20 de mayo de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Claridad

A partir de ahora, gracias a Sánchez y la impresentable Batet, los espiados vamos a ser todos los españoles, menos los etarras y los traidores catalanes

La claridad en el lenguaje ha sido derrotada por la cobardía. No se habla claro, no se escribe claro y no se piensa en claro. El titular del editorial de El Mundo es claro y sencillo de entender, pero no lo suficiente: «Batet rinde las Cortes al chantaje de los separatistas». ¿Se chantajea a sí misma la Batet? ¿Se rinde ante su chantaje? Batet fue partidaria del referendo ilegal convocado por los separatistas, y por ello no puede sentirse ofendida si muchos la incluimos en el separatismo catalán.
Sánchez y Batet han abierto la puerta de los secretos de Estado al separatismo y al terrorismo. Eso se entiende mejor. No se concibe mayor vileza ni traición más nauseabunda.
Entre las obligaciones del CNI, del Centro Nacional de Inteligencia, está la de espiar a los traidores, conocer sus movimientos e identificar a sus agentes, contactos y colaboradores. El CNI no puede estar expuesto a que sus investigaciones caigan en manos de sus investigados. ¿Por qué los herederos de la ETA y los golpistas de ERC están tan interesados en formar parte del Centro Nacional de Inteligencia español?
No será por orgullo patriótico. No será para favorecer a España, a su unidad, y a su Estado de derecho. El objetivo es el contrario. Contaminar, infectar, entorpecer el funcionamiento de una institución que, por definición, tiene que ser oscura. En todos los Estados libres el espionaje es oscuro y, en ocasiones, sobrevuela a las leyes. Eso lo sabemos todos, y el que lo niegue, miente. Se habla mucho estos días de Pegasus, el espionaje al separatismo catalán, los golpistas y los traidores. Estoy plenamente de acuerdo con los que hayan decidido montarlo y desarrollarlo. Gracias a ello, se han detectado las amistades, peticiones de dinero, y concordias escalofriantes de Puigdemont y Putin. El espionaje es sucio, y vaya si lo es. Pero se trata de una suciedad tan necesaria como benéfica para controlar a la mugre. Y la mugre, gracias a Sánchez y Batet, es la que ahora se dispone a controlarnos a todos. El espionaje sí es un secreto de Estado, no lo que gasta Irene Montero en Chile durante un fin de semana con la niñera-asesora e Isabel Serra. Los espías no se identifican como tales. De hacerlo, dejarían de serlo inmediatamente. Sólo el director del CNI conoce la verdadera identidad de cada uno de sus funcionarios. A partir de ahora, la podrán conocer los etarras y los golpistas catalanes.
Cuando se celebraron las elecciones presidenciales al Real Madrid en las que mi candidatura fue derrotada por la de Ramón Mendoza, sus servicios de espionaje fueron mucho más efectivos que los míos, que carecía de ellos. Tenía en mi candidatura dos submarinos que informaban continuamente a Mendoza de mis movimientos. Pasados los años, nos divertíamos Ramón y yo comentando aquellas cosas, el incendio provocado por los Ultras Sur de mi sede electoral, y el voto emitido por correo de más de quinientos socios fallecidos a favor de Ramón. Votos que fueron admitidos como válidos.
El día de las elecciones, previas a un partido Real Madrid-Sevilla, los candidatos a la presidencia y los miembros de las candidaturas recibimos unas identificaciones, unas tarjetas plastificadas con nuestros nombres, para movernos por el estadio sin problemas. Teníamos asignados los dos candidatos, Ramón Mendoza y el que escribe, una pareja de policías nacionales. Los míos, Encarna y Antonio, unos tipos estupendos. Se presentaron a recoger sus tarjetas y les dieron lo que sigue. Aparecían sus fotografías con sus nombres y apellidos. «Candidatura Alfonso Ussía». Y en el faldón de abajo, con grandes caracteres se leía: «Policía Secreta». Algo así es lo que pretenden, imaginado desde la broma, los proetarras y los golpistas catalanes. No hay que olvidar que siendo parlamentario vasco por Herri Batasuna, y jefe máximo de la ETA en sus años más sangrientos, 'Josu Ternera' fue designado en el parlamento de Guernica «presidente de la Comisión de Derechos Humanos», con el apoyo del PNV y algunos votos del PSE.
Si hay que espiar a los traidores, se les espía. A partir de ahora, gracias a Sánchez y la impresentable Batet, los espiados vamos a ser todos los españoles, menos los etarras y los traidores catalanes.
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