Los sectores productivos desmienten el crecimiento del PIB del INE
El análisis por ramas de actividad revela deflactores imposibles, sectores clave con precios artificialmente a la baja y un crecimiento que no encaja con la evolución real de costes, inversión y consumo
«Solo sé que no sé nada». Esta frase –atribuida a Sócrates, pero difundida por Platón– define perfectamente lo que me está pasando en estos momentos al analizar el PIB de nuestro país visto desde el punto de vista de la oferta, que no es otra cosa que contabilizarlo desde los sectores que producen la riqueza de la economía de un país.
Lo que les voy a explicar me cuesta incluso a mí entenderlo, con lo cual espero hacerlo correctamente para evitar confundirles, pero es que cuesta creer que sea realidad lo que está pasando con la Contabilidad Nacional. Porque o yo soy muy torpe y veo fantasmas donde no los hay, o la degradación de nuestras instituciones es de tal calibre que resulta imposible creérsela.
Si estuviésemos en un país normal, tendría que pensar que el equivocado soy yo, pero en este país donde nos han mentido hasta con el supuesto mantenimiento integral de la vía del AVE –y ya sabemos que todo es falso y que han muerto 46 personas por falta de mantenimiento real–, cuando en 2025 vamos a llegar a un gasto público que superará los 785.000 millones de euros, 60.000 millones más, solo me cabe pensar que me están engañando.
El INE nos dice que la economía ha crecido un 2,6 %, cosa que ya hay que empezar a poner en duda, cuando en 2024 crecimos un 3,6 %, de cuyo crecimiento también dudo. Lo que les voy a mostrar es el crecimiento en valor nominal de los sectores económicos, es decir, con la inflación incluida, y el resultado en términos reales, que son los que valen, calculados por el sistema de índices encadenados.
Como ya dije en un artículo anterior, el PIB esta vez no tiene discrepancias globales y se puede aceptar por bueno, pero no así su composición, donde hay muchas cosas raras.
En primer lugar está la agricultura, que crece un 3,2 % y debería estar en un crecimiento cercano al 0 %, pero resulta que el INE se contradice diciendo que ha caído cuando todos sabemos cómo se han comportado los precios del sector agrícola, fundamentalmente los alimentos. Sin comentarios, esos se los dejo a ustedes.
De aa construcción nos dicen que crece un 8,9 % en actividad cuando en este país la obra pública no solo está parada, sino que prácticamente no existe: ni para carreteras, ni para ferrocarriles, ni se construyen puertos ni aeropuertos. Pero es que, encima, nos dicen que los precios de este sector solo han subido un 1,7 %. Raro, muy raro.
Otro sector que llama mucho la atención es el más importante de nuestra economía: comercio, transporte y hostelería. Y aquí pasa justo lo contrario: nos dicen que el valor del sector crece un 7,4 % en términos nominales y un 5,1 % en términos reales, lo que equivaldría a una inflación del 2,3 %. Cuando todos sabemos el crecimiento brutal de los precios en restaurantes y hoteles –el sector que más ha subido con diferencia–, resulta imposible creer que el deflactor de este sector solo crezca un 2,3 %. Resultados inflados.
El sector de actividades financieras oficialmente decrece un 5,1 %, pero en términos reales crece un 4,2 %. Esto equivale a que los precios de los servicios bancarios hayan caído un 9,3 % en el año, lo que implicaría que la banca cobra menos por comisiones, ha reducido sus márgenes de intermediación y, en definitiva, que tiene menos rentabilidad. Creo que todos hemos leído que los bancos han ganado mucho más dinero y se han revalorizado fuertemente en bolsa. Resultados inflados.
Para no darles más la matraca y dejar claro que aquí pasa algo, la partida de impuestos menos subvenciones crece un 10 %, lo que aparenta una economía muy dinámica, porque no se olviden de que en Contabilidad Nacional los impuestos sobre los productos se incorporan al PIB al formar parte del valor de mercado pagado por el consumidor, mientras que las subvenciones se deducen al no representar valor creado por la actividad productiva, sino una transferencia pública.
Pero cuando se descuenta la inflación resulta que esta partida decrece un 0,5 %. Es decir, que la inflación real del valor agregado de nuestra economía sería del 10,5 %.
Esto, aparte de un dislate, nos estaría diciendo que el crecimiento recaudatorio responde fundamentalmente al efecto precios y no a un mayor volumen de actividad económica. Cosa que, si es cierta, desmonta por completo el supuesto crecimiento.
Por eso estamos ante una situación no sostenible en los datos del PIB, porque si lo que refleja el INE en los impuestos es correcto, es que no crecemos. Pero nos dicen que sí, que crecemos, y que además lo hacemos como un cohete. Vamos: o el cohete no existe o estos impuestos no cuadran.
Por lo tanto, después de todo esto tengo que decirlo claro: solo sé que este PIB no es verdad.