Y ahora nuestra izquierda es ¡pro burka!
La decisión de PP y Vox de prohibir el velo integral en espacios públicos de Baleares ha delatado, una vez más, la hipocresía del supuesto feminismo
En septiembre de 1996, los talibanes, con apoyo militar paquistaní –y antes estadounidense– y financiación saudí, tomaron Kabul y fundaron lo que llamaron el Emirato Islámico de Afganistán, donde regiría la sharía, el código legal más rigorista del mahometismo. Entre sus primeras medidas, prohibieron a las mujeres estudiar, trabajar fuera de casa e incluso pisar la calle si no las acompañaba un varón.
Aquella intransigencia medieval escandalizó a occidente. Era denunciada con fuerza por nuestros medios y políticos, que esgrimían una imagen como epítome de tan exótico abuso machista: el burka, la prenda que enterraba a las mujeres en un saco de tela. ¡Quién nos iba a decir entonces –ay– que acabaría llegando a nuestras calles europeas!
¿Han compartido alguna vez una actividad con una mujer parapetada tras un nicab, ese velo negro que solo deja ver sus ojos, enlutada de arriba abajo y con las manos cubiertas con guantes? Yo sí. Estudiando inglés en el extranjero me tocó alguna compañera de clase de esa guisa y resultaba instintivamente molesto, antinatural, denigrante para la interfecta –y no me vale la coartada de «es su cultura»– y totalmente fuera de lugar en nuestras sociedades.
Andar embutida en un burka por las calles de Europa supone levantar un muro respecto a nuestra civilización, y también un insulto a las europeas, pues el corolario del mensaje que nos trasmiten esas musulmanas es que las mujeres de aquí son impuras, o cuando menos impías, toda vez que tienen a bien andar con cara, brazos y piernas al aire (a veces incluso hasta muestran sus libérrimos ombligos). Resulta muy complicado integrarte en una sociedad a la que has emigrado por voluntad propia si de entrada marcas una diferencia con un velo.
¿Utilizan el burka y se tocan con el velo los varones musulmanes? Por ahora no he visto a ninguno ataviado así. Lo que sí veo en nuestras calles, y cada vez con más frecuencia, es lo que ya observaba en el Londonistan inglés hace más de una década: un tipo maqueado en plan chuliboy, con gorra de béisbol, chupa moderna, camiseta y deportivas llamativas, y dos pasos por detrás, su esposa, marcada por el estigma del velo, que evidentemente supone una forma de discriminación de la mujer. Y no es la única en las comunidades musulmanas. En privado, a veces conservan aquí, en la mismísima Europa, sus leyes y su justicia islámica. Incluida en los casos más extremos la sharía, que las relega a ciudadanas de segunda.
Por todo lo anterior me parece estupendo que PP y Vox se hayan puesto de acuerdo en Baleares para prohibir el burka y el velo integral en los espacios públicos. La medida sirve además para delatar, una vez más, la hipocresía del feminismo de quita y pon de la izquierda y el nacionalismo. El PSOE local y los catalanistas ha rechazado iracundos la iniciativa. La tachan de «islamófoba» y acusan a los dos partidos promotores de «competir por ver quién es más facha y más cutre».
Ahí las tienen: las feministas del PSOE son ahora… ¡pro burka! Del mismo modo que el charismo de guardia jamás se queja de los abusos de Hamás contra las mujeres, o sobre el trato brutal que les prodiga la teocracia iraní (esa que financiaba las aventuras televisivas del también muy feminista Iglesias Turrión, experto en la promoción digital machista de su mujer). Las mismas feministas que no han tenido mayor comentario ante los festivales putañeros del PSOE, o que han callado enseguida ante los casos de abusos sexuales en el partido, porque primero es la causa sanchista y luego, los derechos de las mujeres.
(PD: La televisión más hooligan del sanchismo, TVE, que ha logrado el hito de superar a La Sexta, tiene estos días una enviada especial en Irán. La reportera española va en todo momento tocada con el velo islámico, mientras entrevista a mujeres iraníes que llevan el pelo al descubierto. Se llama hacer el ridículo).