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TribunaAlberto Gatón Lasheras

Con los médicos

Los médicos españoles reivindican la óptima gestión y eficacia de los recursos sanitarios, estimular la vocación médica de los mejores estudiantes, potenciar la calidad científica y asistencial hospitalaria, que los médicos se autorregulen en un estatuto marco específico de su actividad y responsabilidad

España asiste a una nueva huelga de sus médicos, en una sociedad envejecida que, con la pirámide demográfica invertida, los necesita más que nunca. Médicos comprometidos con la curación de sus pacientes, en un hipocrático desafío de la muerte en defensa de la vida, porque ser médico no es sólo una profesión sino una vocación. Y nuestra sociedad tiene de los mejores médicos del mundo, que funden la cualificación académica con la moderna preparación científica para el cuidado del más débil: el paciente.

Carrera de Medicina en España con una nota de corte que sólo los mejores alumnos superan. Después, seis años académicos de complejas asignaturas teóricas y prácticas para, al acabar, tener que superar el MIR, complicado test científico para que los licenciados en medicina y cirugía obtengan plaza de residencia en un sanatorio de la red pública. Sigue a continuación la lotería de elegir especialidad y puesto hospitalario durante otros cuatro o cinco años, con sueldos poco retribuidos respecto al compromiso existencial de cada paciente. A lo que se añade la incertidumbre sobre el destino profesional cuando finalizan la especialidad, padeciendo durante años la inestabilidad de no consolidar su plaza, y con ella sus vidas, labor y familias.

Los políticos en España, a derecha e izquierda, centrales o autonómicos, suprimieron las oposiciones de director médico de hospital, y determinaron en la mayoría de las autonomías incompatibilidades en su ejercicio de la sanidad privada para, al inicio eliminando a los directores hospitalarios, después a las distintas jefaturas y puestos claves, colocar militantes y simpatizantes para adquirir su control político, administrativo y financiero, hasta colonizar con personal político toda la alta dirección de la red hospitalaria central y autonómica de España.

Ahora, en una sociedad tan polarizada en la que muchos ciudadanos prefieren quedarse tuertos con tal de dejar ciegos a los adversarios políticos, los sucesivos gobiernos de izquierdas y de derechas, autonómicos y centrales, buscan forzar a los médicos a trabajar en la sanidad privada o en la pública. Mientras nuestra Constitución en su artículo 43 afirma que «se reconoce el derecho a la protección de la salud. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto», la organización y protección de los derechos y deberes de la salud de los españoles se ha metamorfoseado en un estatus sociopolítico empecinado en atacar y despreciar las reivindicaciones de los médicos. Lo que implica el peligro de tornar a injustos tiempos pasados en los que los ricos disfrutaban mejor sanidad que los pobres, y la asistencia pública era preterida respecto a la privada. Y donde, como siempre, los más perjudicados eran los enfermos con menos recursos económicos.

El nuevo estatuto marco del personal estatutario de los servicios de salud contra el que se manifiestan los médicos españoles pretende unificar en una norma común a todo el personal sanitario, lo que dañará la eficacia hospitalaria y menoscabará la calidad científica, técnica y operativa que reciben enfermos y heridos. La exclusividad laboral de este estatuto marco también ataca la libertad profesional de los médicos, endurece la duración de sus jornadas sin valorar el desgaste profesional y emocional por asumir decisiones esenciales sobre la supervivencia y bienestar de cada paciente o accidentado, a lo que se añaden recortes económicos no sólo al pago de los médicos sino también a los recursos de investigación científica necesarios para el progreso del sistema de salud pública.

Con esta huelga los médicos reclaman un estatuto propio adaptado a su formación y responsabilidades en la escala de grados profesionales y administrativos hospitalarios, evitar el hiato entre sanidad pública y privada, el reconocimiento de las guardias a efectos de cotización, más médicos para atenuar las esperas, remediar la falta de medios y tiempo en las citas del paciente, favorecer la investigación y tener la obligada conciliación familiar.

En suma, los médicos españoles reivindican la óptima gestión y eficacia de los recursos sanitarios, estimular la vocación médica de los mejores estudiantes, potenciar la calidad científica y asistencial hospitalaria, que los médicos se autorregulen en un estatuto marco específico de su actividad y responsabilidad, y el aumento de las plantillas de asistencia primaria y especializada de accidentados y enfermos. Y, a su vez, que se solucione la sobrecarga de las listas de espera, fruto de tantos años de gobiernos, insisto, de derechas y de izquierdas, autonómicos y centrales, que no sólo no han promocionado la cualificación y número de médicos, hospitales, investigación y estructuras sino que han intentado estigmatizar como casta de privilegiados a los médicos, cuando –los médicos, no los políticos– son los servidores del bien más preciado del ser humano: la salud. Entre políticos y médicos: ¡siempre con los médicos!

Alberto Gatón Lasheras es doctor en Derecho, doctor en Derecho Canónico

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