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Jacqueline de Ribes

Jacqueline de RibesEl Debate

La condesa de Ribes (1929-2025)

Mucho más que un icono de la moda

Visconti quiso contar con ella para una película que no existió, y su palacete parisino fue el escenario de las últimas grandes cenas de la capital francesa

Jacqueline de Ribes
Nació en Boulogne-Billancourt el 14 de julio de 1929 y falleció el 30 de diciembre de 2025

Jacqueline Bonnin de la Bonninière de Beaumont

Icono de la moda

Casada en 1948 con el conde Édouard de Ribes, madre de dos hijos, fue productora de teatro, de cine, icono y creadora de moda. Era oficial de la Orden de la Legión de Honor y Comendadora de la Orden Nacional del Mérito.

«En aquel entonces, Luchino Visconti, quien la adoraba, quería que fuera su duquesa de Guermantes en su película En busca del tiempo perdido, que nunca llegó a rodar, y en la que Deneuve y Delon habrían coprotagonizado. Para Yves Saint Laurent, el genio proustiano de los adornos y los adornos, ella era la ‘querida Oriane’ de cada una de las cartas de amor que le enviaba. Y no olvidemos a Truman Capote, tan reacio a la indulgencia, quien con razón la había reclutado en su exigente ejército de ‘cisnes’, esas criaturas ‘lanzadas’ con forma de cisne, cuyos orígenes –si surgían de una novela o estaban a punto de entrar en ella– seguían siendo un misterio. Es decir, Jacqueline de Ribes, la heroína de todas estas fantasías, la reina de un arte de vivir espléndidamente obsoleto, era sin duda la diva assoluta de una Atlántida cuya agonía y cuyo esplendor desaparecido no nos cansamos de contemplar».

Así definió a Jacqueline de Ribes el filósofo Jean-Paul Enthoven en el perfil que de ella trazó en el semanario Le Point hace 5 años. Enthoven, encarnación por excelencia del intelectual parisino de izquierdas elogiando a una mujer culta, pero que encarnaba todo lo contrario, empezando por una riqueza de cuna a la que supo dar un buen uso.

Hija del conde Jean de Beaumont, prócer de la Francia contemporánea –diputado por Indochina, íntimo amigo del último emperador vietnamita Bao Dai, miembro del Comité Olímpico Internacional– en cuya finca de caza en Alsacia hacía coincidir a las personalidades más influyentes de Francia, y de Paule Rivaud de la Raffinière –traductora al francés de Tennessee Williams y heredera de la banca homónima–, De Ribes podría haber llevado una vida despreocupada.

Pero no: de entrada, hay un hecho que marcó a De Ribes siendo adolescente durante la II Guerra Mundial mientras vivía en una casa de portero en Hendaya, cerca de un centro de tortura de la Gestapo. Ese descubrimiento de la dureza de la vida probablemente la impulsó a querer aportar su grano de arena a este mundo. En realidad, fueron varios: en 1958, por ejemplo, produjo una versión de la obra de García Lorca Así que pasen 5 años. En los sesenta hizo lo propio con una comedia musical.

Sin olvidar, claro está, su aportación al mundo de la moda, en el que no se limitó a ser musa de Saint-Laurent u objetivo fotográfico de Richard Avedon o Robert Doisneau: en 1983, con 54 años, decidió crear su propia línea de vestidos. Tampoco se puede olvidar que convirtió su palacete del número 50 de la rue de la Bienfaisance en el foco de las mejores cenas de París, aquellas que congregaban a las personas más poderosas del momento. Un art de vivre del que era la última representante.

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