13 de agosto de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

El de los logros

Aznar no ha reconocido jamás sus errores, porque su soberbia es ilimitada. Menos que la del actual presidente del Gobierno, entre otros motivos porque intelectualmente Aznar está muy por encima de Antonio el hortera

Me cuentan que Aznar, en despacho con el Rey Juan Carlos I, le comunicó de esta manera su decisión de casar a su hija Ana en El Escorial.
–Señor, hemos decidido que la boda de nuestra hija tenga lugar en la basílica del Monasterio del Escorial. Y todos los invitados de chaqué y las invitadas de largo.
La respuesta del Rey fue escueta.
Joé, tú mismo.
Aznar desprecia a Vox y no disimula su distancia entre mueca y mueca: «Vox no tiene logros que presentar ante el electorado. No ha gestionada nada». Y tiene razón. Cuando Aznar gobernaba, todos o casi todos los dirigentes de Vox formaban parte de la militancia del Partido Popular. Años más tarde, durante el Gobierno presidido por Soraya Sáenz de Santamaría y con la clase media española asaltada a mano armada por Cristóbal Montoro, bajo la extravagante «presidencia» de Mariano Rajoy, los principios y valores que fueron tirando los gobernantes del PP por las esquinas, fueron recogidos por Vox. Entre esos principios y valores muchos tuvieron que recuperarlos de los cubos de desperdicios de los tiempos de Aznar. Rajoy acertó en su política económica, pero olvidó todo lo demás. Y ese acierto se culminó gracias al incumplimiento de su promesa respecto a la política fiscal. Fueron los españoles los que salvaron la crisis y la no intervención de nuestra economía. Vox nació y se hizo un sitio, hoy importantísimo y numerosamente habitado en la política española por defender lo que el PP había abandonado. No tiene logros que presentar porque no existía en la época de Aznar, que tuvo logros, y descomunales fallos, entregas y sumisiones que hoy sigue pagando a un precio altísimo lo que queda de nuestra milenaria nación, el Estado más antiguo de Europa.
Aznar gobernó en minoría entregado, al principio de su primer Gobierno al PNV de Arzallus, y siempre amparado por el nacionalismo-separatismo catalán. Jordi Pujol le exigió a cambio del apoyo parlamentario de CiU la supresión del Servicio Militar, aquel período en el que decenas de miles de jóvenes españoles, procedentes de todas las provincias de España, convivían mientras cumplían con un deber y un derecho. Donde muchos aprendían lo que es y significa España, y lo que representaba el esfuerzo, el compañerismo, la decencia, la honestidad, la verdad, el respeto a nuestros símbolos y la disciplina. Jordi Pujol le exigió a Aznar, a cambio del apoyo parlamentario del nacionalismo-separatismo catalán la cabeza del dirigente del PP en Cataluña, Alejo Vidal-Quadras, que superó con creces la veintena de parlamentarios autonómicos en el Parlamento de Cataluña. Y Aznar le entregó la cabeza de Vidal-Quadras a Pujol en bandeja de plata. Y Jordi Pujol le exigió a Aznar la plena transferencia a Cataluña de la Educación, y Aznar tuvo el gran logro de entregársela. Hoy sabemos hasta dónde ha llegado su gran logro. Porque Aznar también apoyó la inmersión lingüística, y vistas las cosas desde hoy hacia el ayer, se creyó Napoleón dándole lecciones a Bush de occidentalismo militar. Yo estuve de acuerdo y defendí su postura, hasta que aquellas armas químicas infernales que guardaba Sadam Husein bajo las arenas de su desierto para fulminar al mundo libre resultaron un invento, una amenaza inexistente.
Aznar no ha reconocido jamás sus errores, porque su soberbia es ilimitada. Menos que la del actual Presidente del Gobierno, entre otros motivos porque intelectualmente Aznar está muy por encima de Antonio el hortera. Pero Aznar tiene que saber asumir sus fallos. El PP consiguió con él su apoyo más alto, no siendo un sujeto ajeno a su lograda mayoría absoluta cuatro años más tarde, el favorable impulso de una larga temporada de bienestar económico en Europa. Que no es restarle méritos, porque de haber tenido la misma oportunidad el gamberro actual, jamás la habría aprovechado.
Vox tiene la pureza de no haber gestionado nada. Y como muchos jóvenes dirigentes del PP, sobre todo una madrileña, la esperanza de millones de españoles decepcionados y desesperanzados. Creo en las gafancias. Aznar dejó de ser el austero castellano cuando la boda de su hija. Y ahí empezó su declive, porque traicionó a su manera de ser.
–Señor, que hemos decidido que Ana se case en El Escorial, y todos de chaqué.
-Joé, tú mismo.
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