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Cosas que pasanAlfonso Ussía

Pómulos

Una nación como España, que fue de las más ricas del mundo hasta que llegaron los traidores y los ladrones, no puede presentar a un presidente del Gobierno tan pachucho

Al fin sabemos el mal facial que afecta a la belleza de Sánchez. Ha perdido masa en los pómulos y de ahí su aspecto de chuchurrío. Si no me equivoco se conoce como lipodistrofia, o atrofia hemifacial progresiva. Esta eventualidad negativa y penosa, que no celebro, es el motivo del veraneo en la Mareta. La Mareta ocupa un tramo de la costa de Lanzarote con una salinidad que recomiendan todos los médicos. El agua de la piscina es salada, y actúa contra la lipodistrofia en cualquiera de sus versiones. Eso sí, necesita un trampolín a más altura, porque el golpe del salto del ángel contra el agua contribuye a las hinchazones pomulares. Diez saltos diarios desde el trampolín, y en pocas semanas, se adquiere un pronunciamiento pomular que conlleva la pérdida de encanto en la seducción, y le aleja de los pómulos de Marujita Díaz –sin tenerlos como los de Marujita Díaz, que en paz descanse–. Ese relajamiento en las carantoñas el único riesgo que tiene es que, en algunos casos concretos, el aumento del tamaño facial de Perico le puede afectar a Úrsula Von –¿o Van?– der Leyden, incansable coqueta. En la Venganza de Don Mendo, doña Ramírez la dueña de Magdalena lo exclama con escándalo: «La infeliz es más coqueta / que las clásicas gallinas». Y es probable que también experimente esa pena el expresidente Biden, que aún no ha olvidado la seductora persecución de Sánchez por los pasillos de la OTAN.

De cualquier manera hay que tomar cartas en el asunto. Y al grano, sin complejos. Una nación como España, que fue de las más ricas del mundo hasta que llegaron los traidores y los ladrones, no puede presentar a un presidente del Gobierno tan pachucho. La ventaja es que no puede presentarse porque no le invitan a las reuniones de jefes de Estado y primeros ministros. No por maldad, sino por olvido.

Mi prima Gloria, hija natural de mi querida y añorada tía Vicenta, se colaba en las bodas. Y cuando los novios cortaban la terrible tarta de bodas, mi prima gritaba «Viva los Novios». Fue expulsada de 132 bodas, y era fea como un pulpo, pero tenía unos pómulos perfectos. No esperen otras cualidades. Pómulos y sólo pómulos, y el sacerdote que ofició su entierro, tan impresionado estaba de los pómulos de Glorita, que en lugar de orar con el «dominus vobiscum» lo hizo con un «pomulus vobiscum» que causó estremecimiento entre los deudos, muy pocos, y los curiosos, mucho más numerosos.

Ignoro lo que cuesta un trampolín de tres metros de altura. Pero será como el chocolate del loro comparando su precio con la millonada que nos está gastando este verano. Apruebo el trampolín. Perico. Con esa expresión de cartón-pena, despomulizado, no puede viajar por el mundo representado la nueva España comunista. Y me atrevo a recomendar el mejor lugar de la piscina para ubicar el trampolín.

En la zona de niños, la de menos fondo.

Y que sea lo que Dios quiera.

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