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Jesús Platero Paz

Jesús Platero PazEl Debate

Jesús Platero Paz (1938-2026)

La elegancia de un hombre de gobierno

Fue miembro del Consejo de Administración y de la Comisión Ejecutiva del Banco Popular, secretario del Consejo entre 1998 y 2003, presidente del Banco de Galicia desde 1992 y consejero-secretario en otras entidades vinculadas al grupo

Jesús Platero Paz
Nació en Vigo el 27 de diciembre de 1938 y murió en Madrid el 18 de marzo de 2026

Jesús Platero Paz

Abogado y árbitro mercantil

Su fe, vivida desde su condición de católico y supernumerario del Opus Dei, ocupó un lugar central. En ella encontraba el fundamento de su coherencia

Hay trayectorias que se imponen por su visibilidad pública, y otras que, sin hacer ruido, sostienen durante décadas instituciones complejas y contribuyen a darles forma. La de Jesús Platero Paz pertenece a esta segunda categoría. Su figura ha sido la del profesional cuya solidez intelectual y sentido de la responsabilidad resultan decisivos en los momentos de transformación.

Nacido en Vigo (Pontevedra), licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela en 1962, Jesús Platero Paz comenzó su andadura como abogado de empresa y árbitro mercantil. En 1990 se incorporó a la dirección del Banco Popular. Fue miembro del Consejo de Administración y de la Comisión Ejecutiva, secretario del Consejo entre 1998 y 2003, presidente del Banco de Galicia desde 1992 y consejero-secretario en otras entidades vinculadas al grupo, como Banco de Andalucía, además de consejero de Mutua Madrileña Automovilista.

Su carrera se desarrolló en paralelo al tránsito de la banca española hacia un modelo en el que la transparencia, la técnica jurídica y la disciplina del riesgo adquirían un peso creciente. En ese contexto, desde sus responsabilidades supo construir estructuras consistentes y hacerlas funcionar. Además, su participación en los trabajos que dieron lugar a los primeros códigos de buen gobierno en España inserta su labor en una dimensión más amplia, vinculada a la configuración de estándares que hoy se consideran indispensables. La salida del Banco Popular en 2003, en un momento de fortaleza y reconocimiento de la entidad, permite entender su contribución en el marco de una cultura de prudencia y disciplina institucional.

La brillante trayectoria de Suso se entiende mejor cuando se pone en relación con las demás dimensiones de su persona. En él todo remitía a un mismo fondo de convicciones hondas, discretamente encarnadas, que marcaron de manera decisiva su forma de estar en el mundo. Su fe, vivida desde su condición de católico y supernumerario del Opus Dei, ocupó un lugar central. En ella encontraba el fundamento de su coherencia.

Suso fue también un hombre profundamente comprometido con la libertad, entendida como espacio de responsabilidad personal. En su vida familiar, ese principio se traducía en apertura cordial y en confianza. Junto a Lourdes Parada, formó una familia numerosa y unida, abierta a todos los que tantas veces nos hemos sentido parte de ella. En casa de Suso y Lourdes la elegancia —en el sentido más pleno del término— era y es una forma de ser y de relacionarse. Una elegancia que sabe hacer uso de la palabra y del silencio, sobre todo cuando el silencio puede ser una forma superior de respeto.

En una época que tiende a valorar lo inmediato y lo visible, la figura de Suso invita a recordar la importancia de quienes trabajan desde la discreción, con constancia y con un profundo sentido de las instituciones y de las personas. Deja el legado del hombre íntegro, inteligente, trabajador, atento a los demás y profundamente leal. Un alma grande.

Esa es la memoria que permanece y que hoy honramos, junto a Lourdes y a sus hijos, todos los que tanto le hemos querido y admirado.

  • Elena San Román es catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid
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