29 de junio de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

La chulería del déspota

Esto recuerda al chiste del hombre que es despertado a las tres de la mañana por una llamada de teléfono –cuando usábamos teléfonos fijos– y el que llama dice al que contesta: «Disculpe, ¿es el 91 5883651?» y el recién despertado contesta: «Ni uno, oiga, es que ni uno». Lo de Rusia en Ucrania es igual

El acto de ayer en Moscú fue de una arrogancia infinita. Moscú siempre fue arrogante, con los Zares –admitamos que entonces era San Petersburgo– y con los secretarios generales del Partido Comunista de la Unión Soviética. Ahora sabemos que todo el aparato del PCUS se ha reconvertido en una nueva dictadura en la que mandan los mismos, pero ahora disfrazados de nacionalistas rusos. Aunque igual que con los comunistas, hacen que sea rico el círculo de amigos del poder. Sólo que aplicando un capitalismo salvaje y amoral, que permite que algunos se hagan mucho más ricos que otros. A diferencia de con el comunismo puro, con el que todos eran pobres, aunque algunos bastante menos pobres que otros.
La agit prop moscovita hubiera querido anunciar el 9 de mayo la victoria sobre Ucrania. Sin duda eso estaba detrás de lo que el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, anunció al Papa Francisco y éste comunicó públicamente respecto a la proclamación de un final de la guerra en el día de ayer. La realidad, por desgracia, está muy lejos de eso. La guerra está más empantanada que nunca y aunque la enorme capacidad de fuego de Rusia le va dando lentamente victorias, el coste sólo es asumible porque hablamos de una dictadura despótica que puede dificultar mucho el conocimiento por su población de lo que de verdad ocurre en el frente. En una democracia, incluso si fuera defectuosa, no se podría sobrevivir con el número de muertos que acumula Rusia, que ellos creían que iba a ser irrelevante, con una guerra que se planteó como un paseo triunfal y en la que los rusos iban a ser recibidos como libertadores. Esto recuerda al chiste del hombre que es despertado a las tres de la mañana por una llamada de teléfono –cuando usábamos teléfonos fijos– y el que llama dice al que contesta: «Disculpe, ¿es el 91 5883651?» y el recién despertado contesta: «Ni uno, oiga, es que ni uno». Lo de Rusia en Ucrania es igual.
El problema es que a partir de aquí nuestra incertidumbre es cada vez mayor. Putin no ha dado en su discurso del 9 de mayo ninguna indicación. Es verdad que sigue hablando de luchar contra el nazismo. Lo que demuestra lo alejado de la realidad que se encuentra y la chulería que desparrama. Si Rusia quisiera convencer a alguien de la rectitud de su causa –lo que no incluye a Juan Manuel de Prada, que seguiría abrazado a Putin aunque sus tanques entraran por la puerta de la Iglesia de San Ginés en Madrid– no pretendería decirle que Ucrania está en manos de los nazis. Entre otras cosas, porque después de que Ucrania haya sido un Estado sometido a la dictadura soviética desde que en 1922 la República Socialista Soviética de Ucrania fuera uno de los fundadores de la Unión Soviética, no debería quedar ni rastro de nazismo. Especialmente entre los judíos ucranianos como Zelenski. República Socialista, por cierto, que se amplió en 1939 con las partes de Ucrania que habían pertenecido al Imperio Austrohúngaro y que en 1922 se adhirieron a Polonia. En 1939 Rusia las sumó a Ucrania.
Ojo al aviso dado en estas páginas el pasado domingo por el Archiduque Carlos de Austria, muy buen conocedor de la realidad ucraniana: «La doctrina militar rusa es muy clara en cuanto al uso de armas nucleares, biológicas o químicas (NBQ). Rusia nunca tuvo reparos en el uso de armas químicas, ya fuera en Chechenia o en Siria, si servía para sus fines. En la doctrina rusa, las armas nucleares tácticas se describen como 'armas de desescalada', lo que significa que se utilizan para aturdir al adversario hasta el punto en que este acceda a desescalar. Este argumento sumamente perverso no se hizo realidad, porque Siria, Georgia y Chechenia no ofrecían objetivos adecuados para los dispositivos nucleares tácticos, es decir, la densidad necesaria de soldados y material de alta tecnología en un espacio reducido. La situación en Ucrania es totalmente diferente, y los observadores bien informados solo esperan a que se utilicen las armas NBQ; no se preguntan si ocurrirá, sino cuándo».
Vayan tomando nota.
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