LondresEFE

El veto a aficionados israelíes en un partido de fútbol provoca un terremoto político en Reino Unido contra Starmer

Los hinchas del Maccabi Tel Aviv tienen fama de violentos y ya hace unos meses causaron graves altercados en Ámsterdam

El próximo jueves 6 de noviembre, el Maccabi Tel Aviv visitará Birmingham para enfrentarse al Aston Villa en la cuarta jornada de la Europa League. Lo hará el equipo, pero no los aficionados israelíes, después de que el Safety Advisory Group, un órgano local de seguridad asesorado por la Policía, haya recomendado vetar su asistencia ante el riesgo de altercados y protestas en un partido declarado «de alto riesgo».

Esta medida, sin precedentes recientes en el fútbol británico, ha desatado una tormenta política en Londres para el ya dañado Gobierno. El primer ministro, Keir Starmer, ha criticado públicamente la decisión y ha asegurado que «el papel de la policía es garantizar que todos los aficionados puedan disfrutar del fútbol sin miedo a la violencia o la intimidación». Pero, pese a su condena, el veto sigue en pie, en un episodio más que demuestra que el Gobierno ha perdido capacidad de influencia sobre las fuerzas policiales, formalmente independientes, pero siempre bajo escrutinio político.

El caso estalló después de que la West Midlands Police declarara el encuentro como de «alto riesgo», recordando los graves disturbios registrados el año pasado en Ámsterdam durante el duelo entre el propio Maccabi y el Ajax. A partir de esa evaluación, el Safety Advisory Group de Birmingham, presidido por el Ayuntamiento y responsable de emitir el certificado de seguridad del estadio, decidió no autorizar la presencia de seguidores visitantes. Aunque se trata de un organismo consultivo sin potestad legal para prohibir eventos, el club Aston Villa acató la instrucción para evitar la suspensión de la licencia municipal.

Los acontecimientos de las últimas horas tampoco han jugado a favor del equipo israelí. Este mismo domingo fue suspendido el derbi de Tel Aviv, que enfrentaba al Maccabi y al Hapoel, después de unos violentos altercados en las gradas, con uso de pirotecnia y bombas de humo mediante, que acabaron con 13 detenidos y tres agentes de policía heridos.

El Gobierno británico, por su parte, asegura estar «haciendo todo lo posible» para revertir la medida y garantizar que los aficionados israelíes puedan acudir al partido, pero días después del anuncio no se ha producido ningún cambio. La falta de resultados ha dejado a Starmer en el centro de la crítica, acusado por la oposición de debilidad e inacción. «Esto es una vergüenza nacional», escribió la líder conservadora Kemi Badenoch, que denunció la existencia de «zonas vetadas para los judíos» en Reino Unido y exigió al Ejecutivo que garantice «la seguridad y la igualdad» para todos los ciudadanos.

La paradoja es que, si una de las grandes caras visibles del conservadurismo británico, la exprimera ministra Margaret Thatcher, se pasó años durante la década de los 80 combatiendo contra el fenómeno del hooliganismo –lo que a su vez provocó uno de los grandes fiascos de su mandato, la tragedia de Hillsborough–, ahora es ese mismo partido quien intenta sacar ventaja política de un escenario que permitiría la entrada de hinchas considerados violentos en Reino Unido. Starmer, por su parte, igual que en otros muchos temas durante los últimos meses, ha vuelto a quedar en una peligrosa tierra de nadie que le perfila ante los votantes como indeciso y que refuerza el discurso del deterioro del orden público bajo el mandato laborista.

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