17 de agosto de 2022

Pecados capitalesMayte Alcaraz

Que abran La Mareta

Con la inflación casi al 11 por ciento y los comerciantes echando cuentas sobre cuándo caerán en suspensión de pagos, Sánchez se ha calzado el bañador y acompañado de su familia, y seguramente de amigos, descansa en Lanzarote

Pedro Sánchez no va dejar ni medio recurso del Estado sin exprimir. El Falcon, el helicóptero súper puma, las residencias de Patrimonio Nacional y, por supuesto, la agencia de colocación en que ha convertido el BOE: hasta la jefa de prensa de Ferraz va a presidir el Hipódromo de La Zarzuela, para lo cual tiene la misma cualificación que yo para la ornitología. Por supuesto que los presidentes del Gobierno tienen derecho a disfrutar de los bienes públicos; incluso a veces tienen casi la obligación, en nombre de la seguridad, de no obstaculizar su adecuado blindaje, pero el caso presente es casi patológico. Como si fuera un nuevo rico con ganas de gozar de todo lo que le sale gratis hasta que los electores le manden a casa, no ha hecho ni el más mínimo gesto de austeridad en un tiempo de ajustes para la ciudadanía, a los que ya se encarga él de apretar la corbata al cuello hasta dejarles exangües para luego quemar la prenda en el altar del cambio climático.
Sánchez ya ha dado muestras de que, si por él fuera, mandaba a Don Felipe a Abu Dabi junto a su padre para asumir así la condición de presidente real o Rey republicano. Le ha despreciado protocolariamente, ha achicado todos sus espacios institucionales y se comporta como si fuera el jefe del Estado. Y todo, después de haber contribuido como nadie al exilio de Don Juan Carlos, como indecente tributo a sus socios. Así que para ir preparando el camino, mientras ordena reducir la presencia pública de Felipe VI hasta convertirlo en una especie de alto funcionario a sus órdenes, se ha creado una pseudo corte que traslada en verano a La Mareta, en Lanzarote, paradójicamente una fabulosa mansión que le regaló Hussein de Jordania a Don Juan Carlos, y que su hijo cedió a Patrimonio Nacional para que, al correr de los años, el presidente que más ha hecho por cargarse la Monarquía disfrute de un palacio real.
Mariano Rajoy visitó poco La Mareta, que ha albergado a algún jefe de Gobierno extranjero en viaje oficial a España. Algo la usó Aznar, pero quien más, Zapatero. Porque es lo que tienen los dirigentes socialistas, que regalan penurias para el pueblo pero viven a cuerpo de rey republicano, gracias al pueblo. Con la inflación casi al 11 por ciento y los comerciantes echando cuentas sobre cuándo caerán en suspensión de pagos, Sánchez se ha calzado el bañador y acompañado de su familia y seguramente de amigos, como hizo en el año de la pandemia, ocultando además el coste del hospedaje a los ciudadanos, descansa en Lanzarote.
Es muy llamativo que no haya verano en el que la izquierda y sus amigos xenófobos nacionalistas no reclamen, erre que erre, que la residencia real de Marivent, en Palma, se abra al público. Tanto es así que ya lo han conseguido, y sus jardines son mostrados a los ciudadanos desde 2017 con el verdadero objetivo de hacer la puñeta a la Familia Real. Ayer mismo, Don Felipe abrió su residencia mallorquina para la sociedad civil y la izquierda y el nacionalismo le dieron plantón. Aunque ninguno de esos perroflautas sufragados con dinero público ha podido refutar el inmenso retorno que la isla recibe en imagen, turismo e inversiones gracias a la estancia de Don Felipe en verano, lo cierto es que boicotean sus vacaciones de manera recurrente.
Es imposible no reconocer el gran escaparate internacional que supone la presencia de los Reyes en la isla, con huéspedes VIP a lo largo de su historia como Diana de Gales, Michelle Obama, Bill Clinton, Gorbachov o el emperador de Japón. Sin olvidar que, a diferencia del encierro de los Sánchez en La Mareta para disfrutar de sus lujos, las propias actividades náuticas del Monarca o las imágenes de la pareja real y sus hijas en paraísos como Valldemosa, son el mejor reclamo para el caché internacional.
Yo me pregunto: si tan vital es para los baleares acceder a los jardines de Marivent, habremos de reconocer el mismo derecho a los canarios y al resto de españoles para recorrer los 10.000 metros cuadrados de zona ajardinada de la residencia de los Sánchez. Espero ver esas pancartas reclamando democratizar La Mareta. La izquierda ya está tardando. Yo me apunto a esa lista de espera que va a ser como la del paro.
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