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Sede de la OTAN en Bruselas

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26/4/2022 ONLY FOR USE IN SPAIN

Sede de la OTAN en BruselasEuropa Press

Estados Unidos da de margen a Europa hasta 2027 para ponerse al frente de la OTAN

Según informa la agencia Reuters, Washington ha dejado claro a sus aliados europeos que quiere que estos asuman la mayor parte de las capacidades de defensa

En un movimiento que puede alterar el equilibrio estratégico de la Alianza Atlántica, altos cargos del Pentágono han comunicado a varios diplomáticos europeos que Estados Unidos espera que los aliados del Viejo Continente asuman la mayor parte de las capacidades convencionales de defensa antes de 2027. La información, adelantada por la agencia Reuters, supone un giro significativo en la política de defensa transatlántica y llega en un momento de tensión creciente por la reorganización de prioridades de Washington.

La petición estadounidense no se limita a un llamamiento a aumentar el gasto militar. Según las fuentes citadas por la agencia, la Casa Blanca pretende que Europa sea capaz de sostener de manera autónoma capacidades estratégicas esenciales como Inteligencia, vigilancia, reconocimiento, defensa aérea, municiones, ciberdefensa, sistemas de misiles y operación de drones. Para varios gobiernos europeos, este objetivo es demasiado ambicioso, dada la magnitud de las inversiones y la profundidad de las reformas industriales necesarias.

Uno de los elementos más llamativos es que, según explicaron los funcionarios presentes en las conversaciones, la Administración estadounidense no descarta reducir su participación en ciertos mecanismos de coordinación dentro de la OTAN si los aliados europeos no alcanzan los niveles requeridos en el plazo establecido. Aunque no se detallaron medidas concretas, la posibilidad de que Washington replantee su rol dentro de la Alianza genera inquietud en varias capitales que todavía dependen en gran medida del paraguas militar norteamericano.

La discusión se produce apenas un día después de que la Administración de Donald Trump publicara su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, un documento que marca un claro giro hacia el «realismo flexible» y que dedica un apartado sustancial a las debilidades estructurales de Europa. En el texto, la Washington alerta de un posible «declive civilizatorio» europeo y exige que los aliados den un paso adelante para garantizar su propia seguridad. Se trata de una postura mucho más dura que la adoptada por anteriores Administraciones, que habían mantenido el tradicional compromiso de Estados Unidos como garante principal del equilibrio continental.

La reacción en Europa oscila entre la incredulidad y la prudencia. Gobiernos como el alemán o el italiano reconocen la necesidad de reforzar capacidades estratégicas, pero recuerdan que alcanzar el nivel operativo que Washington exige requerirá inversiones colosales, reorganizar cadenas de producción militar y acelerar proyectos conjuntos que, históricamente, avanzan con lentitud. Para varios diplomáticos, el verdadero desafío no es únicamente financiero, sino político: la Unión Europea sigue sin lograr un consenso pleno en materia de defensa, y cualquier avance profundo exige una unidad que no siempre está garantizada.

Aun así, la advertencia estadounidense podría acelerar algunos programas ya en marcha, desde el refuerzo de la defensa aérea hasta la modernización de flotas de drones o el desarrollo de sistemas de mando integrados. Para algunos analistas, la presión de Washington puede interpretarse como una oportunidad para que Europa recupere soberanía estratégica y dependa menos de un socio cuya política exterior es cada vez más volátil. Otros, sin embargo, temen que una retirada relativa de Estados Unidos deje un vacío que Europa aún no está preparada para llenar.

Lo que está en juego no es únicamente la capacidad militar europea, sino la propia cohesión de la OTAN. Si Washington considera incumplido el horizonte de 2027, podría desencadenarse una renegociación de la arquitectura defensiva del bloque. Y ello ocurriría en el peor momento posible: con Rusia aún enfrentada a Occidente por la invasión de Ucrania y con la seguridad europea sumida en un ciclo de incertidumbre que no parece que vaya a resolverse pronto.

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