El mamón de Sierra
La sierra es un paraíso por su soledad. Pero esa soledad tiene su precio. En el caso del mamón de sierra, quinientas pesetas
José María Íñigo, el gran comunicador bilbaíno y presentador de programas de TVE siempre originales, llevó a su programa a uno de los últimos mamones de sierra de España. En concreto, de la sierra de Córdoba. La sierra es un mundo aparte, donde las costumbres y pasiones no morían. Por desgracia, ya no existen mamones ni en Sierra Morena, ni en los altos cordobeses ni en la sierra de Sevilla.
La sierra es un paraíso por su soledad. Pero esa soledad tiene su precio. En el caso del mamón de sierra, quinientas pesetas. Cuando una serrana paría y no le subía a los pechos la leche, el marido acudía en mula o caballo hasta la casa del mamón. Éste le acompañaba y procuraba abrir los conductos lácteos de la mujer. El que llevó Íñigo a TVE tenía una boca con unos labios extraordinariamente desarrollados. Y eran respetuosos y educados. Le preguntó José María por la reacción del marido, que siempre permanecía presente en la operación. Y el mamón respondió: «Ningún problema. El marido ya sabía a lo que se enfrentaba. Yo, antes del primer chupeteo miraba al amante esposo, y después de decirle 'con su permiso', iniciaba la tarea. A casi todas, en menos de una hora le subía la leche como un chorro subterráneo, pero llegué a invertir tres horas en aliviar a una chiquilla que cada vez que le rozaba con mis labios gritaba. Gritaba mucho, y creo que de gustirrinín, y el joven marido comenzó a impacientarse con mi profesionalidad. A las tres horas brotó el calostro, y ella sustituyó mis labios por los de bebé, y se quedó en la gloria. Ahora, en toda la sierra de Córdoba quedamos sólo dos mamones, yo y el 'Sifones', y mucho me temo que no vamos a tener sucesores».
—¿En alguna ocasión ha sido advertido, amenazado o golpeado por el marido?— «En mi caso, no. Pero el 'Sifones' no solicitaba el permiso del hombre, y en alguna ocasión se llevó una colleja. Éramos dos pero utilizábamos trucos y estilos muy diferentes en el acto de succionar los pezones. Mi estilo era mucho más suave que el de 'Sifones', que se ponía muy nervioso de impaciencia cuando la leche de la mujer no subía. Lo mío era suavidad, paciencia, relajación y todo ello, muy profesional. En la sierra es complicado encontrarse con gente, pero yo, al paso de alguna casa de guardas, he visto a decenas de niños que se alimentaron de su madre gracias a mis esfuerzos. Y da mucha satisfacción».
Iñigo no sabía cómo controlar la risa, y el público del plató ovacionó a nuestro último mamón de sierra como se aplaudían en el Bernabéu los goles de Pirri. Pero hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, y los accesos por sendas y carriles a los puntos más solitarios de las sierras han terminado con tan benefactora e indispensable profesión.
Los venados, los cochinos, los gamos y los lobos –que ya están de vuelta– pueden dar fe de la existencia de estos seres admirables.
Los mamones de sierra se han extinguido.