¡Viva la Guardia Civil!
Hay una corriente de degradación del Estado, pero todavía hoy miles de funcionarios resisten como muro de contención, gracias a los cimientos de honorabilidad y compromiso
Se suele decir que el sistema es bueno y las personas que habitan en él son malas. En ocasiones se aprovechan de las fisuras del propio sistema. Por tanto, en España podemos estar tranquilos, a pesar de la demoledora y desmoralizante catarata de noticias sobre la corrupción socialista, las instituciones funcionan. Lo están haciendo los jueces, lo intentan algunos fiscales y, sobre todo, la Guardia Civil, que, una vez más, está siendo, con su heroico trabajo, quien más ayuda a cohesionar España y a defender la democracia.
Siempre admiré, supongo que como la mayoría de los españoles, a la Guardia Civil. Cuando era niño acostumbraba a jugar con el hijo del comandante del cuartelillo de mi pueblo. Solíamos ver en la tele de su casa, en el propio cuartel, Viaje al fondo submarino. Recuerdo que su padre se lamentaba entonces, en los últimos sesenta, de los pocos medios que poseían para combatir la delincuencia. Reiteraba con frecuencia que, si los ladrones disfrutaban de un Renault 4L, más conocido como «un cuatro latas», ellos tan sólo contaban con una bicicleta BH. Eran otros tiempos. Hoy, sin embargo, transcurrido ya casi medio siglo, los guardias civiles siguen estando insuficientemente dotados de material para combatir el delito. Sin ir más lejos, en el sur de España, donde el narcotráfico campa a su gusto y donde los guardias civiles, con salarios paupérrimos, se juegan la vida para defendernos al conjunto de la ciudadanía. Incluso algunos llegan a morir. Sigue la bicicleta BH contra el R4.
La delincuencia adopta muchos rostros. No son solo los narcotraficantes los que nos restan la tranquilidad, también existen personajes de presunta honorabilidad que, en realidad, son presuntos delincuentes. Todo lo que la UCO, dirigida por el juez Pedraz, está contando de las cloacas del PSOE, da ciertamente miedo. ¿Hasta dónde estaban dispuestos a llegar?
Una vez más, la Guardia Civil ha jugado un papel determinante y providencial. No es cuestión de dar nombres propios de esos profesionales del orden, algunos de ellos estaban en la diana de los cloaqueros. Todos son héroes, la mayoría anónimos. Continúan dedicando su vida al honor, que como el Duque de Ahumada dejó escrito, es su divisa. Podemos, todavía, dormir tranquilos. Hay una corriente de degradación del Estado, pero todavía hoy miles de funcionarios resisten como muro de contención, gracias a los cimientos de honorabilidad y compromiso.
Tal vez haya que recordar a muchos de ellos el artículo 408 del Código Penal: «La autoridad o funcionario que, faltando a la obligación de su cargo, dejare intencionadamente de promover la persecución de los delitos de que tenga noticia o de sus responsables, incurrirá en la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis meses a dos años». Ya tenemos un fiscal general condenado, proceso único en la historia.
Caso aparte es la cúpula de la Benemérita institución que aparece citada en el informe de la UCO. El precedente de Roldán es bien distinto a este, pero ni un caso ni otro deben empañar el honor, la admiración y la gratitud que ahora mismo España entera siente por la Guardia Civil.