07 de julio de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Una memoria objetiva

¿Habrán llegado a los oídos de sus errados contratantes tramos de voz o de documentos que afectarían al prestigio del IE procedentes de Marruecos?

Por aquel artículo perdí muchos amigos. Pero mi obligación moral sobrevolaba a tan lamentable pérdida. Pedro Sánchez había pactado con los estalinistas de Podemos. Pablo Iglesias fue nombrado vicepresidente del Gobierno, y su cuota de ministros inútiles y resentidos, aceptada. Entre ellos, la ministra de Igualdad, en aquel tiempo compañera de hecho, lecho, chalet, piscina, barbacoas, treinta guardias civiles a sus órdenes, niñera , funcionaria de seguridad encargada de calentarle el asiento del coche para que la ministra no sintiera en sus nalgas el frío matutino de Galapagar y tres hijos en común con el vicepresidente comunista. Estaba claro el rumbo que había elegido Sánchez contra España, pactando los apoyos parlamentarios del separatismo catalán y los herederos de la ETA. Por aquel artículo perdí muchos amigos, irrecuperables, y alguno de ellos, amigo íntimo desde la infancia. Mi mujer era amiga desde la niñez de la mujer del protagonista del artículo, yo mantenía muy buenas relaciones con él, y mis hijos y sus hijos se trataban como primos hermanos. Aquel artículo rompió e hirió muchos sentimientos y estableció distancias insalvables. Lo escribí plenamente consciente del daño que hacía a muchos de los míos. Un daño lógico y medido, que no era comparable al terrible daño que se produjo en España cuando se supo la noticia.
Quizá, de los más brillantes y triunfadores, formidable empresario, creador y trabajador empedernido de mis amigos de la juventud, el más destacado era Diego Alcázar y Silvela, Marqués de la Romana, fundador y presidente del Instituto de Empresa, centro modélico de formación de miles de licenciados universitarios en sus diferentes ramas. Un curso en el IE valía – y vale–, mucho más que cien becas como las de Errejón o mil tesis doctorales plagiadas y redactadas por otros del aglutinador de brotes psicóticos que hoy nos gobierna. Tesis que coincidió con un libro que le financió generosamente Planeta –Atresmedia, la Sexta, Onda Cero, La Razón–, cuando su autor no fue Sánchez, sino su chica para todo, la periodista Irene Lozano, que tan extraordinarios cargos institucionales obtuvo a cambio de aquella suplantación.
La noticia no dejaba espacio a la duda. El Instituto de Empresa había contratado a la mujer de Sánchez, Begoña Gómez, como directora de un Proyecto a desarrollar en África. Como si el IE dependiera de dicho proyecto. Como si Begoña Gómez fuera una experta en asuntos africanos, como si la viabilidad del centro de estudios fundado por Diego Alcázar estuviera a expensas de la extraña contratación. No se hicieron públicas ni las condiciones ni las obligaciones laborales de la experta africana, que confundía el Senegal con Nigeria, Tanzania con Kenya y Costa de Marfil con la Costa Brava.
Al día siguiente de publicarse el artículo, se presentaron en mi casa montañesa el Marqués de La Romana, que acudió acompañado del Duque de Híjar, amigo mío desde antes de la memoria. Venían de Madrid a darme unas explicaciones que yo no les había pedido, menos aún al Duque de Híjar, que ya estaba jubilado. Fue una reunión educada, pero tensa. Defendió su decisión Diego asegurándome que se trataba de una contratación muy favorable para la empresa. Le respondí que no siempre las contrataciones políticas son beneficiosas, y menos aún, en el caso que nos ocupaba. Que había contratado a la mujer – y peor influencia- de un presidente del Gobierno que había formado un gabinete con enemigos de España, de su unidad y de su libertad, y que, desdiciéndose una vez más, se apoyaba en el Congreso en los votos del separatismo catalán, del separatismo vasco y de los herederos de la ETA. Con toda amabilidad nos despedimos, y hasta hoy.
Y hoy me llegan noticias, no del todo confirmadas, de la ruptura laboral o de colaboración especial entre el IE y la experta en África. Es decir, que el Instituto de Empresa ha dejado de pagar un pastizal a la mujer de Sánchez por no hacer absolutamente nada. Y me apena, más que nunca, la nefasta decisión que años atrás tomó Diego Alcázar, a sabiendas de su gravísimo error. Esa mujer, que llenó de sombras una institución con prestigio en todo el mundo, no valía para nada. No hay que responsabilizar exclusivamente al Marqués de la Romana de aquel extravagante paso. Pedro Argüelles, ex Secretario de Estado de Defensa con Pedro Morenés durante el Gobierno de Rajoy, y el nervioso Juan José Güemes, antiguo parlamentario de la Asamblea de Madrid con el PP, se mostraron entusiasmados con la contratación de la señora Gómez.
¿De qué se habrá enterado el IE para prescindir de su indolente e ignorante fichaje político? ¿Habrán llegado a los oídos de sus errados contratantes tramos de voz o de documentos que afectarían al prestigio del IE procedentes de Marruecos? Todo se sabrá a su debido tiempo.
De lo que me alegro, porque su obra no merecía tan monumental despropósito, es de la recuperación hacia la normalidad del IE, que se ha liberado de una hipoteca infectada. Pero deshacer lo que tan mal se hizo sólo puede tener una explicación. El mal superior que habría llegado en el caso de mantener semejante anomalía en nómina o en sobre sin recibo.
Y me alegro por el Instituto de Empresa, Diego Alcázar, y su impecable trayectoria hasta el tremendo tropezón. «Pegasus» puede ser la causa. Expectante me hallo.
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