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21 de febrero de 2024

Pecados capitalesMayte Alcaraz

Wyoming, sálvame

Después de Más de uno, El intermedio, Lo de Évole y El hormiguero, Sánchez Castejón seguirá ahí. Desnudo

Actualizada 01:30

Leí a Tomás Borrás: ¿basta un retrato para duplicar a un hombre? Pedro Sánchez cree que sí y trata de fotografiarse en todas las cadenas. Sabe que necesita mucho plasma para sobrevivir al batacazo. Desposeído de corbata y de humildad se presentó en Más de uno a lucir palmito y vender la burra. Alsina le recibió a puerta gayola: «¿Cuando usted se mira en el espejo se ve como una persona fiable?» No contestó porque cree en lo que escribió Borges: «En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias», y eso le suliveya. Y le asusta.
Rectificar es de sabios, y cambiar de ideas, criterios y hasta de principios es de algunos políticos. El presidente, que sí es político, ha decidido pasar, no solamente de no dar entrevistas, sino de tan siquiera contestar en las ruedas de prensa, a visitar ahora algunos medios de comunicación que no pisaba antes no fueran a preguntarle por cosas que por tan sabidas él prefiere callar. Después de Onda Cero, hoy llega a El intermedio, donde se sentará con El Gran Wyoming, imagino que a pasarse ocurrencias de uno a otro testero. Dos bueyes labrando el mismo surco. Ya sabemos que Don Piso no es un ejemplo de ecuanimidad, más bien al contrario. Solo asperja chistecillos como aguijones contra Feijóo, la Iglesia o Don Juan Carlos; después de haberse graduado en juego sucio contra Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre. Es de esos humoristas que hace gracias para que se rían los de su cuerda, que destila la doble moral de la izquierda caviar: mucha política social para los pobres mientras yo atesoro la portada de El Idealista para mí.
Sánchez acude hoy a Wyoming para aflojar su tensión maxilofacial, sabedor de que no tendrá enfrente a un avezado comunicador para ponerle en aprietos. Los mercachifles de Moncloa le han aconsejado –como hizo la telegenia con los presentadores de los telediarios a comienzos de siglo– que se baje del traje, vista desenfadadamente, derroche simpatía y llame de tú al respetable. Lo segundo es metafísicamente imposible para él. Por eso, en su gira mediática, Sánchez necesita a un pseudocómico que le pegue pellizcos de monja sin que sufra, para que el presidente libere la mandíbula y demuestre que él también tiene sentido del humor y sabe reírse de la Iglesia, de los hombres del puro, de Vox y de la Monarquía y reverenciar a Bildu y ERC, como el chico de El Intermedio. No siempre el presidente socialista va a vivir aterrorizado por la llegada de la «ultraderecha» a poner en riesgo los chiringuitos progres.
Pasen y vean al inquilino de Moncloa con el nuevo traje de emperador con el que le visten su ego y sus acólitos: Alsina recordándole no sus mentiras, sino que él es una mentira en sí mismo, mientras Sánchez pone ojitos de cordero degollado, voz meliflua y escurre el bulto como puede; respondiendo a Wyoming con esa sonrisa que no se le recuerda desde que preguntó a Íñigo Alfonso, de RNE, aquello de «¿de quién depende la fiscalía, eh, de quién? Pues eso»; seguirá con Évole, el gran follonero que será un tierno corderito para Su Sanchidad; y, quizá, terminemos de admirar este jardín de las delicias en El hormiguero, dirigido por un machista, según dicen en Ferraz y pablemos, como Pablo Motos, pero al que hay que visitar por si algún socialista descarriado que no traga con sus francachelas con Otegi y Junqueras reconsiderara quedarse en la tumbona el 23 de julio al verle torear a las hormigas fachas. Y qué pena que no siga Sálvame, porque ahí, gracias a su amigo Jorgeja, se sentiría como pez en el agua.
Eso sí, después de Más de uno, El intermedio, Lo de Évole y El hormiguero, Sánchez Castejón seguirá ahí. Desnudo.
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