Fundado en 1910
Vidas ejemplaresLuis Ventoso

El día que echen a Intxaurrondo, Ruiz, Miró, Cintora…

No lo duden, asistiremos a todo tipo de protestas de periodistas e «intelectuales» indignados, que reclamarán neutralidad en la televisión pública

Act. 10 nov. 2025 - 10:00

Todavía hoy, veinte años después, se pronuncia el nombre de Alfredo Urdaci y sigue siendo sinónimo de manipulación informativa, tal es la fuerza del rodillo de la izquierda sobre la opinión pública.

El pamplonés Urdaci, de 65 años, era un hombre de la casa de TVE. Tras ejercer como corresponsal en Roma acabó como jefe de informativos, cargo que ocupó entre 2000 y 2004, en la segunda legislatura de Aznar. Lo acusaban de barrer para el Gobierno del PP de una manera escandalosa. Las protestas de los abajofirmantes eran constantes. Los trabajadores de TVE afines al PSOE organizaban incansables actos de protesta: pancartas, camisetas, manifiestos, denuncias. Las asociaciones y colegios de periodistas, que ahora guardan un oprobioso silencio, impartían enojadas lecciones deontológicas contra las terribles afrentas de Urdaci. Comisiones Obreras presentó incluso una denuncia contra él, acusándolo de manipular la cobertura sobre una huelga general. Ganaron el pleito y el condenado hubo de leer un texto de rectificación en antena.

Era cierto, sí: Urdaci barría para Aznar y alguna vez se le iba la mano. Pero también es verdad que lo suyo era un juego de niños comparado con lo que hoy se practica en TVE, una televisión pública que nos fuerzan a todos a costear con nuestros impuestos, querámoslo o no, por lo que debe guardar por definición una mínima apariencia de neutralidad. Ha tocado fondo de manera escandalosa. Ha degenerado en un mitin goebbeliano de sol a sol, con rótulos sensacionalistas de parte, tertulianos que son apparatchiks del PSOE y manipulaciones de brocha gorda. El afectado Javier Ruiz, que va de superperiodista, acaba de entrevistar a una cocinera de hospital haciéndola pasar por médico para dar cera a la Junta de Andalucía en el caso de los cribados. En una democracia de verdad, cometes una tropelía así en una televisión pública y en unas horas te entregan la carta de despido. Aquí es mucho más fácil que Bolaños le otorgue una medalla al mérito.

Imagino que cuando Feijóo llegue al Gobierno tendrán un dedo de frente y promoverán el relevo inmediato del insufrible coro sanchista que hoy predica en TVE desde que amanece hasta la medianoche: arenga de Intxaurrondo para el desayuno, sensacionalismo Ruiz para el vermú, el Telediario selectivo para atragantarse la comida, el protegido Miró para amargar la siesta y Cintora con sus risitas sectarias para acabar la tarde. Cierra el día Broncano, el bufón que ha colocado Sánchez a dedo y a precio de oro para opacar al peligroso disidente Pablo Motos; y en las profundidades del 24 Horas, el comisario político Fortes.

Cada vez que la izquierda llega al poder hace política de tierra quemada en televisiones, teatros, museos, fundaciones públicas… Corta cabezas a destajo, sin rendimientos y sin pararse un segundo a evaluar los desempeños. Y no se escucha ni una queja, por supuesto. Incluso la derecha, con su inexplicable complejo de inferioridad ante la izquierda, acepta callada esas escabechinas.

Pero ay de aquel que en su día releve a Intxaurrondo, Ruiz, Cintora, Fortes y el cómico sin gracia Broncano. Volverán las jornadas de protesta a TVE. Se pronunciarán muy quejosos los colegios de periodistas, que hoy enmudecen cuando los ministros insultan abiertamente a los informadores críticos. Los intelectuales de la ceja firmarán manifiestos de solidaridad con «los purgados por la ultraderecha», con las inefables rúbricas de Almodóvar, Miguel Ríos, Ana Belén, Pepe Viyuela y Manoliño Rivas. Por supuesto los «represaliados» se presentarían como víctimas de un «fascismo mediático» que está poniendo en cuestión la democracia.

La izquierda domina a la opinión pública de tacón. Cayó Mazón. Cayó en solo una semana la consejera de Sanidad andaluza. Cayó la diputada del PP que infló su currículo académico. Pero en el otro lado de la cancha, Ábalos conserva su escaño, Ortiz viste todavía su toga y el factótum supremo de la corrupción, Sánchez, mantiene su colchón en la Moncloa y explica muy seriecito en una entrevista en el Pravda que gobernar sin el parlamento, sin presupuestos y con tu familia, tu fiscal y los jefes de tu partido en el banquillo es lo más natural del mundo en una democracia.

Las televisiones públicas, también las autonómicas, son corrosivas para la democracia, pues todas barren para el poder de turno. Pero la gamberrada diaria de TVE se ha convertido en el mascarón de proa de la falta de escrúpulos de Sánchez, que como dice mi veterana madre, «es un dictador, lo que pasa es que todavía no puede del todo».

(PD: En la democracia británica acaban de echar a dos directivos de la BBC por manipular un discurso de Trump para desacreditarlo. En la TVE de Ruiz, Fortes e Intxaurrondo no sería ni noticia).

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas