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Análisis económicoJosé Ramón Riera

España es el paraíso de los impuestos y de las subvenciones absurdas

Mientras las grandes economías europeas moderan su presión fiscal para no estrangular a sus empresas y ciudadanos, nuestro país va en dirección contraria

España se ha convertido en el auténtico paraíso… pero solo para los impuestos. Mientras las grandes economías europeas moderan su presión fiscal para no estrangular a sus empresas y ciudadanos, nuestro país va en dirección contraria: subimos impuestos más que Alemania, Francia, Suecia o Dinamarca, países históricamente mucho más intervencionistas que nosotros.

España exprime a sus contribuyentes sin ofrecer nada a cambio más que deuda, burocracia y despilfarro.

La situación es un auténtico tiro en el pie, menos incentivos para invertir, más presión sobre las empresas y, como ya reflejan los datos de la Agencia Tributaria, menos empresas operando y márgenes empresariales en retroceso. Es un círculo vicioso que nos está llevando a la asfixia económica.

Mientras nuestros vecinos se preparan para tratar de sobrevivir y competir en un mundo cada vez más global, España se dedica a estrangular a quien crea riqueza. Un auténtico suicidio fiscal. Una autentica dictadura fiscal.

Se gasta en subvenciones inútiles, la mayoría de las veces, como los 100.000 euros dados a la Asociación Folclórica los campesinos de Arrecife, que es un indicador de los 4.952 millones gastados en cosas de este estilo

El dinero no va para construir viviendas, el problema número uno de nuestro país, pero tampoco se usa para obra pública en infraestructuras, que cada día da más problemas a los usuarios. Tenemos cada día una mayor inseguridad y los policías y los guardias civiles, sin material actualizado y, cuando los trasladan, pagando de sus bolsillos comidas y cenas.

Hasta ahora tampoco el dinero no ha ido a para invertir en el rearme que nos exige la OTAN y la Unión Europea.

Todo en este país es un despropósito. Se gasta en subvenciones inútiles, la mayoría de las veces, como los 100.000 euros dados a la Asociación Folclórica Los Campesinos de Arrecife, que es un indicador de los 4.952 millones gastados en cosas de este estilo. O los 100.000 euros para el Gobierno Autónomo Municipal de Potosí, que a nosotros que se nos ha perdido allí, o los 115.000 euros dados a la Fundación Kemb’alil de Guatemala.

En total, en 2024, hemos soltado, según la IGAE, más de 28.000 millones en subvenciones a empresas (9.261 millones), a asociaciones (4.952 millones), a organismos públicos (13.125 millones), a comunidades de propietarios y a asociaciones de la sociedad civil (536 millones), a extranjeros (456 millones) y a otros (318 millones).

Pero pagar este despilfarro nos han tenido que vaciar el bolsillo a los españoles en 28.000 millones en impuestos.

Lo que es más llamativo todavía, que nos fríen, nos asan, nos acosan y nos exprimen, más que Alemania a los alemanes, que los Países Bajos a los holandeses, Suecia a los suecos, Francia a los franceses y Dinamarca a los daneses.

Eurostat publica los datos que mandan los países y se los creen, así que como estos datos los ha mandado el Ministerio de Hacienda, nos los vamos a creer y con los datos publicados recientemente quedamos así:

Sánchez podrá decir que está en mitad de tabla, pero la realidad es la siguiente: en la Eurozona se ha recaudado un 5,1 % más que en el primer trimestre de 2024, España ha recaudado un 7,0 %. Casi 2 punto porcentuales más.

Nos ganan 11 países, pero si lo miramos con detalle, salvo Polonia, son todos minúsculos o pequeños comparados con España, como Letonia, Malta, Estonia, Croacia, Bulgaria, Lituania, Eslovaquia y la misma Portugal.

En cambio, los grandes, que eran famosos por recaudar mucho más que España, están en una fase de relativa de contención, con Alemania que crece el 6,7 % o Países Bajos que lo hace un 5,3 %.

Pero hay un grupo que ha decidido entrar en un modelo de contención clara como Suecia, que sólo ha crecido un 2,7 %, o la misma Francia, que ha crecido también un 2,7 %, o el último reducto de la socialdemocracia europea como Dinamarca, que sólo crece un 1,9 %.

Hemos cruzado una frontera difícil de superar, el despilfarro por el despilfarro. Sánchez se cree que con dinero se compra todo y es posible que así sea, pero lo está haciendo a base de hundir a las familias que no llegan fin de mes y cerrando pequeñas empresas. Estamos en la fase de mayor número de concurso de acreedores presentados, 15.384 en el primer trimestre, un 80 % más que el año pasado.

El resultado Bruto de Explotación del tejido empresarial, según el Observatorio de Márgenes Empresariales, ha caído un 2,2 % sobre el año pasado y lo dice la Agencia Tributaria.

Estamos a punto de que nos vuelvan a decir que vamos como un cohete, como casi seguro intentará el INE en los próximos días, a pesar de que todos los indicadores dicen que estamos en una fase total de desaceleración y uno de los grandes motivos es el exceso de tributación.

Hace unos años éramos un paraíso a donde venir a disfrutar de sol, playa y buena comida, ahora nos hemos convertido en el «paraíso» de los impuestos.

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