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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Cloaqueros

La intolerable cloaca de Sánchez es política, mediática e institucional y hace de él más un capo que un presidente

Cuando parecía que la abyección, la indecencia, el impudor y la caradura de Sánchez y su banda eran ya insuperables, la vida ofrece una prueba de lo contrario: cada bochorno conocido hoy mejora el de ayer, pero queda pequeño con el de mañana, en un bucle eterno al que no se le adivinan límites.

Ya nada sorprendería. Ni una foto de Sánchez de fiesta con Ábalos, ni una cuenta de Begoña en el extranjero, ni un audio de alguno de ellos comentando con Otegi cómo cargarse al Rey, por fabular con tres ejemplos apócrifos, sorprenderían en exceso.

Ahora tenemos unos cuantos detalles de que a la sentina política, consistente en comprarse una investidura inmerecida traficando con delincuentes con los intereses de España, se le añade una cloaca, aunque resulte delirante su personaje más delirante: la tal Leire Díez, que parece ella misma imitando a Carlos Latre cuando la imita a ella, con dos copas de más.

La susodicha, que se pasea por los platós presentándose como periodista de investigación sin que casi nadie la ponga en su sitio, aparece grabada intentando montar una vendetta contra la UCO para que dejen en paz a Pedro Sánchez. Y hay suficientes pruebas de que ella y su clan tramó cosas parecidas para salvar a Begoña Gómez y a David Sánchez, llevándose por delante a jueces, fiscales, periodistas y lo que hiciera falta.

Y tampoco hay duda de que no era una simple mamarracha ejerciendo de lobo solitario, imbuida de un espíritu libre de adhesión al Régimen que le llevó a iniciar cruzadas sin encargo alguno: mientras ejercía de mafiosa, el PSOE la recibía en Ferraz y la colocaba a dedo en dos empleos muy bien remunerados, en Correos sin saber pegar un sello y en lo del uranio pensando que era un planeta cercano a Saturno.

Por si hay dudas de la conexión entre La Moncloa y esta Nefertiti de polígono ahí está el caso del Fiscal General del Estado, cabecilla de otra vergüenza predemocrática consistente en urdir una operación para exterminar a Ayuso aprovechando los problemas personales de su novio.

Toda una autoridad del Estado filtrando información privada, en sintonía con La Moncloa, para acabar por lo siciliano con lo que no puedes vencer en las urnas, con un epígrafe final definitorio de la catadura de toda esta chusma: cuando la Guardia Civil llamó a su puerta, eliminó los mensajes de su móvil, como un vulgar camello tirando las papelinas por el váter al sentir cerca a la Polícía.

Depender en lo político de un golpista, un prófugo y un etarra y en lo judicial de una delegación chusca de la Cosa Nostra retrata a Sánchez, más capo que presidente, más proclive al negocio que al acuerdo, rodeado en círculos concéntricos de cloacas encargadas de distintas misiones para defender la continuidad de sus prósperos apaños: la mediática, por cierto, merece capítulo aparte. Es la que firmó aquel manifiesto contra el «golpismo» de jueces y periodistas, besándole de rodillas el anillo, en una habitación oscura, a este padrino de saldo.

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