16 de agosto de 2022

El astrolabioBieito Rubido

Lo que España tiene que aprender de Portugal

Lo mejor del luso Antonio Costa fue su discurso tras la victoria electoral: dijo el socialista que «la mayoría absoluta no quiere decir poder absoluto»

Ya sabemos que Sánchez se apunta a un bombardeo, siempre y cuando crea –en muchas ocasiones de manera equivocada— que las bombas le pueden ayudar en su delirio narcisista. El último ejemplo es su intento de acogerse a la magnífica sombra que proyecta la victoria de Antonio Costa, al frente del Partido Socialista, en el vecino país, Portugal. Ojalá que Sánchez fuese Antonio Costa. Ojalá. Ya no por su bonhomía, cordialidad y humildad. Ya no solo por eso, sino sobre todo por bajar los impuestos, gestionar bien la crisis económica, desarrollar una diplomacia serena y ejemplar y no cargar con el 21 por ciento, por ejemplo, las mascarillas. También por gobernar en solitario y saber hacer frente a los extremistas de la izquierda portuguesa. Nada que ver con Sánchez. Pero lo mejor de Antonio Costa fue su discurso tras la victoria. Dijo el socialista portugués que «la mayoría absoluta no quiere decir poder absoluto» y que tuviesen la seguridad los ciudadanos de que gobernaría para todos los portugueses. Justo lo que Sánchez no hace en España. Solo hay que ver su ley de educación o su permanente descalificación de la oposición, para entender que el gobernante español está en las antípodas de su homólogo lusitano. No quiero pensar cómo gobernaría Sánchez con una mayoría absoluta. Es algo que España se tiene que plantear: la involución democrática sufrida estos años del gobierno social-comunista necesitan un bálsamo urgente de más democracia. Para ello, todos los gobernantes deben concienciarse que hasta el más democrático de los poderes es siempre un privilegio. Antonio Costa parece tenerlo claro. Sánchez, ya lo dudo.
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