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Perro come perroAntonio R. Naranjo

El bulo de la economía española

Sánchez habla como Robin Hood, pero es el sheriff de Nottingham

El Gobierno recaudó 325.000 millones de euros el año pasado, lo que en un país sano significaría una gran prosperidad social: en pureza, si se bate el récord histórico de Hacienda, debe ser porque hay más contribuyentes que nunca y disponen de una renta y un poder adquisitivo que les permite, sin perder bienestar, aportar más que nunca al erario.

No es el caso. Las andanzas confiscatorias de Sánchez y de Montero coinciden con los mayores riesgos de pobreza en España, con la pérdida de poder adquisitivo real, con la multiplicación y manipulación de las cifras de empleo para simular un avance inexistente, con el crecimiento de la deuda pública, el estancamiento del PIB per cápita y el encarecimiento brutal de todo.

Cuando un Gobierno tiene más dinero que nunca y la sociedad a la que se debe menos, algo grave y peligroso ocurre: hablan como Robin Hood, con palabros y eslóganes para memos como el «escudo social» o la «salida justa a la crisis», pero se comportan como el sheriff de Nottingham, con una voracidad confiscatoria que recae básicamente sobre las familias, los trabajadores y las pequeñas empresas y autónomos.

Y que les sirve para aplicar una agenda perversa: instaurar un régimen clientelar que fabrica vulnerables para mantenerlos a cambio de su lealtad electoral, dotarse de un aparato de propaganda con asesores y medios públicos con el que machacar su relato falso de bonanza, ocupar hasta el último rincón del Estado con adeptos situados en los destinos clave y asfixiar hasta la extenuación a su potencial disidencia, esos españoles acostumbrados a mandar en su hambre, a currar de sol a sol y a no dejarse llevar por consignas baratas de mediocres con galones.

Aunque el panorama es trágico, con una economía cada vez más intervenida y funcionarizada, un mercado laboral con inspiración normativa comunista, un Gobierno dispuesto a ejercer de gran empresario público y una presión fiscal incompatible con la prosperidad; el mantra se repite: España crece como nadie, pero lo «macro» no se nota en lo «micro».

De todos los bulos sanchistas, este es tal vez el más molesto: la realidad es que lo «micro» no avanza porque lo «macro» no funciona, aunque se maquilla para esconder el fracaso sistémico. España solo crece más en apariencia, porque había perdido como nadie, crece en población y derrocha gasto público como nunca, pero es un crecimiento artificial que no se traslada a la riqueza ni a la renta individual de los españoles, eleva la deuda a pagar por ciudadano, quiebra la Seguridad Social y proyecta un país segundón, sin industria ni tecnología, con amplias capas de empleados públicos, de subsidiados, de moribundas microempresas y de parados, en contraste con un sector político cada vez más parecido al Saturno de Goya, devorando a sus hijos.

Sorprende que la economía no sea, junto a la corrupción y la subasta nacional que Sánchez acepta para comprarse el apoyo del separatismo, el primer asunto de confrontación con este Gobierno presidido por un indocumentado cada vez más antisistema, acompañado por melancólicos de los planes quinquenales y los campos de trabajo, que no han pegado palo al agua en su vida ni pagado una nómina pero se creen capaces de imponer por decreto la felicidad y la riqueza, como vulgares secundarios de un libro de Orwell.

En este campo, como en ninguno, se echa en falta más contundencia de la oposición, de los empresarios y de los propios currantes: a todos les están estafando unos tipos que, además, pretenden que les des las gracias por haber encarecido la vida un 41 %, los alimentos un 24 %, la vivienda otro 15 % y, a cambio, te den los peores servicios en década y el mayor veneno sectario de la democracia. A ver si espabilan, si eso a la vuelta de esas vacaciones que media España no tendrá para seguir trabajando y pagárselas a la otra media.

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