El animal mientras se sube a otro taxi
Protección animal
«Si le quitas los pelos, sube»: un taxista se niega a llevar un perro guía y su dueño le da una lección que no olvidará
Hace ya años que no existe la menor duda, todos los servicios públicos deben aceptar este tipo de animales independientemente de la discapacidad de su dueño
Hace ya años que los derechos de los perros guía, popularmente conocidos como perros lazarillo, están reconocidos por la legislación española. En concreto tendríamos que viajar hasta 1985 cuando el BOE recogía por primera vez el derecho de las personas con discapacidades visuales a entrar en cualquier tipo de establecimiento con un animal de estas características.
Derecho reconocido
Esta ley se ampliaría en 1998 aún más mientras que en 2015 la Ley de Acceso al Entorno de Personas con Discapacidad extendía el derecho a usar perros guías al colectivo de personas con cualquier tipo de discapacidad física, intelectual o sensorial.
Calo junto al taxi que se niega a llevarlos
Por si esto fuera poco las ordenanzas municipales que regulan por ejemplo el servicio del transporte público y en concreto los taxis o VTC obligan a todos los vehículos que prestan este servicio a llevar a perros guía sin posibilidad de discusión y bajo multa de hasta 30.000 euros.
30.000 euros de multa
De hecho existe una sentencia pionera en España de 2020 en la que se sanciona a un taxista con 6 meses de inhabilitación y 1.600 euros de multa por no prestar el servicio a un perro de estas características, aunque conviene saber que la multa estipulada puede ser de hasta 30.000 euros, e incluso de 200.000 en caso de que se valore que ha habido maltrato animal por llevarlo en el maletero por ejemplo, taly como propone el taxista.
Calo viaja finalmente a los pies de su dueño en otro vehículo
En el vídeo se recoge como un taxista de Ávila se niega a llevar un perro lazarillo en el coche, en este caso se llama Calo, su propietario se ofrece a ir delante para que viaje entre las piernas, a lo que se niega el taxista por excusas como que «no cabéis, no suelo llevar animales o lo llena todo de pelos».
Finalmente el protagonista se ve obligado a parar a otro taxista, no sin antes advertir su intención de denunciar al anterior por negarse a llevar el perro… Parece mentira que hoy en día aún sigan ocurriendo estas cosas en un servicio público.