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TribunaJosé F. Martín Cinto

La gran esperanza

No puedo ocultar la tristeza infinita que tengo, viendo que siendo España un país católico, no haya habido la más mínima referencia, ni por parte del gobierno ni de los medios de comunicación afines, a valorar la tragedia desde el punto de vista trascendental y ni siquiera han intentado que se pueda ofrecer un funeral religioso

Empiezo a escribir este artículo apenas unos días después del brutal accidente de trenes habido en Adamuz, provincia de Córdoba, entre un tren de alta velocidad, Iryo, y un tren Alvia de Renfe, con el resultado hasta el momento de 45 muertos y 37 heridos, de los cuales, 6 están en la UCI.

Es terrible constatar que forma este gobierno gente incapaz, arribista y con aspiraciones de poder a cualquier precio, están gestionando las causas del accidente, única y simplemente para que nunca se sepa de verdad, cuál fue la causa real de esta escalofriante desgracia; todo se queda en incongruentes comentarios que les hagan salir otra vez de rositas, como ya ocurrió con las desgraciadas inundaciones de Valencia, por causa natural en su inicio y que costó la vida a más de 200 personas y como también ocurrió con el apagón del 28 de Abril de 2.025 y que a día de hoy, no se sabe a ciencia cierta que es lo que pasó pero sí que el gobierno supo desligar la responsabilidad de Red Eléctrica Española, a las empresas eléctricas privadas y menos mal que en este caso no ha habido que lamentar víctimas, por lo menos oficialmente.

Se ha asentado en el gobierno la peor calaña de gente, perteneciente a partidos irrelevantes frente a los 49,5 millones de españoles, pero que por el azar del destino y la Ley D'Hondt son los que dictan al esperpento de presidente que tenemos y lo que tiene que hacer para mantenerse en el poder; todos estos pequeños partidos son separatistas, independentistas, terroristas y comunistas principalmente, es decir, lo mejor de cada casa.

No puedo ocultar la tristeza infinita que tengo, viendo que siendo España un país católico, no haya habido la más mínima referencia, ni por parte del gobierno ni de los medios de comunicación afines, a valorar la tragedia desde el punto de vista trascendental y ni siquiera han intentado que se pueda ofrecer un funeral religioso, pidiendo a Dios por las víctimas del atentado y no lo que han propuesto al más puro estilo masónico: un funeral de Estado totalmente laico, que es lo único que vamos a tener por parte de las autoridades civiles, para honrar a las víctimas de la tragedia. La realidad es que nadie sabe cuando le llega la hora final de su existencia en la Tierra y por mucho que los grandes magnates y dueños del dinero estén invirtiendo miles de millones de dólares, en experimentos varios, para prolongar indefinidamente la vida de sus afines en la Tierra, saben en su interior, que pese a su orgullo desmedido de poder total sobre la vida, a ellos también les llegará de manera inexorable, el momento final. Todas esas personas imbuidas de su poder y de su ateísmo recalcitrante, ¿piensan de verdad que cuando les llegue la hora final, pasarán a ser un poco de polvo que se pierde para siempre, que su recuerdo como mucho, será una estatua, que también desaparecerá al poco tiempo, sin dejar el más mínimo rastro que merezca la pena, de su paso por la Tierra?

Para los católicos, tenemos claro que la vida es trascendental, que Dios, a quien nadie conoce, se reveló al hombre en Jesucristo, Hijo de Dios y verdadero Dios y verdadero hombre y que todos tenemos la esperanza cristiana, que no es otra, que seguir a Jesucristo, a través de su palabra y de asumir los Evangelios, para poder llegar finalmente a la salvación y estar en la inmensidad del Amor de Dios para siempre. Es la fe, recibida como don en el bautismo, por el Espíritu Santo, haciéndonos hijos de Dios, lo que nos empuja todos los días, a tener esa esperanza nueva, que es Jesús nuestro Señor. Con el fin de que resulte un poco más comprensible, dejo a continuación como se define la fe: «El fundamento de lo que se cree y la garantía de lo que no se ve».

Ahora, quiero dedicar esta última parte, a lo que está a punto de suceder en El Valle De Los Caídos y que representará la destrucción parcial de una parte esencial de este sitio, que alberga una maravillosa basílica y que todo el valle está dominado por una Gran Cruz, símbolo de que España es cristiana y que llama a todos los españoles a la reconciliación. Puedo asegurar sin lugar a dudas, que se trata de uno de los monumentos cristianos más importantes del Siglo XX, tanto desde el punto de la espiritualidad que se respira desde que llegas, como por su inmenso valor artístico sin discusión.

Desde estas modestas líneas, llamo a todos los españoles de buena voluntad y con una cierta sensibilidad, sea por religiosidad o por valoración de una obra tan maravillosa de arte cristiano, que no dejemos de ninguna manera se llegue a producir este desastre, volviendo otra vez a exigir a nuestras autoridades eclesiásticas, que además de miles de testimonios y de posibilidades legales acordes con el Derecho civil, tenemos también una gran fuerza con el Derecho canónico, para que no se vayan a poner finalmente un poco de lado. Considero tan grave la situación, que aprovechando la confirmación del viaje a España de nuestro Papa León XIV, no podemos dejar de intentar y conseguir que el Santo Padre reciba a quien se considere más idóneo para poder explicar de tú a tú, esta gravísima situación.

Quiero manifestar mi profundo dolor por todas las víctimas del accidente de los trenes en Adamuz, que han alcanzado ya la cifra de 46 muertes absurdas, que han destrozado muchas familias de bien y que la causa principal es una vez más la total incompetencia de esta banda de indocumentados, que además muestran una vez más ser de la peor calaña, al no querer ver oficialmente su total responsabilidad con los hechos, que se volverán a repetir, si no se consigue echarlos a patadas del gobierno. Ningún español de bien, sea de la tendencia que quiera políticamente, puede permitir ni un día más, el tener que estar sometidos con estas personas malas de verdad.

Creo que con un poco de suerte y el esfuerzo de toda la sociedad civil, ante una situación límite como la que estamos viviendo, impensable hasta que de la mano del señor Zapatero se pusieron de manifiesto las primeras alarmas, que han desembocado en la trágica situación que vive nuestra patria, podremos revertir esta pesadilla que nos atormenta a todos los españoles de bien, en el más corto espacio de tiempo; por las trazas, si se empuja de verdad y sin ningún tipo de concesiones al respecto, caerá este gobierno por sí mismo y de manera estrepitosa.

  • José Fernando Martín Cinto es licenciado en Ciencias Físicas
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