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17 de abril de 2024

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Del amor yolandero

La fabricación y tráfico de explosivos, así como la tenencia ilícita de armas, nada tenían que ver con el terrorismo, y mucho con el amor. Esto del amor es un lío

Actualizada 05:25

Definir el amor es empresa imposible. Son muchos los amores que vuelan sobre los seres humanos. Jardiel escribió que intentar definir el amor es tan difícil como pretender pinchar a una mariposa con un poste de telégrafos. El Dante lo elevó al infinito: «El amor mueve al sol y las demás estrellas». Manuel del Palacio, el gran poeta satírico, se refirió a la ira del amor: «La ira del amor es peor que un dolor de muelas». Y Miguel Ángel lo introdujo en los espacios de Dios: «El amor es el ala que Dios ha dado al hombre para volar hasta Él». Shakespeare era partidario del amor medido: «Amad dulcemente, moderadamente, sin entusiasmo». Y Fletcher se ocupó del amor canino: «El amor puede hacer ladrar en versos a un perro». Para Herrick, la tendencia «shakesperiana» imperaba: «Ámame poco si quieres amarme por mucho tiempo». Y Javier Arzallus fue partidario del amor gastronómico. Recién colgada de la primera percha su sotana jesuítica y su capellanía en la Embajada de España en Bonn, donde oficiaba por «nuestro amado caudillo» la Santa Misa los domingos y el 18 de Julio, Javiercho, ya seglar, tuvo dos novias simultáneamente. Él les decía «la guapa» y «la corriente». Eligió a la corriente y renunció a la guapa. «Es mucho mejor cocinera». Y el gran escritor de humor italiano Pittigrilli, contemporáneo de Guareschi y Mosca, no creía en el amor duradero: «El amor es un beso, dos besos, tres besos, cuatro besos, tres besos, dos besos, un beso»… Si bien, la definición del amor más grande, duradero y profundo es la de Pedro Sánchez: «Yo me amo profundamente a mí mismo. Y lo preocupante y al mismo tiempo, milagroso, es que cada día que pasa me amo más. Mi gran tragedia es que no puedo besarme».
Pero hay más amores. El amor terrorista, por ejemplo. Menos de diez minutos duró el juicio en la Audiencia Nacional de cuatro miembros de la organización terrorista gallega «Resistencia Galega». Pactaron las condenas con la Fiscalía y la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Reconocieron los hechos imputados y asumieron la condena de 28 años de cárcel a dividir entre el grupo. Tres de ellos, después de declararse culpables, restaron callados hasta el final del juicio. Pero un cuarto habló, y lo hizo emocionado. Entre los delitos que asumieron haber cometido como dirigentes de la banda, destacaban la fabricación, tráfico y suministro de explosivos y la tenencia ilícita de armas. De ahí la sorpresa que produjeron las palabras de Miguel García Nogales, el jefe del cuarteto: «Quiero añadir, que aunque reconozco los hechos y acepto las sentencias del Tribunal, considero que ni a mí ni a mis hermanos nos define el adjetivo de terroristas, porque mi militancia nunca estuvo orientada al terror, sino todo lo contrario, cara al amor. Milito para cementar, para regar el amor a Galicia, que es un país que está en peligro de extinción». Ya lo sabe Feijóo. La bellísima y pujante Galicia está en peligro de extinción, como el oso panda. Y la fabricación y tráfico de explosivos, así como la tenencia ilícita de armas, nada tenían que ver con el terrorismo, y mucho con el amor. Esto del amor es un lío.
Y escribo que un lío, un barullo, porque cuando fueron detenidos recibieron el apoyo, la solidaridad y el amor de Yolanda Díaz, que últimamente ha recordado su amor por Gramsci. Porque Yolanda vive en el amor permanente, siempre rodeada de amor, desde Garamendi a Ada Colau, pasando por Gramsci, el Che Guevara, Pepe Stalin y Nicolás Maduro. Y recientemente, por Putin. El amor, eso tan difícil de definir.
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