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El presidente del Consejo Europeo Antonio Costa, el presidente de Ucrania Volodimir Zelenski y la presidenta de la Comisión Ursula von der Leyen

El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, y la presidenta de la Comisión, Ursula von der LeyenNicolas Tucat / AFP

La UE se enfrenta a una prueba decisiva: superar el veto de Bélgica a entregar los activos rusos a Ucrania

Bruselas quiere cerrar en la cumbre del Consejo Europeo el acuerdo para dar a Kiev hasta 92.000 millones de los fondos soberanos rusos congelados en forma de «préstamo de reconstrucción»

La Unión Europea se enfrenta a una prueba decisiva que definirá el nivel de unidad entre los Veintisiete en un tema tan crucial como la invasión rusa de Ucrania, camino de cumplir su cuarto aniversario. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, defendió en un discurso este miércoles desde la Eurocámara, en Estrasburgo, que ha llegado el momento de demostrar que «estamos luchando por nuestros intereses y prioridades». Sin embargo, la cumbre del Consejo Europeo, que se celebra en la capital belga este jueves y viernes, se presenta difícil.

Bruselas quiere terminar el año con un gran acuerdo entre los Veintisiete que permita la movilización de los activos rusos congelados en Bélgica desde el inicio de la guerra para financiar la reconstrucción y la economía de Ucrania. «Los próximos días serán cruciales para la seguridad europea», advirtió ayer la presidenta de la Comisión, que agregó que depende de Europa decidir «cómo financiar» al país invadido. Esta cumbre, además, tiene lugar en un momento crítico de las conversaciones de paz, auspiciadas por Estados Unidos, para poner fin a la guerra.

El presidente estadounidense, Donald Trump, quiere cerrar un acuerdo antes de Navidad y ha tratado de forzar a su homólogo ucraniano, Volodimir Zelenski, a aceptar una serie de condiciones que supondrían su rendición. Zelenski, con la ayuda de sus aliados europeos, ha logrado matizar la propuesta de Washington. Desde el pasado fin de semana, en Berlín, el equipo negociador ucraniano, junto con el canciller alemán, Friedrich Merz; el presidente de Francia, Emmanuel Macron; o el finlandés Alexander Stubb, entre otros, y los negociadores estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner, han llegado a un entendimiento en el «90 %» de los puntos.

Kiev espera ahora que, tras estos avances en las negociaciones, la Unión Europea dé un paso adelante y abra el camino al uso de los activos rusos congelados para la reconstrucción del país y para mantener su economía a flote. Bruselas plantea entregar a Ucrania más de 92.000 millones de esos fondos soberanos rusos en forma de «préstamo de reconstrucción». Pero tanto Bélgica como la entidad que los guarda, Euroclear, se oponen a echar mano de esta herramienta. El primer ministro belga, Bart De Wever, teme que, en caso de que termine la guerra y se levanten las sanciones a Rusia, Moscú le obligue a devolver todos los activos.

«No puedo imaginar que la Comisión Europea se atreva a confiscar a una empresa privada (en referencia a Euroclear) contra la voluntad de un Estado miembro. Es algo nunca visto», criticó duramente De Wever a principios de este mes de diciembre. Euroclear, por su parte, considera que movilizar estos activos marca un precedente y genera inseguridad para el resto de sus clientes, que podrían comenzar a retirar sus recursos financieros de la entidad, condenándola a la bancarrota.

Por ello, la Comisión Europea ha trabajado incansablemente estas semanas para presentar garantías a Bélgica de cara a un futuro litigio con Rusia. Entre estos avales se incluye que todos los Estados miembros sean responsables por igual, también en el plano jurídico, ante cualquier contratiempo. El Ejecutivo de De Wever también exige que todos los países de la UE –entre los que se encuentra España– pongan fin a sus tratados bilaterales de inversión con Rusia

Aun así, el primer ministro belga sigue sin verlo claro y defiende la emisión de deuda conjunta, a lo que se oponen frontalmente Países Bajos y Alemania. El veto de Bélgica, sin embargo, no es el único obstáculo que debe sortear la Unión Europea. Otros países, como Bulgaria, la República Checa, Malta o Hungría, ya han adelantado que votarán en contra de esta propuesta y, en los últimos días, Italia también ha mostrado sus reticencias.

Desde Roma han aflorado diferencias entre los socios de coalición del Gobierno de Giorgia Meloni, que han instado a la cautela, ya que Italia cuenta con unos 2.300 millones de euros en activos de oligarcas rusos congelados desde el inicio de la invasión. La última cumbre del año en Bruselas se presenta decisiva, mientras sobrevuela la amenaza del autócrata ruso, Vladimir Putin, que consideró «un acto de guerra» el uso de sus fondos congelados, y con Ucrania asomándose al abismo de la bancarrota.

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