José Ignacio López de Arriortúa
José Ignacio López de Arriortúa (1941-2026)
El ejecutivo que veía más allá
Genio de la industria automovilística, su paso de General Motors a Volkswagen desató una batalla legal y comercial de alcance planetario
José Ignacio López de Arriortúa
Ingeniero industrial
Doctor ingeniero industrial, empezó prestando sus servicios en diversas empresas del País Vasco, antes de incorporarse a la planta de General Motors en Figueruelas. La multinacional le nombró jefe mundial de compras de su filial Opel en 1987, y de la propia General Motors en 1992. En 1993 fichó por Volkswagen.
Fue en 1993 cuando Volkswagen, sumida en una prolongada crisis financiera, decidió, a modo de «fichaje estrella», hacerse con los servicios de José Ignacio López de Arriortúa, a la sazón jefe de compras de General Motors, tras haberlo sido de Opel, una de sus filiales. En un mercado automovilístico en plena ebullición debido a los primeros efectos de la incipiente globalización, el traspaso del ejecutivo español –había nacido en 1941 en Amorebieta– desató una enconada batalla legal y mediática –hizo correr durante meses ríos de tinta en la prensa internacional, incluida la generalista– entre acusaciones de competencia desleal y espionaje industrial.
El enfrentamiento entre ambas marcas llegó al punto de una petición de extradición de López de Arriortúa –que ya era conocido como «Superlópez»– emitida por un juez norteamericano. Al final General Motors y Volkswagen llegaron a un acuerdo al margen de los tribunales mediante el cual el constructor alemán se comprometía a abonar al norteamericano 100 millones de dólares y a comprarle durante 7 años componentes por un valor estimado en mil millones de la misma moneda.
Si se alcanzaron esas cifras astronómicas por la suerte de un solo hombre, era porque López de Arriortúa había demostrado ser un visionario fuera de lo común en etapas anteriores; no tanto por haber implantado métodos preexistentes, sino por haberlos sabido adaptar al sector automovilístico. A finales de los setenta en la planta de Firestone en Basauri –su primer contacto con el universo automovilístico– mejoró el rendimiento de los ejecutivos cronometrando las distintas etapas del proceso productivo. Era el método Bedeaux.
En la planta de General Motors en la localidad aragonesa de Figueruelas, se decantó por el método Picos, acrónimo en inglés de Optimización del Concepto de Productos Comprados con Proveedores. Como explica la web motorpasion.com, «se basaba en enviar a los ingenieros a las plantas de proveedores para mejorar procesos y reducir costes inspirándose en los procesos de las propias fábricas de General Motors. A cambio, si aceptaban, les ofrecía un contrato estable con el fabricante». Conclusión: «así redefinió la relación de las marcas con la industria auxiliar». En ambos casos mejoró la rentabilidad de las respectivas empresas.
López de Arriortúa no pudo demostrar esas habilidades en Volkswagen, empresa que abandonó al cabo de pocos años. Su siguiente proyecto, una fábrica de coches en Amorebieta, no pasó de la fase conceptual, pese a que ya disponía de financiación y había puesto nombre al futuro automóvil: CarMen. Un grave accidente en una carretera burgalesa a principios de 1998 truncó su carrera profesional. Se recuperó, pero se retiró a Busturia, donde ha fallecido.