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29 de mayo de 2024

Pecados capitalesMayte Alcaraz

Feminista de día, diputero de noche

El silencio de Irene Montero es atronador, como el de Pedro Sánchez, pero nadie como él para entender que una cosa es predicar y otra dar trigo, que la verdad está sobrevalorada

Actualizada 01:30

Al infalible José Bono, procaz por su capacidad para sumar escándalos y sospechosos ceros a su fortuna y que no haya sido investigado, se le ocurrió un día decirle a Esperanza Aguirre que era «de las que besan a mediodía y muerden de noche». Entonces, todavía no había llegado Pedro Sánchez y sus ministras a darnos constantes lecciones de feminismo, pero era evidente que la frasecita no casaba con la ideología que predicaba el PSOE. Por eso, recibió todo tipo de críticas por parte de la derecha, pero muy pocas del lado del feminismo clásico, hoy muy enojado con el pensamiento impuesto por Irene Montero y las chicas de la tarta, entonces callado porque la víctima no era una de las suyas.
Lo que intentaba denunciar el exministro de Defensa era en teoría la doble moral de Esperanza Aguirre porque no tragaba con la Operación Campamento que había diseñado el Gobierno socialista, aunque el insulto a quien de verdad le encajaba como un guante era al propio Bono, un maestro en el arte del trapicheo político, y a su partido, hoy involucionado al sanchismo. Solo amamantado por esa nodriza política que gobierna España podría desarrollarse un tito Berni como el que nos dibuja el sumario de la operación Mediador. Ese cruce entre Luis Roldán y un ugetista de Andalucía solo podría engendrarlo la actual izquierda: prostitutas, dinero público, cocaína, fiestas sucias y atracones de grasa y caspa.
Esas locas noches de Juan Bernardo Fuentes Curbelo, diputado canario hasta el 14 de febrero, las disfrutaron también otros miembros solidarios del grupo socialista, un colectivo de 120 diputados con nóminas de entre 55.800 y 230.930 euros, que están callados como meretrices, quizá por su cercanía a ese gremio. Ni a Sánchez le consta ni a su más directo jefe en el Congreso, Patxi López, que las bacanales fueran disfrutadas por más cargos públicos, pero eso no es una novedad. En los ERE andaluces, los que robaban dinero para asar una vaca y se ponían de marisco y coca hasta las trancas tampoco dejaban cartas reconociendo sus fechorías, pero la justicia dijo que Griñán y Chaves lo sabían y miraron para otro lado. Marca de la casa del malentendido rezo socialista. ¿O es que vamos a creernos que los fiestorros corrían de boca en boca sin que los gerifaltes socialistas se enteraran? Patxi, que no pasa por ser un faro intelectual de Occidente, está preguntando uno por uno a los parlamentarios si disfrutaron de las noches diputeras y si además trincaron de la pasta gansa robada. ¿Has sido bueno o no?, pregunta López, que lidera una investigación que no hubieran mejorado Mortadelo y Filemón.
Hubo al menos dos cenas con empresarios, prostitutas y políticos, en la que participaron 15 socialistas según el sumario, donde a buen seguro no se trataron asuntos de interés general. En el Parlamento europeo ya pasó algo parecido y tirando del hilo de los socialistas de Bruselas, se llegó a una trama de corrupción que tiene en la cárcel a una exvicepresidenta de la Eurocámara. Aunque el caso siga abierto y todavía sea pronto para especular, el panorama es altamente vergonzoso y radiactivo para Ferraz. Señores que por el día votaban leyes presuntamente feministas y por la noche pagaban (o pagábamos) servicios sexuales. El silencio de Irene Montero es atronador, como el de Pedro Sánchez, pero nadie como él para entender que una cosa es predicar y otra dar trigo, que la verdad está sobrevalorada y que decir y hacer son cosas diferentes, disociación en la que el sanchismo tiene doctorado cum laude.
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