04 de julio de 2022

Perro come perroAntonio R. Naranjo

Felipe, la última esperanza del PSOE

¿Irá el viejo padre de la patria a someterse a Pedro Sauron y a empadronarse en Mordor también o acudirá a decirle que el PSOE no pacta con Bildu ni llama federalismo al independentismo?

Durante 48 horas, la capital de la Comunidad Valenciana será Sofía, en homenaje al Congreso búlgaro que Pedro Sánchez ha organizado para escuchar saetas de barones, cuadros y cargos públicos del partido que un día fue conocido como socialista y español.
Antes de nada, hay que felicitarse por la prosperidad efímera que el cónclave dejará en Bulgaria, donde se espera una alta demanda de productos de IVA reducido como la vaselina, el colutorio o las rodilleras; así como la apertura dominical de todas las clínicas de fisioterapia especializadas en lesiones cervicales.
Ninguna genuflexión es lo suficientemente indigna si con ello se logra la satisfacción del jefe y un gesto similar al de Ralpf Fiennes encarnando a Amon Göth, el jefe del campo de concentración de Plaszow en Cracovia, en La Lista de Schindler, cuando se siente magnánimo: «Te perdono», dirá tal vez Su Excelencia a ese coro de blandengues que conforman Vara, Page, Barbón, Puig y Lambán.
Pero si la sumisión de los barones y transformación de los asistentes en meras cheerleaders de Pedrito no es una sorpresa, la participación de Felipe González en la fiesta sí resulta una incógnita.
¿Irá el viejo padre de la patria a someterse a Pedro Sauron y a empadronarse en Mordor también o, por contra, acudirá a la fiesta sanchista a decirle que el PSOE no pacta con Bildu ni persigue más a Juan Carlos I que a Artapalo ni llama federalismo al independentismo?
La simple duda parece avalar el peor de los presagios, especialmente desde que esta semana el combativo Alfonso Guerra abucheara a los abucheadores de Sánchez el 12-O y se preguntara cómo es posible que algunos prefieran aplaudir a una cabra que a un presidente, obviando que la cabra no se presenta a las elecciones ni gobierna por Otegi.
Si Felipe se postra de hinojos con Pedrito, todo asomo de rehabilitación del general secretario del PSOE, esbozada tras el pacto con el PP para renovar el Tribunal Constitucional; quedará tan quemada como las naves de Orión de Blade Runner y Sánchez habrá logrado la legitimidad final que no merece: la de un presidente que vio morir a los suyos por ETA y ahora se traga, sonriendo, los acuerdos con Batasuna.
Si González va a Valencia a hacer también de palmero, que busque luego residencia en Toledo cerca de Page: puestos a agacharse, que lo haga junto a un profesional.
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