16 de agosto de 2022

Perro come perroAntonio R. Naranjo

Vara, Page y Lambán, Las Supremes del PSOE

Por muchas carreteras que hayan hecho a lo largo de sus años de presidentes autonómicos, nada les resumirá mejor que su cobardía cuando, en sus narices y en su nombre, un presidente sin principios le hizo bullying a la Constitución, a la separación de poderes, a la Corona, a la convivencia y a España

Cuando la gente en general y los políticos en particular se hacen mayores, experimentan un curioso proceso similar al visible en Paul MacCartney: terminan pareciéndose a su hermana, si la tienen, o a su némesis, que la tuvieron.
No es casual que Felipe González y Mariano Rajoy comparecieran conjuntamente en un foro con nombre de balneario con nombre de jabón, La Toja, para ejercer de hermanas bien avenidas y preocupadas por la madre, que se llama Patria y tiene los achaques del geranio frecuentado por el pulgón.
En ese coro de voces inquietas por España también cabe Aznar, y de hecho cupo con González en otro atlántico foro, y solo queda en el extrarradio la hermana pequeña, algo casquivana y tropical, deslumbrada con la modernez de pega de Podemos y dispuesta a salir, con faldita a esas edades, de garitos con Otegi. O quizá empachada de pollo a la Carvajal, el plato de moda.
Zapatero es el único que canta en una foto que llena como puede el hueco que en otros países es casi litúrgico y merece un respeto venerable: el de los padres de la patria, señores y señoras preocupados desinteresadamente por su país, ya al margen de los objetivos electorales de sus propios partidos.
Lo que en otros lugares utilizan como freno de mano de los presidentes de turno, aquí se presenta como jarrones chinos, prescindiendo de una experiencia, una madurez, unos conocimientos y unas ganas que, por no serles remuneradas, son especialmente puras.
Seguramente cuando Sánchez sea expresidente, puesto para el que lograría una mayoría absolutísima si lo sometiera a referéndum, ese estatus hoy incómodo variará y de repente encarnará los valores sintetizados de Adenauer, Kennedy y Churchill; a los que no conoce pero citará como ahora a Franco, las Trece Rosas o Lorca, con esa bisutería retórica que caracteriza a Gretito I de España y V de la Humanidad.
Pero es ahora cuando hay que agradecerles a los González, Guerra, Aznar o Rajoy que se vengan un poquito arriba y sitúen a tantos dirigentes del presente frente al espejo de sus silencios, de sus complicidades y de sus omisiones en un momento en el que su miedo a perderlo todo les lleva a olvidar que no se juegan nada: un puñetero sueldo y un coche oficial, aunque parezca que van a pasarles a garrote o, peor, obligarles a escuchar una conferencia de Monedero si se atreven a decir lo que piensan.
No tendrán Las Supremes del PSOE –los Page, Vara, Lambán y compañía– otra oportunidad mejor de pasar a la historia que decir, hoy y ahora, lo que González y Rajoy dicen ya de jubilados valientes sobre la crisis sistémica que deja Sánchez, el Midas del papel mojado.
Y por muchas carreteras que hayan hecho a lo largo de sus años de presidentes autonómicos, nada les resumirá mejor que su cobardía cuando, en sus narices y en su nombre, un presidente sin principios le hizo bullying a la Constitución, a la separación de poderes, a la Corona, a la convivencia y a España.
Con ellos callados y una maleta repleta de mudas y esparadrapo, por si hoy toca Comité Federal, hay cola en el retrete y se silencian encima.
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