29 de noviembre de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Un millón

El año que viene va a ser la monda. Y no me pierdo la carrera de Tacones

Se dice que un millón de personas han coloreado Madrid durante la temporada LGTBIQ+. No me extraña. A cada inicial añadida, más multicolores convocados. Empezó como «Orgullo Gay», pasó a LGT, se sumó la B, posteriormente la I, y el signo de +, y para el año que viene se esperan más iniciales para llegar al millón y medio de visitantes.
Irene Montero desea añadir a la futura convocatoria las iniciales WNYF, de tal modo que quedaría el movimiento tuttifrutti de esta manera. LGTBIQWNYF+. Las últimas iniciales homenajean a Washington, Nueva York y el avión «Falcon», imprescindibles para ensanchar lo que, durante mi infancia, juventud, madurez, primer otoño, otoño completo y aviso de invierno se reducía a dos posibilidades. El pitilín y la huchita.
No entiendo mucho de esto, pero intuyo que la inclusión del «más» (+) es consecuencia del nuevo partido de Yolanda Díaz «Sumar», tan concienzudamente programado por las cinco mujeres más imprescindibles de España. Yolanda Díaz, Ada Colau, Mónica García, Fátima Ahmed, y la fundamental Mónica Oltra, de la que todas sus compañeras están pendientes por lo mal que lo está pasando. Cuando vi las imágenes de su caudaloso sollozo durante el traspaso de poderes, no pude controlar el flujo de mis lágrimas. Me emocionó la tristeza de esa mujer al verse privada de su vocación vital. Servir a los demás haciendo el bien. Si Yolanda Díaz fuera tan bondadosa como quiere aparentar lo que no es, le encomendaría a Mónica Oltra la máxima representación y responsabilidad de «Sumar», haciéndose ella a un lado para permitirle el paso hacia la avanzadilla del progreso a quien ha entregado su vida al bienestar de las menores encomendadas a su tutela, y a combatir a los tuteladores que abusaban de las niñas, aunque fueran de la familia, no las niñas, sino los tuteladores.
Este año, por compromisos previamente adquiridos de imposible cancelación, me he visto privado, una vez más, de asistir a la competición deportiva LGTBIQ+ más importante del año. La Carrera de Tacones. Deploro el escenario elegido, que no reúne las condiciones. Esa carrera, famosa en el mundo entero –este año ha participado el vencedor de la prueba en los Juegos Olímpicos LGTBIQ+, y por ende, medalla de oro, el botsuanés Finú Mamé–, demanda un estadio con gran capacidad de público, y no una calle con los aficionados apiñados en las aceras. La prueba final, superadas las eliminatorias, dio como resultado el que se esperaba por la prensa especializada. Medalla de Oro y Copa LGTBIQ+, Finú Mamé (Botswana, y no Botsuana como escriben ahora). Medalla de Plata y Trofeo Marlaska, El Quetzal Irisado (Guatemala), y Medalla de Bronce y Copa Chueca, Guillaumenin Cul Frappé (Burdeos, Francia), que es la gran esperanza para la carrera del año que viene. Sus taconeos finales, su rush final como se dice en las carreras de caballos, es impresionante, si bien en la presente edición, atacó excesivamente tarde y fue superado por dos tangas por Finú Mamé y el Quetzal Irisado, que compite con máscara y esconde su identidad, porque no ha salido del armario, que no es lo mismo salir del armario en Guatemala que en España.
Un millón de visitantes y una deliciosa fiesta sexoecológica que ha dejado tiradas en las calles de Madrid decenas de toneladas de basura. El año que viene va a ser la monda. Y no me pierdo la carrera de Tacones.
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