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DivisaderoAntonio Pérez Henares

La reata de la corrupción y el arriero mayor

Hoy la palabra decencia en su boca ofende y abrasa. No hay indecencia mayor que la que esa inmensa parva donde tantos han tillado. Empezando por Ábalos y Cerdán, con el «machaca» de ambos, Koldo, fichado en la portería de un puticlub

La larguísima recua de la corrupción sanchista ha comenzado a desfilar. Todos irán pasando, «enreatados» a la misma cuerda, ante los tribunales y los ojos de las gentes. Y todos veremos, excepto los ciegos voluntarios que se tapan los ojos para no ver, quién es el arriero mayor, el que, aunque ahora intente desaparecer, siempre estuvo y está al frente de la tropa, abriendo camino y dando las voces de mando, ¡arre o so!, y cuyas manos sujetaron y sujetan los cabos de un mismo ramal: Pedro Sánchez.

Él es recuero mayor, el que pone y de quien penden todos los ramales y sin el que ninguno habría cargado la saca y goloseado la sal. Él fue quien les puso la albarda y les dio el serón para hacer acopio. Sin él no hubiera existido la mostrenca cofradía que debiera llenar de vergüenza a todos quienes aún conserven alguna. Sin él no se hubiera formado, pasado, pastado, engordado y celebrado con gran alarde y jolgorio sin pagar peaje alguno, sino cobrándonoslo a todos los demás, por donde les daba su real gana, sabiéndose cobijados y creyéndose del todo impunes tras el escudo del caudillo de la Moncloa y el pendón del PSOE.

Quien ahora abre la procesión no podía ser otro que Jose Luis Abalos, su primer escudero y sostén, su valedor y vocero. Tanto que fue su heraldo, quien lo proclamó a él, y por ende a todos quienes con el iban, como paladines de la decencia, como remedio y bálsamo contra la corrupción. Como «Indecente Mayor del Reino» fue señalado por ello Mariano Rajoy y censurado por ello la Santa Compaña alcanzó el poder, siendo no un santo sino varios, el gran muñidor, Santos Cerdán quien incorporo a la «Compaña» a los albaceas de ETA, a los recogedores de nueces del terror y a los secesionistas catalanes autores del golpe separatista y del que ya sabemos que le cuadra más el apellido que el nombre.

Hoy la palabra decencia en su boca ofende y abrasa. No hay indecencia mayor que la que esa inmensa parva donde tantos han tillado. Empezando por Ábalos y Cerdán, con el «machaca» de ambos, Koldo, fichado en la portería de un puticlub. Instalaciones estas que siempre asoman en sus diferentes peripecias vitales, y a la que tampoco es ajeno quien cerraba el cuarteto, pero como el n.º 1, de aquella «Banda del Peugeot» que alcanzó los cielos.

El jefe, claro está, les fue nombrando despues, como no podía ser de otro modo, los cachicanes delegados de su poder tanto en el Gobierno como en el partido, entregándoles ademas las «llaves del calabozo» de Ferraz. Por el calabozo, el de verdad, el de Soto del Real ya han pasado, por cierto tres y dos de ellos siguen durmiendo en él. Todos van del mismo ramal o entrelazados con él. Como lo están también todas las demás cuerdas de procesados que caminan en la procesión como la de la fontanera Leire igualmente atados a él. No hubieran podido existir, no hubieran podido actuar, no hubieran podido hacer nada sino hubiera sido merced a su ser, estar y poder.

Y más aún si cabe, esa dependencia, esa total implicación se pone y se pondrá todavía más de manifiesto, cuando por la «Procesión de la Santa Corrupción» aparezcan el hermano y la mujer del cofrade mayor. Ahí la evidencia es absoluta. Lo que han hecho y por lo que el uno ya está enjuiciado y la otra imputada, jamás lo hubieran podido hacer sino hubieran sido quienes son: el hermano y la esposa del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE. Por ello y nada más que por ello tuvieron acceso alfombrado, hicieron lo que han hecho y están ahora donde están.

Pero, que cosas, él, el Supremo Líder, el que está en el origen y al cabo de todo, el creador de la recua y quien tiene en la mano todos y cada uno de los ramales de la reata, ¡no sabía nada! Todo le es ajeno, nada le salpica ni le roza, él está impoluto, él vive en su avatar y en tic-tok.

Pero no. Todo aquel que simplemente tenga ojos y quiera ver, verá a Sanchez en todos y cada uno de los juicios que ahora acaban de comenzar. Él es el elefante en las sala del Tribunal Supremo, de la Audiencia Nacional o de las Provinciales que van a juzgar la corrupción del Gobierno y del partido, del sanchismo. Su propia y personal corrupción. Aunque él no se siente en el banquillo de los acusados y por allí solo desfile «su» gran y alargada reata, a quien también se juzga y se seguirá juzgando caso tras caso es a «Su Sanchidad»

Y una muy nutrida mayoría de españoles, abducidos por la sigla y sectarismo aparte , así lo ve. Y así lo juzgarán ellos también donde lo pueden y deben hacer. En las urnas y con su voto. Dentro de poco en Andalucía, que está al caer.

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