El fin de los tabernarios
No está bien desear el sufrimiento y la muerte a tantos madrileños y vecinos de Madrid por no haber coincidido sus votos con el de la eximia sexóloga. Al final de su mensaje, lamenta no ser bruja para llevar a cabo con éxito rotundo su deseo
No tengo los datos concretos, y me aburre mucho la exactitud. Pero está claro que, entre los votantes de Isabel Ayuso y los de Vox, viven en Madrid y su provincia más de tres millones y medio de tabernarios, según Tezanos, o de acuerdo con Carmen Calvo, tres millones y medio de consumidores de berberechos.
Y hablando de berberechos, la periodista y sexóloga de TVE y El País, Celia Blanco, ha deseado públicamente y con extremada cortesía democrática a esos tres millones y medio de votantes «una buena enfermedad con diagnóstico tardío». Deduzco que ha querido escribir «una grave enfermedad con diagnóstico tardío», pero no ha conseguido distinguir, a pesar de su dominio del léxico, la bondad de la gravedad. Lo contrario que el gran poeta satírico, don Manuel del Palacio, que poetizó el llamado mal de orina de un enfermo angustiado, concediendo a su enfermedad el adjetivo preciso. «Sin estudiar Medicina,/ se sabe con evidencia/ que la retención de orina/ es una fuerte dolencia./ Era uno que se quejaba/ de esta grave enfermedad,/ y su mujer le exhortaba/ a tener conformidad./ »¡ Acuérdate –le decía–,/ lo que el Santo Job pasaba,/ y cuánto el pobre sufría!«/ Y el marido respondía: / »De acuerdo…¡pero meaba!».
No está bien desear el sufrimiento y la muerte a tantos madrileños y vecinos de Madrid por no haber coincidido sus votos con el de la eximia sexóloga. Al final de su mensaje, lamenta no ser bruja para llevar a cabo con éxito rotundo su deseo. Creo que lo deseado por la señora o señorita Blanco es más fuerte y más grave –aquí sí se abrazan los adjetivos–, que la chorrada de la señora o señorita Calvo con los berberechos. En el segundo de los casos, por imposibilidad natural.
Cuando se conversa entre cañas y berberechos, cada votante de derechas consume, al menos, seis berberechos, ora rocíados con limón, ora rocíados con vinagre. Ello obliga a las tabernas de Madrid y provincia a disponer cada día, a ojo de buen cubero, de veinte millones de berberechos bivalvos, sin contar con los berberechos metafóricos de las sexólogas. Multiplíquense los berberechos consumidos por los tabernarios por 365, correspondientes a los días que el año tiene, y el resultado resulta estremecedor.
No hay berberechos en el mundo para satisfacer a tantos votantes constitucionalistas. No obstante, se abre la posibilidad de ayudar a cumplir el sueño de la periodista y sexóloga de TVE y El País. El molusco bivalvo, ya sea berberecho, almeja, coquina, chirla, ostra o navaja, hay que consumirlo fresco y en óptimas condiciones de conservación. Ingeridos en mal estado, la intoxicación es desenlace seguro, y en algunos centenares de miles de tabernarios partidarios de no ser gobernados por la ETA y los separatistas catalanes, pueden darse patologías con diagnóstico tardío con resultado de muerte por gastroenteritis, colitis, diarreas o colerillas.
Y claro, mi sospecha se acentúa. Si la una habla de los berberechos y la otra desea la tardanza en el diagnóstico de una grave –no fuerte–, enfermedad, nos hallamos ante un obvio proyecto de exterminación del enemigo. Tezanos aportó la idea de la taberna, Calvo la de consumir berberechos y Celia Blanco la de retrasar el diagnóstico y hospitalización de los intoxicados. Mengele era un párvulo comparado con tan magistrales estrategas. El puzle encaja a la perfección con sus tres piezas ensambladas.
No obstante, hay que reconocer las enormes dificultades para que suene la flauta, que es dicho popular y no incitación propia de la sexología. No es sencillo envenenar a tantos enemigos del comunismo. Más aún, cuando se ha sabido que el 70% de los jóvenes de Madrid, más resistentes que los maduros y ancianos, han votado a Ayuso y a Vox. Ese dato quizá les preocupa a los perdedores en las elecciones, que ya están a la greña, como era de esperar. No obstante, y hasta que se calmen los rotundamente derrotados, seamos cuidadosos en el consumo de berberechos para no caer enfermos como nos desea la amable colaboradora de TVE y El País.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 8 de mayo de 2021