Fundado en 1910
Cosas que pasanAlfonso Ussía

Los piesecitos indiscretos

Un Nobel de Literatura, Académico de la RAE y la Academia francesa, con una bibliografía apasionante, no puede pasar a la posteridad después de escribir que desea decirle cosas «bellísimas mientras hacen el amor y mientras besa sus piesecitos»

Act. 24 oct. 2025 - 01:30

En esto del amor, los hombres dicen más tonterías y cursilerías que las mujeres. Y en algunas ocasiones, lo que escriben los hombres a sus enamoradas podría ser objeto de su inclusión en el Código Penal. No obstante, y reconociendo que las cartas intimísimas de Mario Vargas Llosa son propiedad de Isabel Preysler por ser su receptora, no me ha gustado su publicación. Un Nobel de Literatura, Académico de la RAE y la Academia francesa, con una bibliografía apasionante, no puede pasar a la posteridad después de escribir que desea decirle cosas «bellísimas mientras hacen el amor y mientras besa sus piesecitos». Mantuve una broma con Isabel Preysler que separó nuestras vidas. Cuando declaró que en su nueva casa de Puerta de Hierro había dieciséis cuartos de baño, bauticé la casa como «Villa Meona». Un acierto involuntario que aún hoy pervive. Pero claro que la conozco. Mi suegro trabajaba como ingeniero del ICAI en las empresas del filipino César Zulueta, que fue el que trajo a Isabel a España, y en la casa de los Hornedo-Muguiro se celebró la petición de mano del cantante y la China, que así le decíamos por Madrid, cuando España estaba tan tranquila que una bobada como la mía hizo tanta gracia.

Isabel Preysler es muy inteligente, y eso lo decía Mingote, que para mí es el jefe de la guardia de Dios. Por su condición de militar y su talento bondadoso insuperable. Se casó con Julio Iglesias, cuando no llevaba gafas de sol, posteriormente lo hizo con Carlos Falcó, marqués de Griñón, arrebatado de la vida por el Covid. Pero su gran amor, y lo reconoce ella, fue Miguel Boyer, que provocó uno de los momentos más ingeniosos del Congreso de los Diputados siendo ministro de Economía y Hacienda. Era público y notorio que ya andaba el ministro con Isabel Preysler, y en una intervención desde los escaños del Gobierno, tuvo que sacudir sin éxito el micrófono para que funcionara. Peces Barba, que era el presidente del Congreso habló: «Parece ser que al señor ministro no le funciona el aparato»; Y entre carcajadas, un diputado andaluz aprovechó un silencio para decir. «Pues a nosotros nos han dicho que le funciona estupendamente».

Y finalmente, perdió la cabeza por ella uno de los grandes de la Literatura, que tenía más conchas que un galápago. Con un bagaje literario a sus espaldas muy superior al de su rival y antiguo amigo García Márquez, de quien Antonio Gala opinó que los «Cien Años de Soledad» habrían quedado mejor quedándose en veinticinco.

Cuando Vargas Llosa se instaló en «Villa Meona» terminaba de escribir una de sus novelas más trabajadas y atractivas, «La Fiesta del Chivo», y yo tuve el honor al alimón con Juancho Armas Marcelo de adaptar al teatro «Pantaleón y las Visitadoras», llenar un escenario de una divertida historia de la selva amazónica. No puedo considerar que fue un gran éxito, pero estuvo más de un año en cartel.

Pero el amor por las mujeres le llevó precipicios inesperados. Y claro, eso de los piesecitos lo escribo yo y pasa desapercibido. Pero me pone enfermo que un genio literario caiga en esa ridícula expresión. Y me parece muy mal que se hayan publicado esas cartas sin dejar optar a Vargas a defenderse. Lo de los piesecitos es demoledor.

comentarios

Más de Alfonso Ussía

  • Pepe Rodríguez

  • Cuatro Caminos

  • ¡Vamos, vamos, vamos!

  • El jurado viudo

  • aussia
  • Pereza lotera

  • tracking

    Compartir

    Herramientas