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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Que Sánchez hable menos de los menores en TikTok y más de los de las saunas de su familia

Ya está bien de que un señor que ha vivido del comercio sexual de su suegro imparta lecciones de nada

El texto indica que Pedro Sánchez quiere evitar la pornografía infantil en las redes sociales, un propósito loable para el que el consenso es absoluto. Pero hay un subtexto, ya conocido: se trata de utilizar una noble causa, como siempre, para alcanzar un objetivo distinto, que en este caso es señalar todo aquello que no controla y le perjudica.

Nunca se trata de proteger a la mujer, al inmigrante, a la Justicia o a la verdad, sino de llamar machista, xenófobo, conspirador o mentiroso a alguien, con seguridad a aquel que le puede ganar o quitar la careta y exhibir al triste Tartufo que se cobija bajo el disfraz de presidente.

Pero en ese caso hay algo más, amén de un insuperable cinismo, porque la nueva cruzada de Sánchez para proteger a los menores convive con el silencio de Sánchez al respecto de la explotación sexual de menores en los prostíbulos de su suegro, tal y como han denunciado trabajadores y policías sin que conste desmentido de Begoña Gómez y de su familia.

Puede alegarse que el actual presidente no sabía nada de los negocios sexuales de su suegro en general y en particular los centrados en jovencitos, pero además de ser dudoso es irrelevante: algún comentario le merecerá descubrir de qué vivía su esposa, y alguna explicación tendrá que dar para intentar que comprendan por qué aceptó vivir y veranear durante tantos años en viviendas compradas con dinero ganado con la explotación sexual de seres humanos.

¿No se preguntó Sánchez nunca de dónde venía la pasta que le permitía a él, sin oficio ni beneficio, vivir en uno de los municipios con mayor renta de España y vacacionar en la privilegiada costa de Almería? ¿Lo sabía y no le importó? ¿No era consciente de las actividades de su suegro o lo era y se aprovechó? ¿Sigue la pareja presidencial obteniendo rendimientos de un patrimonio acumulado gracias al comercio de cuerpos de todos los colores, géneros y edades?

Son preguntas desabridas, pero oportunas en quien, con ese pasado, ejerce un cargo público, puede seguir lucrándose de los dividendos de aquel negocio, presume encima de abolicionista y defensor del menor y ni siquiera es capaz de aclarar si, con el mismo dinero sucio y tal vez negro, se pagó una parte de su carrera política: en el Senado se dedicó a balbucear cuando le preguntaron si Sabiniano Gómez contribuyó a su campaña en las Primarias, que ahora están bajo sospecha de apaño por los mensajes intervenidos a Koldo García donde se habla abiertamente de colar votos falsos, alterar censos y manipular actas en favor de un candidato que tuvo muchos menos avales que Susana Díaz en 2017 pero, milagrosamente, venció en las urnas socialistas con diez puntos de ventaja.

Todo en Sánchez, en fin, es sórdido y de aroma delincuencial, desde su confort personal hasta su prosperidad política, sustentada en trampas para conquistar el PSOE y atracos para alcanzar y conservar una Presidencia intervenida por una coalición de traidores, populistas y condenados que solo le mantienen ahí para utilizarle en sus perversos objetivos.

Pero en ese bodegón oscuro podemos pararnos en alguno de sus rincones y hoy toca el de los menores, para hacerse la pregunta oportuna, por muy brusca que suene: señor Sánchez, ¿puede explicarnos de una santa vez, si puede, cómo cree usted que es compatible haber vivido de los bares de lucecitas e ir ahora de campeón de la lucha para acabar con ellos y proteger a sus «empleados»? El mal virtual estará en TikTok, pero el real estaba en la sauna de turno, instalada en un inmueble público, donde se mercadeaba con carne humana para ganar millonadas y poder comprarse un pisazo en Pozuelo. Ese donde nuestros Kennedy de Hacendado vivían felices, en concreto.

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