El presidente de Rusia, Vladimir Putin, en Moscú
Putin teme ser asesinado y se bunkeriza
El Kremlin ha reforzado de manera considerable las medidas de seguridad en torno al presidente ruso, Vladimir Putin. La paranoia se ha instaurado en el complejo presidencial a medida que crece el aislamiento de su inquilino. Putin teme ser víctima de un magnicidio o de un golpe de Estado, según ha publicado este lunes The Financial Times (FT), citando fuentes cercanas al autócrata ruso. El periódico asegura que, en los últimos meses, el Servicio Federal de Protección (FSO), encargado de la seguridad de los altos funcionarios del Gobierno ruso, ha redoblado de manera drástica el operativo del presidente.
La pandemia de la covid-19 provocó un fuerte impacto en Putin, quien decidió aislarse del mundo por miedo a contagiarse. Durante esa época, el mandatario ruso apenas mantuvo contacto con sus ministros o asesores. Los pocos afortunados que tuvieron acceso a él tenían que someterse a cuarentena para poder contar con apenas unos minutos para discutir los temas más relevantes. Del coronavirus saltó a la invasión de Ucrania en febrero de 2022, lo que también le ha llevado a rodearse de un pequeño núcleo de asesores.
El rotativo británico apunta, citando una fuente cercana al mandatario, que este «dedica el 70 % a dirigir la guerra y el otro 30 % a reunirse con [alguien como] el presidente de Indonesia o a ocuparse de la economía». A esto se suma que, desde el pasado mes de marzo, la preocupación de Putin por un intento de asesinato —como el del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei— o un golpe de Estado ha hecho que el ruso reduzca aún más sus visitas y pase más tiempo en búnkeres. El presidente ruso y su familia estarían evitando ir a sus residencias en la región de Moscú y en el noroeste de Valdái para pasar más tiempo en otras ubicaciones que considera más seguras, como la zona de Krasnodar, en el sur de Rusia.
En Krasnodar ha llegado a pasar varias semanas, desde donde ha desempeñado sus labores de presidente, mientras que los medios estatales utilizaban imágenes pregrabadas en el Kremlin para proyectar una imagen de normalidad. Pero este excesivo celo por la seguridad no se reduce únicamente a la persona de Putin y su familia, sino que afecta a todos aquellos que trabajan con o para el mandatario. El FT cuenta que hasta a los cocineros, fotógrafos y guardaespaldas se les ha prohibido utilizar el transporte público y usar teléfonos móviles o dispositivos con conexión a internet en su presencia. Además, se han instalado sistemas de vigilancia en sus hogares.
Asimismo, estas fuentes apuntan a que los recientes apagones de internet en Moscú también responden a una mayor protección del presidente. De hecho, para este sábado 9 de mayo, Día de la Victoria en Rusia, ya se han anunciado cortes en la línea por motivos de seguridad y, como novedad, el desfile no contará con equipo militar. Una decisión que se atribuye al miedo a ataques ucranianos. Para evitar precisamente estas amenazas, Putin ha declarado de manera unilateral una tregua para la jornada de la gran fiesta nacional rusa. Aun así, el ruso recela, ante todo, de los drones ucranianos. «La conmoción provocada por la Operación Telaraña de Ucrania con drones sigue presente», revela al FT una persona cercana a Putin.
En junio de 2025, drones ucranianos atacaron varios aeródromos rusos más allá del círculo polar ártico. Este mismo lunes, un avión no tripulado impactó contra un edificio en Moscú situado a tan solo unos diez kilómetros del Kremlin. Los últimos acontecimientos, que tienen por protagonistas a aliados de Putin, como la detención del dictador venezolano Nicolás Maduro por parte de las fuerzas especiales de Estados Unidos el pasado mes de enero y su encarcelamiento en Nueva York; la caída del dictador sirio Bashar al Asad; y la muerte de Jamenei, mantienen al autócrata ruso en un estado de alerta constante.