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Aire libreIgnacio Sánchez Cámara

La Transición, entre el olvido, la tergiversación y la traición

Lo terrible es que este proceso de destrucción de la Transición sea emprendido por un Gobierno socialista con la connivencia natural de la extrema izquierda y del separatismo

El espíritu y la obra de la Transición están siendo atacados desde la extrema izquierda y el separatismo. Esto es, en buena medida, natural. Lo anómalo y grave es que el PSOE participe con entusiasmo en este proceso hasta el punto de dirigirlo. Y todo ello, entre el olvido, la tergiversación y la traición de muchos.

Sería interesante conocer cuál es la proporción de estudiantes universitarios que saben qué fue la Transición, en qué consistió, cuál su valor o significación en la reciente historia española o, por ejemplo, quién fue Torcuato Fernández-Miranda. También sería muy interesante saber cuántos han oído hablar de Miguel Ángel Blanco y la forma en la que murió. El problema no es, ya que ignoremos la Monarquía visigótica, sino incluso lo que sucedió anteayer o incluso lo que verdaderamente sucede hoy. Lo primero que debemos hacer es desvanecer su olvido y darla a conocer.

Pero dar a conocer lo que realmente fue y no la tergiversación que sus enemigos hacen de ella. Sus enemigos naturales son la extrema izquierda y el separatismo. La primera odia la concordia; el segundo a España. Y la Transición fue la obra de la concordia española. Un breve recordatorio, que no sería necesario ni pertinente si la situación actual no lo exigiera. La Transición fue el proceso que condujo de un régimen autoritario a otro democrático. Comenzó al día siguiente de la muerte de Franco. El patrocinador fue el Rey Juan Carlos, quien gracias a esto jamás podrá ser excluido de la historia y merece el máximo respeto político. El cerebro de la operación fue Torcuato Fernández-Miranda. El actor principal, Adolfo Suárez. Pero nada hubiera sido posible sin la acción de los jóvenes demócrata cristianos del grupo Tácito, los procedentes de la Falange reformista («azules»), el apoyo de las potencias democráticas occidentales, el Partido Comunista, el más importante, si no el único, de la oposición activa al franquismo y, más relevante de los que muchos piensan, de la Iglesia española con el cardenal Tarancón al frente. Luego, el PSOE logró hacerse con la hegemonía de la izquierda. Un símbolo de ella puede ser el encuentro entre Fraga y Carrillo en el Club Siglo XXI.

La pieza maestra fue la Ley para la Reforma política, que fue aprobada como una ley fundamental más, pero que incluía la celebración de unas elecciones generales democráticas que abrían el camino a la democracia y a la Constitución de 1978. Este camino tuvo momentos difíciles y errores grandes que aún padecemos, pero fue casi un milagro. Lo decisivo fue la reconciliación entre las «dos Españas» (había una tercera) y la recuperación de la concordia y la libertad política. Los últimos años del franquismo prepararon el camino, sobre todo gracias a la prosperidad económica. Probablemente, Franco preveía una salida semejante para su régimen. De hecho, dijo, al parecer, al Príncipe que no podría gobernar como lo había hecho él. Entonces se habló mucho de consenso. Mejor sería hablar de concordia. Y la concordia no es lo mismo que el acuerdo. Julián Marías habló de una «concordia sin acuerdo». Eso es muy probablemente la democracia: concordia y libertad con desacuerdo.

Y la tergiversación. No se habría tratado de llegar a la democracia sino de un maquillaje oportunista del franquismo. Si no se estuviera abriendo paso, este disparate no merecería ni una alusión. Supongo que los socialistas y comunistas de entonces tienen algo que decir, y de hecho lo están diciendo. Lo terrible es que este proceso de destrucción de la Transición sea emprendido por un Gobierno socialista con la connivencia natural de la extrema izquierda y del separatismo. Ahora quieren que recorramos el camino inverso: de la democracia al autoritarismo, y de la concordia al odio y a la exclusión de la derecha de la vida pública. Vivimos una traición a la Transición y, por lo tanto, a la concordia, la democracia y la libertad.

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