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14 de julio de 2024

Cosas que pasanAlfonso Ussía

De aspectos y parecidos

Lo lamentable del ministro de Averías Ferroviarias, Óscar Puente, no es su parecido con los primates, sino su comportamiento. Ha completado su homonización pero no su humanización

Actualizada 01:30

Nada tiene de insultante ni despreciativo establecer comparaciones físicas entre los hombres y los animales. Javier Barcáiztegui, «Barca», el gran dibujante, compañero de pupitre de quien firma, descubrió en mi perfil un acentuado parecido con las ovejas. Y he mantenido una cierta dignidad ante su acertada percepción. Hay hombres y mujeres con aspecto de pájaros y peces. Y muchos propietarios de perros terminan pareciéndose a sus cánidos. Mi amigo José Ignacio Benjumea, tímido y despistado, cuenta su experiencia en una montería: «Hace muchos años me invitó Tomás Osborne a una cacería de perdices en 'El Marquesado', una preciosa finca entre Jerez y Puerto Real. Entre los invitados había uno acompañado de su perro, al que no conocía. Tenían un parecido tan extraordinario que, cuando Tomás me lo presentó, confundido, le di la mano ¡al perro!». Cuando soltaba una carcajada, el formidable Charlton Heston demostraba que también los caballos saben reír, y el inmortal Winston Churchill que los porcinos disfrutan fumándose un puro.

Lo lamentable del ministro de Averías Ferroviarias, Óscar Puente, no es su parecido con los primates, sino su comportamiento. Ha completado su homonización pero no su humanización. La homonización se refiere a lo somático, y la humanización a lo psicológico y cultural. La antropogénesis no es otra cosa que el estudio y evolución del hombre, el antropo. Y es perfectamente compatible evolucionar, más o menos, en el aspecto físico y no hacerlo en el cultural y psicológico. Formar parte de un gobierno y dirigirse públicamente, a través de las redes sociales, a un ciudadano como «un saco de mierda», demuestra claramente una involución en su antropogénesis. Socialmente, este individuo está descalificado para ejercer un cargo de responsabilidad pública. Más aún, cuando la noticia publicada por el «saco de mierda», el periodista Vito Quiles, se aproxima mucho más a la verdad que a la mentira, a la veracidad que a la fabulación.

No es la primera vez que Puente hace gala de su involución. El próximo paso será caminar en cuadrupedia. El gorila y el chimpancé se sirven de las cuatro extremidades para desplazarse. Con una diferencia con otros grandes simios. Lo hacen apoyándose en los nudillos de sus manos, en tanto que el orangután se apoya en la parte externa de sus palmas. No he tenido el placer cívico-científico de coincidir con el señor ministro incompetente, y por ello ignoro la estética de sus andares. Pero sí he conocido muchas de sus actuaciones pre-ministeriales y ministeriales, y debo insistir en denunciar su falta de idoneidad para desempeñar su alto cargo. Este individuo involucionado debe, aunque no lo sienta, el máximo respeto a los ciudadanos. La humanización, la evolución cultural, sentimental y psíquica del hombre, no admite entre sus logros la grosería y la falta de educación, y menos aún, desde el poder casi omnímodo de un alto cargo mal ofrecido y peor desempeñado. Al ministro Puente le urge lo que no ha tenido en su casa ni en sus colegios. Una buena educación, un saber estar y decir, y sobre todo, una estabilidad emocional que no conoce ni por el forro. Se deja llevar por la ira desde la atalaya del poder. Yo mando, tú obedeces, y si no lo haces, eres un saco de mierda. Sería interesante que algún científico naturalista se ocupara de este sujeto con el fin de acertar en su descripción.

Y lo escribo sin ánimo de irritar sus reacciones. Los seres humanos, iluminados por Dios, venimos del mono. Y alguno se ha quedado rezagado.

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