Imagen de una gasolinera en Polonia
Polonia trata de paliar el impacto de la guerra y se convierte en el país que más recorta el IVA en carburantes
La Unión Europea vuelve a enfrentarse a una crisis energética de alcance global. El detonante, una vez más, está fuera de sus fronteras: la escalada del conflicto en Oriente Medio y las tensiones en el estrecho de Ormuz –por donde transita cerca de un tercio del petróleo mundial– han provocado un repunte inmediato de los precios del crudo y han obligado a los gobiernos europeos a reaccionar con urgencia.
Bruselas ha reconocido la gravedad del momento. El comisario de Economía advirtió esta semana de que la UE tiene ahora «menos margen fiscal» que en crisis anteriores y que el impacto del encarecimiento energético podría restar varias décimas al crecimiento si se alarga las interrupciones en Ormuz. La Comisión insiste en que las medidas deben ser «temporales y selectivas», consciente de que la deuda pública limita la capacidad de respuesta.
Se trata de la segunda crisis en energética en menos de un lustro. La invasión rusa de Ucrania en 2022 provocó el mayor shock energético en Europa en décadas. La reducción del suministro de petróleo y, sobre todo, de gas ruso disparó los precios de los carburantes hasta niveles récord en toda la Unión Europea, con la gasolina y el diésel superando ampliamente los máximos históricos en numerosos países. Para hacer frente a ese impacto, la UE permitió a los Estados miembros aplicar medidas excepcionales: rebajas fiscales, ayudas directas y controles regulatorios.
Países como España optaron por subvencionar el precio del combustible con descuentos por litro y limitar el coste de la electricidad, mientras que otros como Polonia recurrieron a fuertes reducciones del IVA y de otros impuestos indirectos. A nivel comunitario, Bruselas flexibilizó las reglas sobre ayudas de Estado y aceleró planes para reducir la dependencia energética de Rusia, marcando un giro estratégico que todavía condiciona la política energética europea actual.
Ahora, la advertencia del comisario de Economía tiene que ver con una diferencia clave entre la situación actual y la crisis energética de 2022: la capacidad de los Estados para gastar dinero público ya no es la misma.
En 2022, la Unión Europea reaccionó con una política expansiva: muchos países venían de tipos de interés bajos o negativos; las reglas fiscales europeas estaban suspendidas; la deuda pública, aunque alta, era más barata de financiar. Y, se permitió gastar masivamente en ayudas directas; rebajas fiscales y subvenciones energéticas.
Qué ha cambiado en 2026
Ahora el contexto es más restrictivo: el Banco Central Europeo ha subido los tipos para controlar la inflación, como resultado: financiar deuda es mucho más caro. Tras pandemia más la crisis energética, muchos países tienen: deuda más alta y menos capacidad de endeudarse sin riesgo. Bruselas exige disciplina presupuestaria con menos margen para déficits elevados. Muchos países sufren «fatiga fiscal» debido a que han gastado mucho en la crisis de 2022, y políticamente y económicamente es más difícil repetir paquetes masivos.
Por ello, nos enfrentamos a que, si el petróleo sigue caro, subirán los costes de las empresas, bajará el consumo y habrá una alta probabilidad de que se frente la economía.
En ese contexto, varios países han recurrido a una herramienta inmediata: la bajada del IVA en carburantes y productos esenciales. Sin embargo, no todos lo han hecho con la misma intensidad ni en los mismos ámbitos.
El caso de Polonia
El país polaco sigue siendo el caso más contundente en Europa en términos de reducción del IVA sobre carburantes. El Gobierno ha aprobado dos leyes en menos de 24 horas con el objetivo de frenar la escalada de precios del combustible.
1. Tope al precio de carburantes
La primera ley introduce un precio máximo para gasolina y diésel, calculado mediante una fórmula que incluye: precio mayorista; impuestos; un margen fijo de 30 céntimos por litro y el IVA. Las estaciones que superen ese límite se enfrentan a sanciones de hasta un millón de zlotys (unos 230.000 euros).
2. Rebaja fiscal (incluido el IVA)
La segunda ley permite: reducir temporalmente los impuestos especiales y aplicar una rebaja del IVA del 23 % al 8 % en carburantes.
Estas medidas estarán vigentes, en principio, hasta el 30 de junio de 2026. El Gobierno polaco estima que el paquete completo permitirá abaratar el combustible en unos 1,20 zlotys por litro (alrededor de 28 céntimos de euro).
España: escudo fiscal
España, por su parte, ha optado por una estrategia diferente, centrada en aliviar el coste a través del sistema fiscal. El Ejecutivo ha aprobado: rebaja del IVA de carburantes del 21 % al 10 %; extensión de esa rebaja a electricidad y gas; reducción del impuesto de hidrocarburos y ayudas directas a sectores profesionales.
El Ejecutivo subraya que el objetivo es contener el impacto inmediato de la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio. Según el decreto, la mayoría de las medidas estarán vigentes hasta el 30 de junio de 2026, con posibilidad de prórroga.