31 de enero de 2023

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Sesteando mientras deshilachan tu país

El plan de Sánchez para asaltar el TC al servicio de sus socios separatistas avanza ante la lacerante abulia de la oposición y de la inmensa mayoría de los españoles

Los periodistas resultamos un poco cargantes cuando incurrimos en el autobombo, estamos de acuerdo. Pero pido venia ante la importancia de este asunto. Desde la semana pasada, El Debate está publicando una serie de informaciones propias donde se ha detallado una de las mayores amenazas que penden ahora mismo sobre España, pues atañe a su propia identidad. Existe un plan judicial del actual presidente para deshilachar el país al servicio de su supervivencia política. La operación está ya en marcha mientras los españoles y los partidos de la oposición dormitan, centrados solo en la economía (importantísima, pero para nada el único desafío).
La información en cuestión resulta fácil de resumir: Sánchez va a asaltar el TC de manera inminente para ponerlo al servicio de los separatistas y poder pagar así el precio que le demandarían ERC y Bildu a cambio de apoyarlo en una segunda legislatura.
La factura para que Frankenstein 1 pudiese caminar fueron los indultos a los golpistas catalanes (la exigencia de ERC) y la liberación de los presos etarras (la exigencia de Bildu, ya en marcha por cortesía del siempre farisaico PNV). Sánchez, que todo indica que perderá las elecciones del año que viene, no tendrá posibilidad alguna de gobernar sin volver a recurrir a su actual muleta antiespañola (aunque mi pronóstico es que Feijóo le ganará bien y se quedará sin opción alguna). El precio para hacer posible un hipotético Frankenstein 2 sería buscar una fórmula para meter con calzador en nuestro ordenamiento consultas seudoindependentistas. Pero para un apaño así requiere un Tribunal Constitucional con muchísimas tragaderas y un alma nacionalista. Y en eso es en lo que se afana ya Sánchez, que espera controlar pronto el TC con un apabullante 7-4 a favor de los autodenominados «progresistas».
Un TC de semejante pelaje visaría sin pestañear un nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, escrito al dictado de los separatistas. Ya no habría un cepillado constitucional del texto, como ocurrió en 2010. El flamante Estatut establecería que la instancia judicial máxima a todos los efectos radicaría en Cataluña, una especie de Tribunal Supremo Catalán. Se acabaría para siempre con la «justicia represiva de Madrit», que no tendría jurisdicción ante supuestos delitos catalanes. El Supremo Catalán, al servicio de los separatistas y mangoneado por ellos, por supuesto no condenaría a nadie por organizar «consultas democráticas». Y el nuevo TC, amigo del nacionalismo, no pondría pegas a todo este delirio, que Sánchez nos quiere colar por la puerta trasera en medio del debate sobre la renovación del Poder Judicial.
El plan va cumpliéndose por el libro. El primer paso que anunció este periódico, la renuncia de Lesmes, ya ha sido planteado por él mismo a sus compañeros del Supremo. En cuanto a los próximos pasos, Aragonès enseñó este martes la patita anunciando en el Parlamento catalán que demandará al Gobierno de España una consulta al estilo canadiense (que un futuro TC pronacionalista acabaría tolerando). Por supuesto poco tardaría el PNV en demandar lo propio para el País Vasco. España correría así el riesgo de ver fragmentada su unidad, aunque se guardarían las formas con alguna nomenclatura eufemística, que hablase de «la relación Cataluña-España», o paparruchas similares, que sirvan para enmascarar que en realidad la región pasaría a operar a todos los efectos prácticos como un nuevo Estado.
Es decir, si a Sánchez le sale bien lo que trama, España quedaría hecha un cromo. Pero de manera lacerante, este asunto, que nuestros lectores conocen ya en todos sus detalles, no suscita mayor denuncia o comentario entre los grandes comunicadores españoles constitucionalistas, ni entre nuestros intelectuales (de mucho salón, mucho canapé, mucho congresito, mucho tuit... y mucho miedo). Por su parte, el PP ya solo habla de economía; lo cual está bien, pero no basta. En cuanto a Vox, estos días está perdiendo tiempo y foco con el espectáculo de una señora que ha aparcado un poquillo su equilibrio emocional. Por último, el pueblo español bastante tiene con llegar a fin de mes y no es consciente de que en esta hora le pueden estar birlando su país.
El problema es que si todo el mundo sigue sesteando podríamos despertarnos en una España deshilachada, cuya última esperanza de unión sería ya solo la Corona (a la que por eso no tragan).
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