El primer Sánchez condenado por prevaricador (y continuará...)
Sufrimos al único presidente del mundo que se aferra al cargo tras las condenas por corrupción de su fiscal general, su ministro más poderoso y su hermano
Los periodistas españoles que van de Woodward y Bernstein pretendiendo descubrir un Watergate cada mañana, lo que podríamos denominar como la escuela narcisista del pedrojotismo, constituyen un género que siempre me ha resultado un poco cargante, y más ahora que pululan por las tele-tertulias tantos fantasmas poniéndose medallas de cartón piedra.
Pero si no recordamos que el caso David Sánchez, ahora ya condenado, comenzó en El Debate, nadie lo va a hacer por nosotros. Y menos en una profesión periodística tan cainita como la española. Así que vamos a permitirnos recordarlo:
Hace tres años, el excepcional periodista Alejandro Entrambasaguas propuso hacer un poco de trabajo de campo en Badajoz, porque le habían llegado comentarios de que David Sánchez, el hermano músico del presidente, disfrutaba allí una de suerte de cargo ficticio en la Diputación, gobernada por los socialistas, y que en realidad ni se molestaba en acudir a trabajar.
Gracias a la confianza y el respaldo de su director, Bieito Rubido, y de su editor, Alfonso Bullón de Mendoza, pudo llevar a cabo una dilatada investigación de muchos meses. Se zampó horas y horas de guardia en una cafetería que dominaba la entrada de la Diputación. Descubrió que el hermanísimo no vivía en Portugal, donde tributaba y por lo tanto debería residir, y que su palacete luso estaba en obras y resultaba inhabitable. Descubrió que su despacho de la Diputación estaba siempre vacío y, más tarde, que le habían improvisado uno en un piso para fingir que trabajaba allí.
Descubrió que el Gobierno de su hermano aportó fondos europeos para una ópera friki del maestro David Azagra (un diálogo de perros de la lucha antiterrorista) que vieron cuatro gatos. Descubrió que le pusieron a una especie de secretario para que no se sintiese solo y triste en Badajoz, un hombre que hasta entonces trabajaba como asesor en la Moncloa y al que le inventaron un cargo absurdo en la Diputación (jefe de Sección de Coordinación y Programas de Actividades Transfronterizas), puesto que por supuesto desapareció en cuanto David se fue de la ciudad.
Y finalmente, descubrió que Sánchez lo ocultaba en la Moncloa, donde vive todavía hoy a cargo de nuestros impuestos, tocando el piano mientras mantiene su residencia fiscal en Portugal, sin que Hacienda lo investigue por ser el hermano del presidente.
Algunas veces –pocas– el periodismo de investigación existe y acaba provocando resultados de largo alcance. Este es uno de esos casos. Las investigaciones que publicó El Debate provocaron el juicio contra Sánchez y Gallardo, el presidente de la Diputación, al que Sánchez tuvo el cuajo de presentar como candidato autonómico cuando ya se habían publicado las informaciones de Entrambasaguas. Finalmente ha llegado la sentencia, que ratifica las denuncias del periódico y condena a ambos como prevaricadores por el enchufe del hermano del presidente mediante un puesto inventado a su medida, que ni siquiera se molestó en desempeñar.
La respuesta gubernamental ya está aquí. Los ladridos destemplados de Óscar Puente, los gruñidos básicos de Pachi López, los bufidos enojados y simplones de Óscar López, el ataque a los jueces de la portavoz del Gobierno, servil aduladora del líder supremo: «David Sánchez es inocente», proclamó ayer en la sala de prensa del consejo de ministros tras emitirse la condena que prueba que no lo es. Pero a pesar del ruido y las presiones, la justicia y el periodismo han doblado la mano a un Gobierno que no solo ha dado alas a la corrupción, sino que también ha denigrado y atacado a quienes la denunciaban cumpliendo con su deber.
El Debate y su excelente plantel de periodistas se han visto insultados desde el poder de manera pertinaz, con un presidente que desdeñaba lo que presentaba como los bulos de un digital y que repetía hasta el hartazgo que «mi hermano es inocente». Con unos ministros que desacreditaban el trabajo del periódico. Con unos propagandistas mediáticos del Gobierno, desde TVE a falsos neutrales tipo Mejide, echándose unas risitas despectivas a costa de unas informaciones ciertas, que desvelaban un caso de nepotismo de manual: un músico que no tenía donde caerse muerto tras pasar ocho años en Rusia fue enchufado por el PSOE con un puesto ficticio en una Diputación. ¿Y quién era el agente enchufador? ¿Quién es la única persona que conecta a David con el partido que le hizo el favor? Pues resulta evidente.
Insultan, distraen con forzadísimas cortinas de humo, como la ridícula pataleta con Rajoy, se aferran a la patochada de una siniestra conjura contra «el Gobierno de la coalición progresista». Pero al final la verdad avanza: tenemos al presidente más corrupto en ejercicio de todas las democracias occidentales. Le han condenado a su fiscal general por guerra sucia contra una adversaria política. Le han condenado a su ministro más poderoso y mano derecha por ladrón, para más señas, por robar a costa del material sanitario desde el Gobierno durante una pandemia. Y han condenado a su hermano por prevaricador. Todos esos casos tienen un nexo común y una obvia X suprema: el presidente del Gobierno.
La justicia ya ha condenado al primer Sánchez Pérez-Castejón. Apuesten a que no será el último. Al final, todo acaba saliendo a la luz y la ley todavía existe en España, aunque a su gobierno no le guste.