13 de agosto de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Oltra

Mucho me temo que en unos meses Mónica Oltra seguirá en su cargo, Ximo Puig en el suyo, la niña violada, acusada de falso testimonio, y el juez que ha procesado a la minifaldera de orondo muslamen, en la cárcel

Creo que al afirmar que Mónica Oltra no me gusta absolutamente nada, ni como política, ni como persona ni como mujer, no tropiezo en la anticonstitucionalidad. Como política me parece cínica, cobarde y nefasta; como persona, nefasta, cobarde y cínica; y como mujer, muy ordinaria. Tan ordinaria como la esposa de un banquero que surgió de la nada hacia el todo, en tanto que su mujer se quedó en sus orígenes, ajena a la evolución de su marido. Y que al enseñar a sus amigos su nueva casa en La Moraleja, al mostrarles el enorme cuarto de baño anexo al dormitorio principal no disimuló su orgullo. –Ej que tanto a mí como a mi ejposo noj encantan los váteres ejpaciosos–.
El marido de Mónica Oltra abusó sexualmente de una menor tutelada por su propia consejería. Un cerdo y un canalla. Y la víctima no sólo no recibió ayudas, disculpas, cariño y justicia por parte de la Oltra, sino persecución, descrédito y toda suerte de trabas para que su caso se perdiera en el olvido. Ni las íntimas de la Oltra, Yolanda, Irene, Mónica médico y madre, Ada Colau y la marroquí acoplada han abierto la boca. No hay pruebas, pero el juez que ha pedido su procesamiento indica «que hay indicios serios, racionales, sólidos y fundados» de la participación de Mónica Oltra en la operación de distracción y ocultación de los abusos sexuales de su marido a la menor tutelada por ella. Y Mónica Oltra no ha dimitido, y Ximo Puig apoya a su segundona, «porque no hay pruebas», aunque sí indicios serios, racionales, sólidos y fundados. Es decir, lo que no había cuando Mónica Oltra, apoyada por los podemitas, socialistas, comunistas y el diario El País, montó una campaña difamatoria escalofriante y obsesiva contra Rita Barberá, la gran alcaldesa de Valencia asesinada por la angustia, y abandonada por su propio partido, y Francisco Camps, presidente de la Generalidad de Valencia. Una y otro, declarados plenamente inocentes por la Justicia. Inocencia manchada por las calumnias de Mónica Oltra «sin pruebas». Camps recuperó su honor y Rita Barberá falleció deshonrada en la soledad de un hotel de Madrid.
Mónica Oltra se ha negado a dimitir y Puig descarta su cese hasta que la Justicia resuelva. La Justicia, bien manejada desde el poder, puede retrasar su resolución los años que la procesada necesite para irse de rositas o prescriba su caso. Cuando un juez asegura por escrito que hay indicios serios, racionales, sólidos y fundados de la participación de esta mujer tan ramplona en la depravada causa, es un deber cívico confiar en la veracidad de los indicios del juez, y no en el «no hay pruebas» de la presumible entorpecedora de la acción de la Justicia.
Nada sorprendente. España se está convirtiendo en una Venezuela a marchas forzadas. Y mucho me temo que en unos meses Mónica Oltra seguirá en su cargo, Ximo Puig en el suyo, la niña violada por el marido de Mónica Oltra, acusada de falso testimonio, y el juez que ha procesado a la minifaldera de orondo muslamen, en la cárcel.
Todo es posible en un estado que a punto se halla de dejar de ser un Estado de Derecho, en el que el –todavía– partido principal de la oposición asciende a lo más alto de la responsabilidad ideológica y política a un tipo que desbarra y reconoce ser «seguidor de Pablo Iglesias desde el Partido Popular porque es culto, inteligente y muy creativo». Seguidor desde el Partido Popular de uno de los causantes del desastre español, amigo de etarras, de separatistas y orgulloso discípulo de Pepe Stalin. Este hombre tan admirador se llama Esteban González Pons, y es de Valencia.
Con Rita y con Camps no estuvo tan cariñoso.
Aclaración. El artículo sonriente de cada semana cambia de día y se publicará los lunes.
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