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20 de abril de 2024

LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Me pregunto, me pregunto

Cuando Ábalos era ministro y le llamaban «jefe», ¿quién podía ser el «superjefe»?

Actualizada 01:30

¿Qué servidor del Estado filtró la existencia de una investigación secretísima a Koldo y sus cuates, dándoles tiempo a eliminar pruebas? ¿Cómo puede un fiscal no entender, ante la naturaleza de lo investigado y los fondos en paraísos fiscales de los procesados, que se da el riesgo de (acaso más) destrucción de pruebas además del riesgo de fuga? ¿Cuántas probabilidades hay de que, dos días antes de la detención de Koldo et altri, el maromo de Armengol decida cesar como administrador de la Sociedad del Gran Palo (dos millones y medio el mismo año que su cari alcanzó la presidencia balear, luego sin actividad, nada)? Y hablando de sa nova nina, ¿de dónde saca el temple para seguir siendo tercera autoridad (es un decir) del Estado sin haber dado ni una sola explicación de su lamentable actuación en la compraventa de seudomascarillas cuando murieron ciento veinte mil españoles? Las compró defectuosas a Soluciones de Gestión y Tal, pero se apresuró a pagarlas antes de una semana, cuando el resto de proveedores, mandando material de verdad, cobró a más de cuarenta días. ¿Por qué no denunció la pirula en tres años? ¿Por qué la denunció el día después de dejar de ser presidenta de Baleares? ¿Nos toma a todos por gilipollas la presidenta de las Cortes? Solo esta última pregunta tiene una respuesta clara e indiscutible: sí, nos toma a todos por gilipollas del siete.
Cuando Ábalos era ministro y le llamaban «jefe», ¿quién podía ser el «superjefe»? Venga, para Lastra: ¿a quién tiene un ministro por encima? Piensa, piensa. ¿Por qué Ábalos ejercía de facto como vicepresidente (no porque presidiera las Comisiones Delegadas del Gobierno, sino porque su ascendiente sobre Sánchez era de sobra conocido y no tenía parangón en el gabinete)? ¿Por qué lo echó Sánchez sorpresivamente?¿Por qué la boñigosfera da muestras de desesperación, como si el régimen por el que han apostado se fuera a caer de un momento a otro? ¿Por qué equiparan lo de Ábalos, uña y carne con Koldo, a que alguien te cite de pasada en una conversación (caso de Tellado)? Si yo llamo a un amigo con el teléfono intervenido y le hablo de una reunión con Oughourlian, ¿estaría yo mintiendo? ¿Tendría algo de malo? ¿Estaría yo mintiendo, Indro (de Indra, no de Montanelli)? Otrosí digo, sacado de contexto este hecho, ¿cómo sonaría? Pues ahora imagínate, Priso, que encima fuera mentira, como lo que agita el, digamos, periodismo del régimen.
¿Por qué una señora con improbables estudios de Marketing dirigió una cátedra en la Complutense sin ser licenciada? No sé, ¿quién es esa persona? ¿Para que funciones y con qué fines la contrató el Instituto de Empresa? ¿Qué libros ha escrito sobre África? ¿Por qué los Hidalgo están callados? ¿Por qué un hombre lo bastante valiente para enfrentarse a ETA, como lo fue Marlaska, se convierte en un cobardón cuyo Ministerio no se atreve a negarse a una recomendación de compra, como hizo Page? ¡Cuántas preguntas se les vienen!
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