Países Bajos celebra elecciones el próximo 29 de octubre
El nacionalismo de Wilders coge ventaja en las encuestas a escasos días de las elecciones en Países Bajos
Los sondeos sitúan al PVV con 43 escaños, consolidándose como la primera fuerza política del país pero lejos de la mayoría absoluta
Poco más de cuatro meses después de que Geert Wilders, líder del Partido por la Libertad (PVV), hiciera una apuesta arriesgadísima al retirarse del Gobierno de coalición –del que era el socio mayoritario– y provocara la caída del Ejecutivo de Dick Schoof, las encuestas parecen darle la razón. El próximo miércoles 29 de octubre, los neerlandeses volverán a las urnas en unas elecciones anticipadas que podrían consolidar el dominio del nacionalismo de Wilders en la política del país.
Según el último sondeo publicado por la firma Verian, el PVV lograría 43 escaños en la Cámara Baja, muy por delante de la alianza de centroizquierda GroenLinks-PvdA, liderada por el excomisario europeo Frans Timmermans, que obtendría 25. A cierta distancia se sitúan el CDA, con 23 escaños, el D66, con 16, y el VVD, el partido liberal del ex primer ministro Mark Rutte –actual secretario general de la OTAN–, que continúa desplomándose hasta los 15. El resto del Parlamento se fragmenta entre fuerzas menores: Ja21 (12), SP y FvD (4 cada uno), Volt, Denk, PvdD y SGP (3), CU y BBB (2), y 50+ con apenas un escaño.
Pese a todo, el ascenso del PVV no es un fenómeno aislado, sino el desenlace de un ciclo de inestabilidad que comenzó tras las elecciones de 2023. Entonces, Wilders sorprendió al convertirse en el candidato más votado, pero no logró reunir apoyos suficientes para ser investido primer ministro. Tras meses de negociaciones, su partido accedió a formar parte de un Gobierno de coalición encabezado por Dick Schoof, un independiente de perfil técnico, junto a el VVD, el Movimiento Campesino (BBB) y el centrista Nuevo Contrato Social (NSC). Sin embargo, la convivencia entre fuerzas tan dispares resultó efímera.
El desencuentro sobre la política migratoria –un asunto central en la agenda de Wilders– acabó siendo fatal para el Ejecutivo. El PVV exigía cerrar las fronteras a los solicitantes de asilo, suspender la reunificación familiar y militarizar el control fronterizo, medidas que los socios consideraron «legalmente inviables» y «contrarias a los compromisos internacionales» del país. Ante la falta de avances, Wilders retiró a todos sus ministros y forzó la dimisión de Schoof, precipitando las elecciones anticipadas.
Desde entonces, el líder nacionalista ha redoblado su discurso en torno a la identidad, la inmigración y la soberanía nacional, temas que conectan con un electorado cada vez más desencantado con los partidos tradicionales. Su campaña, marcada por la promesa de «recuperar el control de los Países Bajos», ha calado especialmente en las provincias del sur y el este, donde la presión migratoria y la escasez de vivienda son más visibles.
Dick Schoof, actual primer ministro de Países Bajos
Mientras tanto, el bloque progresista de GroenLinks-PvdA intenta presentarse como la alternativa moderada. Timmermans ha centrado su mensaje en la transición energética, la vivienda y la cohesión social, con la esperanza de atraer a votantes del centro liberal descontentos con la deriva del país. Aun así, los analistas consideran improbable que logre articular una mayoría alternativa sin el apoyo de D66 o del CDA.
Precisamente el resurgir del CDA, que pasaría de 5 a 23 escaños, introduce una variable nueva. Su líder, Henri Bontenbal, ha construido un perfil de conservador pragmático, favorable al control migratorio pero firmemente proeuropeo, lo que lo convierte en un posible socio de Gobierno tanto para Wilders como para el centroizquierda. Sin embargo, Bontenbal ha insistido en que su partido «no participará en un Gobierno que cuestione el Estado de derecho o la pertenencia a la Unión Europea», un mensaje veladamente dirigido al PVV.
El hundimiento de los liberales del VVD, el partido que gobernó el país durante 14 años bajo el liderazgo de Rutte, también ha contribuido a reconfigurar el tablero. Su actual líder, Dilan Yeşilgöz, ha intentado competir con Wilders adoptando un discurso más duro en inmigración, pero esa estrategia ha alienado a su base más centrista. En junio, el 77 % de los votantes del VVD afirmaba confiar en ella; hoy esa cifra no llega al 30 %.
De confirmarse los sondeos, el PVV sería con diferencia la primera fuerza del país, pero lejos aún de la mayoría absoluta (76 escaños) necesaria para gobernar en solitario. En ese escenario, Wilders necesitaría socios, y ahí radica la principal incógnita y es quién podría pactar con ellos. El VVD ha dejado la puerta entreabierta a una cooperación puntual, mientras que el BBB y Ja21 se muestran abiertamente favorables. Sin embargo, el resto de los partidos, especialmente los del bloque progresista, mantienen su veto a cualquier Gobierno encabezado por el líder nacionalista.
Sea como fuere, lo que está claro es que a Wilders le salió bien la estrategia de principios de verano, provocando una crisis que parece jugarle a su favor. La verdadera duda, que no se resolverá el próximo miércoles sino en días posteriores, es si encontrará los socios necesarios para culminar su ascenso y tocar el poder que hasta ahora se le ha negado.